Es siempre el último verano
Desde hace no tanto he cambiado la rutina en torno a ese momento tan cotidiano que es hacer la maleta. Lo habitual en mi vida era hacerlo la misma mañana del viaje, pero desde hace tan solo unas semanas preparo las cosas la noche de antes. Lo hago ahora como quien riega una planta. Poc a poc. Pliego pantalones, camisas, ropa interior, traje de baño (siempre un traje de baño, incluso en el destino más frío) relleno los huecos. Repongo las cosas del neceser, un par de libros hacen de fondo (los elijo también por su grosor) y dejo cargando los cacharros que nos acompañarán en la travesía. El puzzle se va armando, es como el Tetris de una vida portátil. Observo la maleta abierta sobre el parqué del suelo, parece la misma valija de siempre pero en realidad existen un millón de minúsculas diferencias, partículas elementales, matices donde brotan manantiales. Nunca es la misma. Ese equipaje es un cofre del tesoro que llevarás contigo los días que vienen, las cosas que necesitarás lejos de ca…

