En Sicilia tienen una tradición bonita. Se llama la Festa dei Morti, sucede exactamente el Día de Difuntos, la noche del uno al dos de noviembre. Esta es la creencia: los muertos de la familia regresan para traer regalos a los más pequeños.
Tus palabras me han traspasado el corazón. Hay textos que uno lee y sigue con su día, y hay otros que se quedan dentro, que encuentran una habitación de la casa que llevabas años sin abrir.
Hace tiempo mi madre me habló del microquimerismo. Recuerdo que me quedé fascinada con la posibilidad de que una madre y un hijo pudieran permanecer unidos incluso mucho después de haberse despedido. Entonces empecé a buscar información. Necesitaba saber si sus células también podían seguir viviendo dentro de mí, si en un embarazo que no llegó a término había habido tiempo suficiente para que mi pequeña se abrazara a mi cuerpo y decidiera quedarse.
Y descubrí que sí. Que, incluso en aquellos primeros días, podía haber comenzado ese intercambio de células. Que quizá mi pequeña seguía conmigo de una manera que la ciencia empezaba a explicar, pero que mi corazón nunca había necesitado demostrar.
Hace años tuve un aborto. Todavía hoy no lo he superado. Pienso en ella cada día. No pude volver a quedarme embarazada y, quizá por eso, hay una parte de mí que sigue viviendo en aquella espera. Ser madre era lo único que tenía claro desde pequeña. Con apenas tres años ya cogía a mi hermana en brazos y, cada vez que nacía un niño en la familia, les pedía a mis padres que fuéramos a visitarlo. Siempre he sentido una debilidad especial por los bebés. Basta con cruzarme con uno para que se me escape una sonrisa. Mi marido dice que no puedo evitarlo: si veo uno por la calle o en el supermercado, tengo que decirle algo, hacerle una carantoña o dedicarle algún piropo. Y lo más curioso es que siempre me devuelven la sonrisa. Se quedan mirándome, como si entre ellos y yo existiera un idioma que no necesita palabras.
Mi marido, que me conoce bien, suele decirme: «Qué gran madre se ha perdido el mundo».
Y yo sonrío. Aunque hay días en los que esa frase también me acaricia una herida.
Cuando leí sobre el microquimerismo sentí que encontraba una respuesta a una pregunta que llevaba mucho tiempo haciéndome. Quise pensar que mi pequeña seguía cogida a mí, que había encontrado la manera de quedarse, que no todo se había marchado aquella mañana. Que hay abrazos que no necesitan brazos y presencias que no necesitan ocupar un lugar en el mundo para ser eternas.
La amo sin haber visto jamás su carita. No sé a quién se habría parecido, cómo habría sido su risa o qué habría heredado de nosotros. Pero la conozco de esa manera misteriosa en la que se conoce lo que se lleva dentro. Está en mi memoria, en mi corazón y en ese pequeño rincón de mi vida donde el tiempo no ha conseguido pasar.
Y tengo una certeza que no necesito explicarle a nadie: cuando el Señor me llame a su presencia, ella vendrá a recibirme. La reconoceré. Y entonces, por fin, podremos abrazarnos sin despedidas, sin tiempo y sin miedo. Será nuestro abrazo pendiente. Para siempre.
Quiero mandar un abrazo muy calentito, como dice Laura, a ella y a todas las mamás y los papás que han vivido un aborto. A quienes han tenido que aprender a convivir con una ausencia que, aunque a veces no se vea, ocupa un lugar inmenso. Ojalá nunca olvidemos que nuestros pequeños también forman parte de nuestra historia.
Quizá nos quede esa esperanza: que el amor encuentra maneras de permanecer que ni siquiera la muerte puede explicar. Que algunas conexiones no se rompen. Que una madre y su pequeño pueden seguir unidos para siempre.
Feliz semana a todos. Y gracias, Jesús, por escribir algo que, sin saberlo, ha llegado hasta una parte de mí que necesitaba sentirse abrazada.
