Hasta que rebose
El último día en París madrugué muchísimo, salí a pasear a través de las calles nevadas, desde Rue de la Paix hacia la Place Vendôme. Todavía era de noche. El aire cortaba la piel, yo aún caminaba en duermevela, pero podía sentir cómo la nieve abrazaba los árboles de la plaza, la escarcha cubriendo de misterio los cristales de las tiendas, todavía cerradas. Allá, al fondo, la torre Eiffel, cobijada bajo un manto de niebla. Apenas se intuían los hierros de sus arcos en el primer nivel, como esas cosas que tú sabes que están pero que (casi) no ves. Anoté ese aprendizaje en las notas del móvil: las cosas siguen estando ahí, pese a que tú no las veas. A veces, con la alegría, sucede lo mismo: tan solo tiene que despejarse la niebla. Estoy volviendo a escribir algo largo. Algo nuevo. Lo escribiré a lo largo del próximo año; sé que el miedo es normal, que la ansiedad no es más que la otra cara de la calma. Un paso tras otro. Y algunas cosas que he aprendido, también.
Prácticamente todos los días de mi vida paso por la puerta de un tanatorio, en el cruce entre Lluís Peixó y Tarongers. He estado cinco veces en uno. Ademas del dolor, recuerdo ver la vida con mayor nitidez. Enfocada. Como cuando se va la niebla.
Si no va a cambiar (y esto te lo puedo asegurar: no va a cambiar), ¿Para qué gastar tantas energías tratando de que lo haga?
“Somos el tiempo que nos queda y el que no nos queda también”, me ha dejado un buen rato pensando ese comentario, es de una lectora, Cristina.
“If you’re unsatisfied you have two options. Change your experience or change your relationship to experience. The first is agency, the second is spirituality”, se lo leí a Jason Snyder, es agricultor. Cambiar las cosas o cambiar la forma en que te relacionas con lo que te pasa. No hay más.
En su momento no me tragué aquello de “lo que das, te lo das; lo que no das, te lo quitas”. Pensé que era otra perogrullada de un gurú vendevelas. Como en tantas cosas, me equivoqué. Si sientes cosas bonitas hacia alguien, díselo ya mismo.
Es extraño, lo que miras es lo que sucede. Por eso tiene razón Simone Weil: “La atención es la forma más rara y más pura de la generosidad”. Como en todas las cosas, hay otra cara de la moneda: tu miedo hará que aquello que temes se haga realidad.
El futuro nunca llega, por eso se llama futuro.
Esta Navidad deberías ver Los que se quedan y la que viene también. Me gustan las personas pegadas a sus tradiciones. Tiene razón Peyró: “El hombre que no sabe celebrar, no ha aprendido a ser un hombre todavía”.
Hace exactamente veinte años Cat Power publicó The Greatest, lo celebra con un EP titulado Redux. Es el otoño aquella canción.
Y ya puestos, hace cincuenta de The Köln Concert de Keith Jarrett: una de las cúspides de la historia del jazz. Mis tres discos favoritos.
“El amor y el miedo son como el agua y el aceite. Pueden estar ambas en el mismo recipiente. Pero, cuanto más aceite haya, menos agua podrá haber. Y, cuanta más agua, menos aceite”, Zaím.
No te dejes engañar por la nostalgia. Se lo dice Capuano a Fabietto Schisa en È stata la mano di Dio.
Respeta a los mayores.
“People inspire you, or they drain you — pick them wisely”, Lucian Freud.
Pasea todos los días de tu vida, no ahorres en sábanas, lee un libro antes de dormir, guarda el móvil en un cajón, ten la certeza de que mañana será otro día. Pocas cosas tengo tan claras como esa: mañana será otro día.
Vende lo que sobra. No es cuestión de dinero (que también: casi todo es cuestión de dinero) sino de dejar espacio, permitir que entre el aire, cuando sueltas pasan cosas.
Si no es ahora, ¿cuándo?
Es prácticamente imposible cuidar a los demás si, en primer lugar, no sabes cuidarte a ti mismo mismo. Lo estoy aprendiendo estos días. A estas alturas.
En cuanto a cómo vivir tu vida: escucha, lee, viaja, medita, celebra. Rodéate de personas a las que admirar. Pero es tu vida, las decisiones importantes (y las otras, también) las tomas tú.
Un libro casi siempre es un buen regalo.
Es imposible saber lo que vendrá, pero igualmente sucederá.
En aquella carta prometí perseguir mi nodo norte. Pues bien: he vuelto a bajarme del plan, soy el Houdini de las cosas que creo que harán mi vida mejor. Pero he vuelto a terapia, escucho con el corazón y cada vez siento —aquí dentro— más nítidamente esa sensación zahorí: “Es aquí”.
El título era mentira: no se puede vivir sin miedo. Acepta el miedo, escucha a tus tripas, que el entusiasmo sea tu brújula, aprende a pedir perdón; empieza contigo.
Con este texto se despiden las cartas íntimas hasta la vuelta de las fiestas. Seguiré mandando cositas en El club Claves cada domingo y contestando vuestras preguntas en el Consultorio. Mañana enviaré la tradicional guía de regalos. Espero de corazón que seáis felices estos días, en calma, sin prisa. Recordad: cuanto más amor, menos miedo. Sencillamente llenar el recipiente con agua clara, hasta que rebose.




The Koln concert tiene 50 años??? Es uno de mis discos favoritos también, sigo teniendo la piel de gallina al escucharlo. Muchas de tus frases de hoy son para enmarcar..sin duda. Todo empieza por uno mismo pero también resulta agotador encontrarte con gente que te resta. Últimamente recuerdo mucho la frase que dice un amigo..."quiero que me despresenten a gente". Que vengan ya con terapia incluida por favor. Feliz día 🤗
Jesús, qué bonita carta!
Al final, todos caminamos por nuestras propias calles nevadas: a veces París, a veces la esquina de siempre, pero con la misma sensación de frío y de claridad. La nieve cubre, pero también revela; oculta un instante el mundo para devolvérnoslo más limpio.
Me recordaste algo que escribió Natalia Ginzburg en Las Pequeñas Virtudes: “La felicidad está hecha de instantes de olvido.” A veces basta un chasquido, un árbol helado, un sonido, un rostro querido, para que la vida vuelva a enfocarse.
Y pensé también en una canción, “Holocene”, de Bon Iver, que siempre me hace sentir ese punto exacto en el que se junta la fragilidad con la energía de seguir. Hay un verso que dice “and at once I knew, I was not magnificent”; no como derrota, sino como alivio: dejar de pelear contra lo inmutable para empezar a relacionarnos de manera distinta con lo que nos pasa.
Feliz vida y enhorabuena por ese nuevo libro, seguro que rebosará amor.