Está mal que lo diga yo, pero fue una noche sencillamente mágica: un grupo de personas muy diferentes y desde diferentes lugares de España (¡desde Galicia!) pero todos y todas con un propósito común: hablar un ratito bueno en torno a la belleza, el arte, las emociones, la cultura y, en suma, la vida; bebimos vinos maravillosos (gracias Koldo) y quesos para recordar (gracias Clara, gracias Pilar) y sobre todo pasamos un par de horas (¿o fueron más?) que se hicieron cortísimas y donde reinó la sensibilidad.
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