Me sabía la teoría, pero la hostia duele igual
Estos días teníamos que ver a Vega pero no ha podido ser, no se encuentra bien, no es el momento. No se esconde, me gustan las personas que no se esconden: “Lo dejamos para más adelante, no te lo había dicho —no nos conocemos tanto— pero me estoy separando, tras treinta años de relación”. “Lo siento mucho” —no le digo mucho más; sé que habla el lenguaje de las emociones, está tratada desde hace años, no me hace falta recordarle que lo que la espera no es muy diferente a un duelo. Perder a alguien es perder a alguien. Hace poco apunté en mis notas del móvil una frase que me dijo, en una reunión: solo cuando descubres que eres una caña vacía puede entrar el viento en ti y salir una melodía. Cancelo la comida que teníamos los tres. “Ya habrá tiempo para vernos, es que ahora con la búsqueda de casa, los papeles, la tristeza, la gestión de la culpa, todo se me hace cuesta arriba”. Pienso en el mito de Sísifo, al que Zeus y Hades condenaron a subir una piedra hasta la cima de una montaña para luego volverla a subir, así se siente una ruptura cuando decides no mirar hacia otro lado. Antes de despedirnos dice algo que todavía me resuena: “Me sabía la teoría, pero la hostia duele igual”.
Se lo cuento a Laura, la conversación con Vega nos pilla en Køge, cerquita de Copenhague, en la costa este de la isla de Selandia. Casi no he dormido, no puedo levantarme de la cama, siento escalofríos, debilidad en las rodillas, me duelen hasta los párpados. Supongo que será un virus, es una mierda estar enfermo fuera de casa, no estoy acostumbrado a esto, no sé reconocer mi propio sufrimiento y por eso (o al menos eso afirma mi terapeuta) me cuesta tanto cuidar a los demás: “Imposible que aprendas a hacerlo si no empiezas contigo mismo”. Yo qué sé. A Laura le molesta el desprecio con el que (a veces) trato a mi propio cuerpo, no lo entiende, trato de cambiar de tema. Es que no tengo una respuesta, amor mío. Le deslizo la inteligencia tras la frase de Vega, ¿qué opinas? “Es cierto que la teoría no te sirve para que duela menos, pero sí que te ayuda a gestionarlo de forma menos tóxica” —“¿A qué te refieres?”. Lo rumia un segundo: “Si no reconoces tu proceso emocional es posible que empieces a ser dañina, que tu dolor sea una excusa para hacerte daño a ti misma y a los demás, quizá sin saberlo. Creo que saber la teoría, al menos, me ayudará a tener más compasión conmigo misma, a culparme menos, a saber que un día saldrá el sol pese a todo”.
Me dice que se baja a pasear en torno al hotel, me calzo las botas, un Panodil, una infusión de jengibre, estoy hecho una mierda pero es que no quiero perderme el espectáculo. Cuando llegamos, hace tan solo un par de días, nos comentaron que estábamos viviendo una nevada como no se ha visto en Dinamarca en veinte años. Nos asomamos al Báltico, todo (hasta donde llega la mirada) está congelado, subo una fotografía del inabarcable horizonte blanco, confieso también que (pese a la belleza) la escena me produce melancolía. Me contesta una lectora, María: “El mar nos da esperanza, verlo así detenido en el tiempo, sin olas, ni azul ni vida: esa podría ser la definición de la tristeza”. Se suceden las horas, no me encuentro mucho mejor a lo largo del día, cenamos algo en la habitación, mañana saldremos temprano. La aurora es de un color como nunca he visto, entre el coral, añil y melocotón, al fin ha salido el sol. Esta noche se ha derretido el hielo que ayer cubría el océano, las gaviotas vuelan bajo, alguien nada allá al fondo, la vida seguía ahí, bajo el hielo: desde aquí se puede escuchar la melodía.



Espero que ya estés recuperado del todo. Preciosa carta, Jesús. Está llena de imágenes y emociones que en algún momento nos atraviesan a todos y que, cada uno como sabemos, transitamos en espera de que llegue ese amanecer.
¡Feliz encuentro hoy para todas y todos los que vais a poder compartir ese ratito de comunidad, belleza y sensibilidad!
A veces solo sentirte escuchada es suficiente. El duelo por ruptura es incluso más difícil de aceptar que el duelo por muerte, pues siempre queda ese pequeño hilo de esperanza., es difícil sanar por completo. Esa persona que era parte integral de tu vida todavía existe y es tan difícil aceptar que ya no estará en tu día a día. Pero creo que es valiente y responsable aceptar la realidad. Por muy dolorosa que sea. Después de dos divorcios y una relación larga que se rompió, todavía no he encontrado la receta. Pero sí he aprendido a centrarme en lo que tengo y no en lo que falta. La vida es ciertamente un gran reto y cada día una nueva oportunidad. ♥️