Y de repente, la luz
Son semanas extrañas, muchos (muchas) me habéis preguntado desde el afecto sincero —esas cosas se notan— si estoy bien, si estamos bien, si todo está bien. Todo está bien, pero es que a veces hasta el aire pesa, celofán en los pies, ausencia de cielo alto, tiene razón Javier Gomá: “La vida humana es intrínsecamente densa, hay un gravamen en el mero hecho de existir que con propiedad llamamos pesadumbre, con el paso del tiempo la fatiga nos espera otra vez a la vuelta en progresión imparable, se espesan las horas, se eclipsan las energías, cuanto vale la pena cuesta cada día un poco más que el anterior”.
Los días se arremolinan en torno a la cadencia de estos gestos lentos; quebrantos, ausencias y este vaho obstinado en cada ventana, vivir es pelear contra esa gravedad imparable que “nos empuja hacia abajo, nos hace enfermar –que quiere decir perder firmeza– y nos quiere sepultados en el foso. Pero nosotros, que deseamos vivir, oponemos dura resistencia”; precisamente se cuelan en mi co…

