Mirar
Laura me lee un párrafo de hace seis años, de un artículo titulado De ninguna manera, “¿Contestar ese último e-mail? Para qué, si no me interesaba el asunto. ¿Cerrar con un ‘Tengo que dejarte, hablamos en otro momento’ esa conversación de WhatsApp? Para qué, ya se dará por aludida ante el silencio”, entonces relataba (sin mucha piedad y con mucha tontería) las cosas que entendía como inadmisibles. Por ahí no paso, de ninguna de las maneras.
“Pero si es exactamente lo que haces…” la puñalada va sin inquina ni alquitrán, es traslúcida y leve —como ella lo es. Por eso duele. Siempre (siempre) estamos hablando de nosotros, como en aquella verdad inmensa de Anaïs Nin en La Seducción del Minotauro, “we do not see things as they are, we see things as we are”.
Haced la prueba con casi cualquier declaración cogida a vuela pluma, sin ir más lejos esta de Donald Trump: “cuando México nos envía a su gente, no manda lo mejor, sino a gente con muchos problemas que nos transmiten los problemas a noso…

