Un lema para resumir una vida
Un cóctel con Jordi en Dr. Stravinsky. Me gusta caminar esas calles, zona cero del Born, desde Salvador Aulet hasta Brosolí, cruzando la Via Laietana. Apenas hay turistas a través de estos pasajes angostos, arcos de piedra, palacetes góticos, hierro forjado. Bebemos lo mismo, un Tuber negroni con mezcal y Tête de Moine. Su padre, como el mío, se fue demasiado pronto. Un momento. ¿Cuándo es demasiado pronto? Hablamos de la muerte, del sinsentido de todo esto, de que, casi siempre (ante la duda) merece la pena alzar las copas. Yo tenía dieciocho años, en aquel tiempo no me pareció justo, recuerdo decir eso en el velatorio: “No es justo”. Ahora sé que no va de eso. Entonces vivíamos en la Ciudad Fallera, un barrio a las afueras de Valencia, cerca del Parque de Benicalap. Mi madre limpiaba en varias casas, mi hermana todavía estudiaba —un módulo de laboratorio en un centro de Formación Profesional, entre Ayora y Florista. Le pregunto a mi madre, porque no lo recuerdo: pagábamos unas cinco…

