Vacío
“Es una sensación de estancamiento y vacío. Se siente como si uno estuviera pasando los días sin rumbo, mirando la vida a través de un parabrisas empañado. Y podría ser la emoción dominante de este año”, leo fascinado la pieza editorial de Adam Grant en The New York Times que recorre bandejas de entrada y se cuela, como una estrella fugaz, entre conversaciones y grupos silenciados; soy de los que silencia (todos) los grupos porque la vida ya es bastante ruidosa y yo lo que quiero es foco. Ser.
A lo largo de esta travesía por el asombro (ya son seiscientos días, que se dice pronto: esta pandemia está durando más tiempo que la batalla de Stalingrado) he escuchado infinidad de veces eso de que “creo que estoy deprimido”, como si el agujero negro —es lo que es— de la depresión fuese un día tonto, un estar perdido, una tristeza recostada en tus quehaceres. Ojalá fuese tan fácil. Todavía siento el pavor agarrándome del cuello (supongo que me acompañará siempre) cuando me asomo a aquellos año…

