De tanto en tanto me aterra pensar que, un día, Laura me dejará. Barrunto las opciones, ¿por qué será? Si escucho las señales —nota mental: escuchar las señales— quizá suceda porque no estoy aquí, tiendo a la ausencia, soy egoísta, rígido, me cuesta virar el rumbo, no sé cuidar.
El verano que viene, se cumplirán treinta años de mi historia de amor. Hoy, 19 de septiembre de 2026, 10670 días después de aquel primer beso, sigo enamorada de él. ¿Es diferente? Claro. Pero sigo sintiendo cosquillas inexplicables, y mucha admiración. No puedo aportar más. Jajajaja.
Feliz sábado. Qué gusto empezar así (carta en mano), el fin de semana.
Uno solo no basta, está frase encierra mucha razón.
Una reflexión en alto, para ti Jesús, para mi misma, y para todos. Es posible, que Laura mañana no sienta lo mismo, o que no lo sientas tú. Lo único que tenemos seguro es el momento presente, momento en el que podemos cuidar, amar, decir te quiero, sonreir, disfrutar, en definitiva vivir. El mañana quizás no exista, así que demos forma y sentido a nuestro hoy sin preocuparnos del futuro y si ese mañana existe, seguro se parecerá a aquello que queremos y deseamos.
Es que realmente se vive con matices diferentes en cada etapa. Quizás la clave es que no somos los mismos de cuando teníamos 15 ó 25 ó 35…, pero al mismo tiempo sí que lo seguimos siendo. La vida nos va adaptando a cada época; lo siento así, es como “dos yo” que caminan en paralelo. Yo sigo siendo la niña curiosa, alegre.. la adolescente positiva y atrevida… la joven de 25 valiente y persistente… la mujer de 35 responsable, honesta… la señora de 45 generosa y emprendedora… la de 55 cariñosa y analítica… soy todo ello y más. Es ir sumando. Mi pareja sigue viendo en mí de quien se enamoró porque sigue estando ahí.
Pero para qué diantres pensar con 35 dónde estaremos amándonos con 60? Yo no abro esa puerta… yo voy disfrutando y cultivando, —la perspectiva estando en los 55 es la que te permite mirar hacia atrás y reconocerte… y eso al revés es inviable.
Yo con 25 cuando me casé no tenía ni la flojera idea de dónde estaríamos con 59 y aquí seguimos tras 40 años… pasión? Pues claro… y mucho más que hemos ido atesorando juntos en el camino.
Con 60 se sigue siendo adolescente pero ello contribuye a nuestro carácter, pero no lo protagoniza.
Acabo de leer un texto del libro “Las gratitudes”,de Delphine de Vigan, que me ha parecido que viene muy acorde con lo que hoy nos hablas en tu artículo: el miedo a perder. En este caso, el miedo a perder la pasión, la intensidad, aquello que nos hace sentir vivos.
Dice así:
«Envejecer es aprender a perder.
Asumir, todas o casi todas las semanas, un nuevo déficit, una nueva degradación, un nuevo deterioro. Así es como yo lo veo.
Y ya no hay nada en la columna de las ganancias.
Un día ya no puedes correr, ni caminar, ni inclinarte, ni agacharte, ni levantarte, ni estirarte, ni encorvarte, ni darte la vuelta de un lado, ni del otro, ni hacia delante, ni hacia atrás, ni por la mañana, ni por la noche, ni nada de nada. Solo puedes conformarte, una y otra vez.
Perder la memoria, perder los referentes, perder las palabras. Perder el equilibrio, la vista, la noción del tiempo, perder el sueño, perder el oído, perder la chaveta.
Perder lo que te han dado, lo que te has ganado, lo que te merecías, aquello por lo que luchaste, lo que pensabas que nunca perderías.»
Y mientras lo leía pensaba precisamente en eso: en los años, en lo que inevitablemente vamos perdiendo y en ese miedo que a veces sentimos cuando algo que amamos empieza a cambiar.
Los años no perdonan. Pero quizá tampoco se trata de luchar contra ellos.
Como dice mi amor platónico, Mateo, a quien admiro tanto por su belleza como por su espiritualidad:
«Si atenúas la luz, durará más tiempo».
Y yo añadiría algo más:
hay que seguir amando, incluso perdiendo.
Porque quizá envejecer no consiste únicamente en aprender a perder, sino también en aprender a amar de otra manera aquello que permanece.
Me encanta tu habilidad para escribir sobre algo muy íntimo sin cerrarlo del todo, dejando espacio para que uno coloque dentro su propia historia. Todos echaremos alguna vez de menos los 100 vatios. El error sería pensar que sentir esa nostalgia significa que los 30 ya no iluminan.
Pues tendrás que confiar en lo construido y en ser un albañil provisional cuando veas grietas y sobre todo confiar en Laura, me da que traslada claramente donde hay que rascarle.Siempre he pensado y cuento, que si no dices donde te pica la espalda es poco probable que te rasquen donde necesitas, pero es mi teoría , yo soy poco de moscas a cañonazos. Buen sábado a todas y todos.
Y si no lo era, es como yo lo he entendido. Como dijo no me acuerdo quien, las obras, una vez escritas, dejan de pertenecer al autor y ya pertenecen a los lectores. Un abrazo.
El verano que viene, se cumplirán treinta años de mi historia de amor. Hoy, 19 de septiembre de 2026, 10670 días después de aquel primer beso, sigo enamorada de él. ¿Es diferente? Claro. Pero sigo sintiendo cosquillas inexplicables, y mucha admiración. No puedo aportar más. Jajajaja.
