Exponer tus mierdas
Hay un pasillo en la exposición de Tracey Emin en la Tate Modern del que es imposible salir como entraste. Es un pasillo estrecho, apenas iluminado, no son más de veinte metros, un puñado de fotografías del proceso tras su cáncer de vejiga, nadie tiene el valor (yo tampoco) de usar el móvil. Un pequeño cartel lo advierte antes: “This corridor includes self-portraits of the artist’s body post-surgery, including her stoma and images of blood”. La urostomía es la abertura quirúrgica que se realiza en el abdomen para desviar las heces y la orina a una bolsa externa. La artista relata con imágenes cada momento del proceso, no hay drama, no hay ningún mensaje. Tan solo es su vida y es ella la que decide mostrarla. La siguiente sala está dedicada a sus dos abortos, el primero sucedió en un taxi camino del hospital, acababa de graduarse en el Royal College of Art; el segundo (de gemelos) fue en una antigua iglesia reconvertida en una clínica, de manos de la Abortion Act. Nunca se recuperó emo…

