Una comida en familia
La hermana de mi madre, mi tía, falleció este jueves sobre las ocho y media de la mañana. Un ataque al corazón, trató de agarrarse a un rosal antes de caer desplomada sobre el pequeño huerto que da a la parte trasera del cortijo de su familia. Que es la mía. En ese cortijo pasé mucho de los veranos de mi infancia, en ese patio trasero aprendí a callar cuando alguien hablaba, entendí el valor de las cosas pequeñas al son del sonido de las chicharras, aprendí también a no dar nunca nada por sentado: las cosas que quieras tendrás que perseguirlas.
Tan solo un día antes (el miércoles) pasé el día con mi madre, en su casa del campo. Precisamente esa tarde hablamos mucho en torno a su hermana María que (además) era su mejor amiga. Hablaban todos los días del año. Es lo primero que hacían al alba: llamarse. Comemos sin prisa, un ratito de cotidianidad compartida, un día como tantos. Error, ningún día es el mismo. Es la hora de la sobremesa, aprovecho para comentarle una idea peregrina: “He pe…