Feliz sábado. Qué gusto empezar así (carta en mano), el fin de semana.
Admiración, esa palabra clave.
Uno solo no basta, está frase encierra mucha razón.
Una reflexión en alto, para ti Jesús, para mi misma, y para todos. Es posible, que Laura mañana no sienta lo mismo, o que no lo sientas tú. Lo único que tenemos seguro es el momento presente, momento en el que podemos cuidar, amar, decir te quiero, sonreir, disfrutar, en definitiva vivir. El mañana quizás no exista, así que demos forma y sentido a nuestro hoy sin preocuparnos del futuro y si ese mañana existe, seguro se parecerá a aquello que queremos y deseamos.
Qué preciosidad de declaración sobre el amor!!! Ojalá volver a salir a la mar. ❤️
Ay esos miedos…
Es que realmente se vive con matices diferentes en cada etapa. Quizás la clave es que no somos los mismos de cuando teníamos 15 ó 25 ó 35…, pero al mismo tiempo sí que lo seguimos siendo. La vida nos va adaptando a cada época; lo siento así, es como “dos yo” que caminan en paralelo. Yo sigo siendo la niña curiosa, alegre.. la adolescente positiva y atrevida… la joven de 25 valiente y persistente… la mujer de 35 responsable, honesta… la señora de 45 generosa y emprendedora… la de 55 cariñosa y analítica… soy todo ello y más. Es ir sumando. Mi pareja sigue viendo en mí de quien se enamoró porque sigue estando ahí.
Pero para qué diantres pensar con 35 dónde estaremos amándonos con 60? Yo no abro esa puerta… yo voy disfrutando y cultivando, —la perspectiva estando en los 55 es la que te permite mirar hacia atrás y reconocerte… y eso al revés es inviable.
Yo con 25 cuando me casé no tenía ni la flojera idea de dónde estaríamos con 59 y aquí seguimos tras 40 años… pasión? Pues claro… y mucho más que hemos ido atesorando juntos en el camino.
Con 60 se sigue siendo adolescente pero ello contribuye a nuestro carácter, pero no lo protagoniza.
Ama.
Muévete en la montaña rusa de la vida.
Mírale a los ojos y recuerda la esencia.
Acepta.
Y sigue amándole.
Love xx
Lou*
Buenos días, Jesús:
Acabo de leer un texto del libro “Las gratitudes”,de Delphine de Vigan, que me ha parecido que viene muy acorde con lo que hoy nos hablas en tu artículo: el miedo a perder. En este caso, el miedo a perder la pasión, la intensidad, aquello que nos hace sentir vivos.
Dice así:
«Envejecer es aprender a perder.
Asumir, todas o casi todas las semanas, un nuevo déficit, una nueva degradación, un nuevo deterioro. Así es como yo lo veo.
Y ya no hay nada en la columna de las ganancias.
Un día ya no puedes correr, ni caminar, ni inclinarte, ni agacharte, ni levantarte, ni estirarte, ni encorvarte, ni darte la vuelta de un lado, ni del otro, ni hacia delante, ni hacia atrás, ni por la mañana, ni por la noche, ni nada de nada. Solo puedes conformarte, una y otra vez.
Perder la memoria, perder los referentes, perder las palabras. Perder el equilibrio, la vista, la noción del tiempo, perder el sueño, perder el oído, perder la chaveta.
Perder lo que te han dado, lo que te has ganado, lo que te merecías, aquello por lo que luchaste, lo que pensabas que nunca perderías.»
Y mientras lo leía pensaba precisamente en eso: en los años, en lo que inevitablemente vamos perdiendo y en ese miedo que a veces sentimos cuando algo que amamos empieza a cambiar.
Los años no perdonan. Pero quizá tampoco se trata de luchar contra ellos.
Como dice mi amor platónico, Mateo, a quien admiro tanto por su belleza como por su espiritualidad:
«Si atenúas la luz, durará más tiempo».
Y yo añadiría algo más:
hay que seguir amando, incluso perdiendo.
Porque quizá envejecer no consiste únicamente en aprender a perder, sino también en aprender a amar de otra manera aquello que permanece.
Feliz finde a todos!!!
Directo al corazón, como siempre. 💌
Me encanta tu habilidad para escribir sobre algo muy íntimo sin cerrarlo del todo, dejando espacio para que uno coloque dentro su propia historia. Todos echaremos alguna vez de menos los 100 vatios. El error sería pensar que sentir esa nostalgia significa que los 30 ya no iluminan.
¿Lo echas de menos?
Liar’s Remorse ~ The Strokes
You don’t have love because you don’t want pain
You don’t want pain because you don’t want trust
Your don’t have trust, so you don’t have love
You don’t got love, you just can’t stand the pain
Qué bello lo cuentas todo siempre. ❤️ y qué razón tienes, el destino para ambos debe ser el mismo.
Pues tendrás que confiar en lo construido y en ser un albañil provisional cuando veas grietas y sobre todo confiar en Laura, me da que traslada claramente donde hay que rascarle.Siempre he pensado y cuento, que si no dices donde te pica la espalda es poco probable que te rasquen donde necesitas, pero es mi teoría , yo soy poco de moscas a cañonazos. Buen sábado a todas y todos.
Excelente relato. El amor como mar en calma tras el oleaje del apasionamiento y el miedo a no dar suficiente sin entender que es lo que toca.
Era (más o menos) la idea, sí.
Y si no lo era, es como yo lo he entendido. Como dijo no me acuerdo quien, las obras, una vez escritas, dejan de pertenecer al autor y ya pertenecen a los lectores. Un abrazo.
❤️
💙