Ser orza y no ancla
Cuando el Consultorio sin miedo coincide con día de viajes, maletas y puertas de embarque, la cosa se complica y lo voy contestando un poco de aquella manera, como un perrillo detrás de Laura (para no tropezarme, la mirada fija puesta en el móvil) en los ratitos que encuentro: antes del despegue, en las colas de siempre o mientras ella sorbe su latte descafeinado con leche de avena. Esos días, la verdad, el Consultorio se me hace un poco cuesta arriba pero mi compromiso es firme, tallado de adamantium, raíces arañando el subsuelo de este pacto sin papeles. No hacen falta. Un día se acabará (como se acaban todas las cosas, ¿no?) pero hasta entonces, ahí me tendréis, un estatuario sobre el coso en la arena de las dudas.
Como son tantas las preguntas (no me quejo, sé que hay cariño tras cada una) esos días de apremios me cuesta revisarlas todas en profundidad, ojo avizor, trato de ser justo y detectar entre la maleza quien escribe con el corazón roto (siempre van primero, que todos hemos …

