Un corazón ligero
Cada año a estas alturas del otoño escribo una carta cuyo anhelo es no caer en los propósitos de siempre pero no hay manera. No hay manera porque termino haciendo exactamente lo que prometo que no haré, transcribir (negro sobre blanco) las cosas que más íntimamente deseo, los lugares donde quiero estar, la persona que quiero ser —esto último es lo más importante. ¿Por qué entonces huir del tópico? Mal comienzo para ser el hombre cuya mirada me persigue, ese que no se engaña, ese que mira de frente. Es que ahora sé que para ser sincero con los demás es necesario empezar por uno mismo.
El tren de vuelta parte puntual, vía dieciséis, vagón silencio. Vuelvo feliz tras la comida con Enrique en Saddle, llegué un poquito antes de la hora acordada, quizá es porque me gusta ver la trastienda de los restaurantes, ser partícipe de ese momento mágico: pronto se abrirá el telón. Hablo un rato con Israel, lo conozco desde sus primeros días aquí, tiene la mirada limpia, en pocas casas soy tan feliz. …

