Un pequeño descanso
Estas cartas nacieron con una premisa: en el folio no se miente. Ha sido (es) la única regla de esta travesía: aquí no se miente. El primer texto se tituló Tengo miedo (y no pasa nada), lo publiqué en TinyLetter (no existía Substack) un sábado de marzo del 2020. Era tan solo una plataforma de emails desnuda, sin comentarios, sin app, sin pretensiones de ser otra cosa. Me gustaba esa intimidad. Recuerdo que aquella mañana estaba en la terraza, la pandemia era un abismo y yo necesitaba escribir. La idea era muy sencilla: enviar a una carta a quien quisiera leerla.
Al proyecto lo llamé Nada importa como homenaje al blog homónimo que lancé en mayo de 2005, han pasado 21 años. A veces me preguntan si no me canso. La respuesta es sencilla: no. Pero a veces necesito una pausa. Esa es la verdadera razón de esta carta, pero también (quizá especialmente) es una petición: voy a pausar los emails de los sábados por la mañana hasta la vuelta del verano. No es la primera vez que os pido un tiempo. Ya lo hice unos meses antes de entregar las galeradas de Buscaba la belleza, recuerdo entonces un comentario de Lorena, todos eran bonitos, sé que tengo mucha suerte: “Estaremos cuando vuelvas y en la travesía. Siempre. Disfruta del viaje”. Y así fue, allí estabais, al final del camino.
La razón es exactamente la misma. Quiero escribir mi segunda novela; comencé ese proyecto editorial con una página en blanco en septiembre del año pasado (y ahí voy, como un jardinero) pero tengo que ser honesto: me es prácticamente imposible compaginarlo con estos textos en los que me vacío. Me dejan KO. Como siempre, elijo ser sincero: me aterra lo que viene, a veces pienso que para qué, me genera (a veces) ansiedad, pero también (a esto llegué ayer mismo) es la senda que me marca la brújula del corazón. A veces siento que he perdido la ilusión (por publicar, la de escribir sigue intacta) y necesito recuperarla. Y quiero hacerlo bien.
Miro hacia atrás: ya son 226 las cartas que os he remitido al alba, siempre os imagino preparando el café, el pelo un poco enmarañado, las sábanas arrugadas, el día por delante. Estoy seguro de que (todavía) nos esperan muchos más sábados de intimidad compartida, pero antes necesito este tiempo. Claves continuará cada domingo, porque el formato es diferente y me permite respirar, puede cohabitar con la inmersión. Como siempre podéis escribirme y como siempre intentaré ayudaros como buenamente pueda. Pero ahora es momento de sembrar.
Nos vemos a la vuelta. Gracias siempre por el cariño. Llega.
Nota a pie de página: En cuanto a esa pequeña comunidad de gente sensible que se ha creado en Claves, seguiré puntual a la cita como un maître suizo, cada domingo por la mañana. Continuarán las Correspondencias, las charlas con Laura en Un ratito en casa y también seguiré contestando vuestras movidas en el Consultorio sin miedo.
Los próximos encuentros físicos serán en Barcelona y Mallorca, en un lugar mágico: el jardín del Museu d’Art Contemporani de Palma.
Gracias, de corazón, por todo.




Aquí estaremos, Jesús. Te entendemos perfectamente. Además, igual que últimamente me gusta más releer libros que ya he leído (porque las novedades no me entusiasman), cada sábado para no perder la costumbre me leeré una de las cartas del pasado.
Qué bien nos sienta, seguir al corazón y parar cuando nos lo pide. Solo necesitamos ser honestos con nosotros mismos. (Lo demás, se ordena solo)
Bajo a preparar mi café.