No sabes cuánto siento tus tres pérdidas. Ojalá pudiera darte un abrazo de esos que no necesitan palabras. Gracias a ti por compartir algo tan íntimo y por dejarme acercarme, aunque sea un poquito, a tu historia. Creo que quienes hemos vivido una pérdida así sabemos que hay amores que no necesitan haber tenido tiempo para ser inmensos. Tus tres pequeños también forman parte de ti y de tu historia. Que nunca nos falte la esperanza de volver a encontrarnos con ellos. Te mando un abrazo enorme, de corazón. ❤️
Muy con Laura: cuando alguien se acuerda de ti, sea lo que sea que te ofrende, una simple nota, lo que sea ,algo de esa persona ( deseos , afectos, cuidado, mimo...) queda en ello . Saber corresponder dándole su sitio en ti, en tus espacios , en tu vida es vorresponder. Muy fan . Yo soy muy trastera conservo hasta piedras ... Jejejje
Brutal el trasfondo de ese mensaje, somo ellos, ellos están en nosotros. Nunca dejo de pensar en papá, me conecta el alma. Soy idéntica a él y cometo los mismos errores que me llevaron a tener que entenderme y perdonarlo. Nunca se van porque no los olvidamos. ❤️
Madre mía, me ha emocionado la tradición que tienen en Sicilia, aunque he de decir que en casa las cosas de Martín siguen igual. Compartir armario con Sebas y Sebas se ha puesto su ropa hasta hace nada. Luego hay un montón de fotos de los tres juntos. Sigue igual de presente que el día que se fue y creo que eso es lo que hace que venga tanto a visitarnos.
Ya he hecho lo de la pregunta!! Uff qué susto no lo había entendido bien. Pero ya está 🤣. Un abrazo a los dos.
Qué bonita la de hoy!! Yo creo que un objeto de alguien, está lleno de vida.
Hace unas semanas cogí unos libros de carácter religioso de la librería de mi abuelo, a priori porque desde fuera me llamaron la atención visualmente, y wow, estaba escrito el nombre de mi abuela, con estampas repartidas por páginas, notas, alguna fotografía...
Abrirlos es conectarte con un momento concreto del pasado. Me emociona pensar qué sentía, pensaba o buscaba mi abuela en ese momento, ¿qué me diría a mí yo de ahora?
De manera constante la recuerdo, pero jo, un objeto creo que te lleva más allá. A mí claramente me cuesta desprenderme de "las cosas", las cargo de simbolismo rápido 🙂
Buenos días, Jesús.
Tus palabras me han traspasado el corazón. Hay textos que uno lee y sigue con su día, y hay otros que se quedan dentro, que encuentran una habitación de la casa que llevabas años sin abrir.
Hace tiempo mi madre me habló del microquimerismo. Recuerdo que me quedé fascinada con la posibilidad de que una madre y un hijo pudieran permanecer unidos incluso mucho después de haberse despedido. Entonces empecé a buscar información. Necesitaba saber si sus células también podían seguir viviendo dentro de mí, si en un embarazo que no llegó a término había habido tiempo suficiente para que mi pequeña se abrazara a mi cuerpo y decidiera quedarse.
Y descubrí que sí. Que, incluso en aquellos primeros días, podía haber comenzado ese intercambio de células. Que quizá mi pequeña seguía conmigo de una manera que la ciencia empezaba a explicar, pero que mi corazón nunca había necesitado demostrar.
Hace años tuve un aborto. Todavía hoy no lo he superado. Pienso en ella cada día. No pude volver a quedarme embarazada y, quizá por eso, hay una parte de mí que sigue viviendo en aquella espera. Ser madre era lo único que tenía claro desde pequeña. Con apenas tres años ya cogía a mi hermana en brazos y, cada vez que nacía un niño en la familia, les pedía a mis padres que fuéramos a visitarlo. Siempre he sentido una debilidad especial por los bebés. Basta con cruzarme con uno para que se me escape una sonrisa. Mi marido dice que no puedo evitarlo: si veo uno por la calle o en el supermercado, tengo que decirle algo, hacerle una carantoña o dedicarle algún piropo. Y lo más curioso es que siempre me devuelven la sonrisa. Se quedan mirándome, como si entre ellos y yo existiera un idioma que no necesita palabras.
Mi marido, que me conoce bien, suele decirme: «Qué gran madre se ha perdido el mundo».
Y yo sonrío. Aunque hay días en los que esa frase también me acaricia una herida.
Cuando leí sobre el microquimerismo sentí que encontraba una respuesta a una pregunta que llevaba mucho tiempo haciéndome. Quise pensar que mi pequeña seguía cogida a mí, que había encontrado la manera de quedarse, que no todo se había marchado aquella mañana. Que hay abrazos que no necesitan brazos y presencias que no necesitan ocupar un lugar en el mundo para ser eternas.
