Todo al todo
“En realidad alguien dijo, no sé quién, que cuando uno subraya un libro se subraya a sí mismo, y es cierto”, Cortázar hilando fino no encajaría del todo en este presente de trazo gordo, pero es que me viene al pelo este año taciturno porque de un tiempo a esta parte veo una tendencia aterradora (por aburrida, por triste, por ingenua) cobijada bajo la metálica cubierta del futuro: gastar poco, trabajar menos, respirar hondo, leer a Thoreau, escuchar a Ólafur Arnalds, vivir eternamente (¿pero qué cenizo quiere vivir eternamente?), reflexionar mirando el cañón del Colorado. Pero es que yo no quiero ir al puto cañón del Colorado.
Productividad, cerrar los anillos (“un plus de motivación” me dice el peluco de tanto en tanto), pesas rusas, controlar esas décimas de grasa, nada de carbohidratos malos, colesterol bueno, sueño eficiente (sueños “eficientes”, a esto hemos llegado), decir lo correcto, coste de oportunidad, obviar la belleza, adorar al becerro de lo útil, pensar a largo plazo. ¿P…

