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Avatar de Soledad

Buenos días.

Levantarte, leerte y leer ese final de la carta. Ese final. Buf. La vida

Avatar de Cristina Hontanilla

Literalmente mi carta astral me ha cambiado la vida… es apasionante

Avatar de Lady Mo

Un texto precioso que me ha hecho reflexionar en esta mañana de sábado. Me ha encantado “bajarse del plan no fue un abandono: fue parte del plan”. Me ha recordado a algunos momentos de mi vida en los que sentí que no era yo la que llevaba las riendas, sino que la vida parecía tener otros planes para mí, pero yo no acertaba a descubrir cuáles eran porque tampoco tenía demasiadas fuerzas para pensar en ello. En esos momentos, ese abrazo en mitad de la noche lo es todo. A veces mil pequeñas cosas del día a día, terminan formando un camino.

Leerte se está convirtiendo en mi momento favorito del sábado.

Avatar de Silvia Roldán

He leído tu carta sobre los nodos y me he quedado pensando en los míos. En ese sur del que venimos y ese norte hacia el que caminamos, como si la vida fuera una brújula que, tarde o temprano, termina señalándonos el lugar al que pertenecemos.

Los míos tienen nombre de cielo y de tierra. Mi nodo sur está en Cáncer; mi nodo norte, en Capricornio. El primero habla de las raíces, del refugio, de ese lugar al que volvemos cuando el mundo se hace demasiado grande. El segundo habla de construir, de sostenerse, de aprender a caminar con los pies firmes incluso cuando el corazón tiembla.

Quizá mi viaje consista en aprender que amar no es salvar a todo el mundo, que cuidar no significa olvidarse de una misma y que también hay una forma de amor en dejar de sostener aquello que no nos corresponde. Quizá se trate de echar raíces sin dejar de crecer, de construir una casa dentro de mí, de aprender a habitarme.

Pero hay algo que no te he contado.

Yo sí sé dónde está mi norte.

No necesito pedir mi partida de nacimiento, afinar la hora exacta ni levantar una carta astral para averiguarlo. Hay caminos que no aparecen dibujados en el cielo, porque se llevan escritos en el alma. Y hay destinos que no necesitan que los nombren los planetas.

Mi nodo norte tiene un nombre: Jesús.

Mi camino no consiste únicamente en convertirme en alguien más fuerte, más sabia o más capaz de sostenerse en medio de la tormenta. Mi camino es aprender a amar como Él, a mirar como Él, a vivir con la certeza de que esta vida, con sus grietas, sus despedidas y sus pequeñas luces, no es todo lo que existe.

A veces me pierdo. Me distraigo con el ruido del mundo, me asusto, me canso de caminar. Hay días en los que no entiendo nada y otros en los que me gustaría que alguien me explicara por qué duelen tanto algunas cosas. Pero entonces recuerdo que la fe no consiste en conocer todos los caminos, sino en saber en quién has puesto tu confianza.

Y vuelvo.

Vuelvo a Él como vuelve el mar a la orilla, como vuelve la luz después de una noche larga, como vuelve el hijo a casa cuando comprende que nunca dejó de ser esperado.

Porque yo también creo que la vida nos obliga a caminar, aunque no siempre entendamos hacia dónde. Pero hay algo que para mí está por encima de cualquier mapa, de cualquier signo y de cualquier destino escrito entre las estrellas: la promesa de la eternidad.

Mi norte no es una casa, ni un lugar en el mundo, ni siquiera una versión mejorada de mí misma.

Mi norte es el cielo.

Y cuando llegue el día en que ya no tenga que buscar, cuando pueda verlo cara a cara y reconocer en sus ojos todo el Amor que me sostuvo sin que yo lo supiera, entonces entenderé el viaje entero. Las veces que me caí, las que creí haber perdido el rumbo, las despedidas que me partieron por dentro y los días en los que seguir adelante fue lo único que supe hacer.

Quizá entonces no necesite decir nada. Quizá me bastará con llorar, caer de rodillas y dejar que me abrace.

Porque yo sí sé cuál es mi nodo norte, Jesús. Sé cuál es mi camino, mi destino y mi vida eterna.

Es Él. Siempre ha sido Él. Y mi eternidad solo la imagino junto a Él.

Feliz semana a todos. 🤍