Me sabía la teoría, pero la hostia duele igual
Estos días teníamos que ver a Vega pero no ha podido ser, no se encuentra bien, no es el momento. No se esconde, me gustan las personas que no se esconden: “Lo dejamos para más adelante, no te lo había dicho —no nos conocemos tanto— pero me estoy separando, tras treinta años de relación”. “Lo siento mucho” —no le digo mucho más; sé que habla el lenguaje de las emociones, está tratada desde hace años, no me hace falta recordarle que lo que la espera no es muy diferente a un duelo. Perder a alguien es perder a alguien. Hace poco apunté en mis notas del móvil una frase que me dijo, en una reunión: solo cuando descubres que eres una caña vacía puede entrar el viento en ti y salir una melodía. Cancelo la comida que teníamos los tres. “Ya habrá tiempo para vernos, es que ahora con la búsqueda de casa, los papeles, la tristeza, la gestión de la culpa, todo se me hace cuesta arriba”. Pienso en el mito de Sísifo, al que Zeus y Hades condenaron a subir una piedra hasta la cima de una montaña pa…

