Un mapa de vuelta
No celebramos San Juan. Mentira. No hubo hogueras pero sí promesas, el solsticio de verano nos pilló en Illetes, tras la cena recortamos dos papelitos, cada uno lo rellenó con tres cosas que quemar, cosas que no nos gustan de nosotros mismos, trastos viejos, miedos enquistados. Buscamos (supongo) remendar el trecho andado. Qué tontería, no desaparecerán (tan fácil) esos desasosiegos, pero caligrafiar tus miedos es el primer paso para calmarlos. Los prendimos, con un par de cerillas, sobre un cenicero, bajo la luna llena de este final de junio extrañísimo. El sol se despide de la primavera, florece la lavanda, es momento de mirar muy dentro, de renacer como Fénix, alzarnos sobre lo que nos duele. En el antiguo Egipto llamaban Bennu al ave (era una garza) que resurgió envuelta en fuego, sus lágrimas templaban el quebranto, por eso llorar sana. Es una buena pista.
“¿Y nuestros deseos?” —le pregunto a Laura. Me recuerda una tradición japonesa llamada Tanabata, el festival de las Estrellas.…

