Viernes por la mañana a través de las calles de siempre. Me calma la rutina de los días cuando los días se parecen. Tomo la rotonda de los Cactus que cruza la avenida de los Naranjos, siempre hay gente en la puerta de tanatorio, recuerdo la última vez que estuve en uno, no fue hace tanto. Es un recordatorio inmutable —memento mori— observar a las personas que esperan, café en la mano, corrillos de familias, amigos con la voz quebrada, es el momento de despedirse, todos cruzaremos esa puerta. Cuando llego al puerto la niebla ha tomado el horizonte, millones de minúsculas gotas de agua flotan en suspensión en la atmósfera, cubriendo de calma la ciudad. Me asomo a uno de los pantalanes del puerto, a través de los tinglados, todavía no ha amanecido.
Una partitura que reconozco me traslada en el tiempo, son los primeros acordes de ‘Somewhere only we know’, han pasado veinte años. Pienso en las vidas que han sido, a veces siento que soy otra persona pero no es verdad —es el mismo río, tan solo cambia el curso, el destino sigue siendo el mar. Tras revisar los primeros emails llega un paquete, es un regalo de Víctor, un libro antiguo, ayer mismo apunté en mi libreta de notas uno de sus comentarios en torno al último Correspondencias (le encanta Correspondencias): “Cómo nos cuesta entender que la vida es como conducir de noche. Tus faros solo alumbran sesenta metros pero aunque no la veamos detrás sigue habiendo carretera”. Lo dice por la pregunta que llegó desde San Sebastián. Una chica de veintinueve años. Cómo duelen sus palabras sin filtro, la verdad pegada al hueso: “Y ahí sigo, en ese bucle tóxico. No sentirte querida es una de las peores sensaciones del mundo”.
La bruma impide ver la bocana del puerto, por ese canal irán llegando las barcazas de pesca tras la faena. Tiene razón Víctor, aunque no la veamos sigue habiendo carretera. Pasan las horas, la niebla se hace chica frente a los primeros rayos del sol, que se intuye ingrávido, poco a poco la calima muta en una lluvia finísima. En realidad es el mismo agua. La humedad hace que el frío se sienta —todavía— más frío. Es imposible saber lo que vendrá, pero igualmente sucederá. La física sugiere que el futuro ya pasó, que el tiempo no es lineal, tan solo una percepción de nuestros sentidos. Por eso cada instante cobija toda la eternidad. No hay un comienzo ni un final. En algún lugar del planeta hoy es mañana, brotan las flores, los manantiales cantan. Aunque hoy no lo veas, tras la niebla sigue el camino. Siempre lo hay.



Qué carta más bonita la de hoy, Jesús. Dejarse llevar, dejarse sorprender por ese futuro. En esas estamos, aunque a veces cueste creer que detrás sigue habiendo carretera.
Muchas gracias y feliz sábado.
Y tanto que tras la niebla sigue el camino. Y qué caminos, Jesús. Añadiré: Abrazemos la incertidumbre como parte de la vida. Esa es nuestra vida. ¡Feliz día!