Qué decir tras el “hasta luego” de la carta de ayer: que gracias por verme, por entender, por estar al otro lado. Una de las cosas que me ha enseñado la madurez (a mí, que soy —como Laura, de esto hablamos hoy— un tipo tirando a solitario) es el valor del encuentro. El encuentro entre dos sensibilidades, dos formas de mirar, de estar, de caminar la vida. Tengo tendencia a sentirme solo. Aquí no me pasa.
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