Rendirse
De un tiempo a esta parte he visto como buena parte de los raíles sobre los que hemos corrido tanto olían a rancio, al óxido de las cosas que no envejecen bonitas. Me refiero a los logros que hemos perseguido —las luces que nos cegaban, Teseo en el laberinto, las cosas (tantas cosas) que se supone deberíamos ser pero es que yo no sé si quiero; leo en una entrevista a Patti Smith, musa total, que “no soy nada aventurera, no busco grandes emociones, solo pequeñas cosas que me inspiran: caminar, los cafés, la tumba de un poeta, la casa de alguien a quien admiro… y sentarme en un café y escribir”.
Todo aquello que perseguíamos con la vehemencia de quien no sabe por qué corre: pero corre. Conquistar planetas, paladear el aplauso del extraño, rayos-C brillando en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser; anhelos yermos de corazón. Sospecho que en la equidistancia entre lo que se supone deberías ser y lo que realmente quieres está el MacGuffin de casi todos los quebrantos de este día a d…

