Que sea la alegría
Laura sonríe cuando me dice siempre que celebro mi cumpleaños cuarenta veces, yo le enmiendo la plana argumentando que la vida hay que enfrentarla no tanto como Enrique Rojas sino más bien como Lola Flores, “yo me emborracho de bulería, de cante bueno, de alegría…”. Es mentira, claro; estoy proyectando la forma de sentir que me gustaría abrazar y no la que me gobierna, quien lo dice no es tanto quien soy sino quien me gustaría ser, como en la prueba del espejo en la Historia Interminable, “Tendrá que enfrentarse consigo mismo mirándose al espejo [...] allí la gente amable descubre que es cruel y los valientes que, en realidad, son cobardes. En el espejo mágico se ven tal como son y la mayoría de los hombres huyen aterrados”. Un trasunto de la sombra junguiana, demasiadas veces quien habla, escribe y publica no eres tanto tú sino tu sombra tratando de respirar, porque cada día la ahogas con tu desprecio.
Esa sombra de la que tanto escribió Jung es el yo que no aceptamos, que no queremo…