La amo sin haber visto jamás su carita. No sé a quién se habría parecido, cómo habría sido su risa o qué habría heredado de nosotros. Pero la conozco de esa manera misteriosa en la que se conoce lo que se lleva dentro. Está en mi memoria, en mi corazón y en ese pequeño rincón de mi vida donde el tiempo no ha conseguido pasar.
Y tengo una certeza que no necesito explicarle a nadie: cuando el Señor me llame a su presencia, ella vendrá a recibirme. La reconoceré. Y entonces, por fin, podremos abrazarnos sin despedidas, sin tiempo y sin miedo. Será nuestro abrazo pendiente. Para siempre.
Quiero mandar un abrazo muy calentito, como dice Laura, a ella y a todas las mamás y los papás que han vivido un aborto. A quienes han tenido que aprender a convivir con una ausencia que, aunque a veces no se vea, ocupa un lugar inmenso. Ojalá nunca olvidemos que nuestros pequeños también forman parte de nuestra historia.
Quizá nos quede esa esperanza: que el amor encuentra maneras de permanecer que ni siquiera la muerte puede explicar. Que algunas conexiones no se rompen. Que una madre y su pequeño pueden seguir unidos para siempre.
Feliz semana a todos. Y gracias, Jesús, por escribir algo que, sin saberlo, ha llegado hasta una parte de mí que necesitaba sentirse abrazada.
Que bonito Silvia 💞. Gracias
Gracias, Magda.🙏🏻
Qué precioso este texto. Yo he perdido 3 bebés y le has puesto palabras a algo muy muy difícil de explicar. Muchas gracias
No sabes cuánto siento tus tres pérdidas. Ojalá pudiera darte un abrazo de esos que no necesitan palabras. Gracias a ti por compartir algo tan íntimo y por dejarme acercarme, aunque sea un poquito, a tu historia. Creo que quienes hemos vivido una pérdida así sabemos que hay amores que no necesitan haber tenido tiempo para ser inmensos. Tus tres pequeños también forman parte de ti y de tu historia. Que nunca nos falte la esperanza de volver a encontrarnos con ellos. Te mando un abrazo enorme, de corazón. ❤️
Muy con Laura: cuando alguien se acuerda de ti, sea lo que sea que te ofrende, una simple nota, lo que sea ,algo de esa persona ( deseos , afectos, cuidado, mimo...) queda en ello . Saber corresponder dándole su sitio en ti, en tus espacios , en tu vida es vorresponder. Muy fan . Yo soy muy trastera conservo hasta piedras ... Jejejje
Me encanta, otra con colección de piedras por aquí!! 😅
Brutal el trasfondo de ese mensaje, somo ellos, ellos están en nosotros. Nunca dejo de pensar en papá, me conecta el alma. Soy idéntica a él y cometo los mismos errores que me llevaron a tener que entenderme y perdonarlo. Nunca se van porque no los olvidamos. ❤️
Madre mía, me ha emocionado la tradición que tienen en Sicilia, aunque he de decir que en casa las cosas de Martín siguen igual. Compartir armario con Sebas y Sebas se ha puesto su ropa hasta hace nada. Luego hay un montón de fotos de los tres juntos. Sigue igual de presente que el día que se fue y creo que eso es lo que hace que venga tanto a visitarnos.
Ya he hecho lo de la pregunta!! Uff qué susto no lo había entendido bien. Pero ya está 🤣. Un abrazo a los dos.
Qué bonita la de hoy!! Yo creo que un objeto de alguien, está lleno de vida.
Hace unas semanas cogí unos libros de carácter religioso de la librería de mi abuelo, a priori porque desde fuera me llamaron la atención visualmente, y wow, estaba escrito el nombre de mi abuela, con estampas repartidas por páginas, notas, alguna fotografía...
Abrirlos es conectarte con un momento concreto del pasado. Me emociona pensar qué sentía, pensaba o buscaba mi abuela en ese momento, ¿qué me diría a mí yo de ahora?
De manera constante la recuerdo, pero jo, un objeto creo que te lleva más allá. A mí claramente me cuesta desprenderme de "las cosas", las cargo de simbolismo rápido 🙂
Feliz finde!!
Uy, me encanta esa tradición
¿Sí, verdad? ❤️🎃