Tu veneno
El día ha amanecido con tormenta. No he dormido bien. Frente a mí, las olas del Mediterráneo golpean sin piedad la roca inerte, ajena al frenesí de la mar bronca, el oleaje es hipnótico pero mi cabeza está en otra parte. Este sentir quebrado es un termómetro —preocúpate cuando no te emocione la belleza salvaje de un océano en cólera. Un mensaje ilumina la oscuridad de la terraza, es la aerolínea informándome de que el vuelo se retrasa. No es un drama, casi nada lo es en realidad. Aprovecho para desayunar con el director del hotel que me hospeda. Se llama Stijn, su abrazo es abrigo, con la edad he aprendido a apreciar (todavía más) los abrazos largos. Esos que te cobijan. Nos despedimos pronto. Me he construido una vida donde casi no hay espacio para la calma. Mis textos transpiran lo contrario. Vuelco ahí el hombre que quiero ser. Es una trampa que me hago.
La entropía de estos días sin calma hace que las horas se sucedan como esas olas de allá al fondo, cada una borra a la anterior, n…

