Voy a decirlo alto y claro: me gustan las personas previsibles. No quiero misterios, no me van los dobles sentidos, no tengo ningunas malditas ganas de adivinar lo que piensas: ¡prefiero que me lo digas! En fin, que vuelve Un ratito en casa con una velada defensa (¿se puede defender? ¿se debe?) de desaparecer sin dar muchas más explicaciones; además del tabú de la altura en las relaciones, novedades en Gente bonita y qué hacer con estas poquitas ganas de volver al ruedo.
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