No lo sabíamos
En una de las secuencias más emocionantes de Cinco Lobitos, Laila le desliza a su madre una confesión en la que caben constelaciones, jardines bullendo en primavera, un terremoto emocional: “éramos felices y no lo sabíamos”. Es lo que pasa con las grandes (que casi siempre son pequeñas) obras, que funcionan como un espejo. Y ya no puedes sino mirar la vida reflejada en la pantalla.
Ayer comimos algo ligero por el centro, en Pascual i Genís, en torno a una mesita pegada al cristal, tras la ventana la vida florece sobre el asfalto, bajo la luz blanca del Mediterráneo vidas sucediendo, parejas cobijadas en sus cosas, una madre besa a su hija (quizá viviendo un día que recordarán siempre) el mundo se detiene ante ese pequeño, bellísimo gesto, un fotograma en el teseracto de su memoria acaba de iluminarse —pero no lo saben. Vuelvo a la mesa. Reparo en el ligerísimo tono dorado que alumbra la piel de Laura. Compramos una colcha de entretiempo, alguna revista, volvemos a casa. Necesitábamos e…

