La última vez
Estos días de galerna me desdibujan, no me sienta bien encerrarme (y tiendo a ello) en mi guarida, estoy más cansado que de costumbre. Se junta además con algún malestar físico, no encuentro las ganas de hacer nada, no escribo, no pienso bien. La nada de La historia interminable (“hay que luchar contra la tristeza para que no te arrastre”) me arrastra como a Ártax, el caballo de Atreyu, hacia el pantano. Cómo lloré en aquella escena. La vi con mi padre, yo tendría ocho años, él cuarenta y uno. Viviríamos diez años más juntos. Tiene razón Laura: nunca se sabe cuándo será la última vez de algo, ¿cuál sería la última película que vi con él? ¿Dónde se encuentra el hilo del que tirar para impedir que te invada la nada?
Leo la prensa, algún paseo furtivo, conecto (es curioso cómo tropezamos con artefactos narrativos que reflejan exactamente cómo estamos) con Decadencia de Pedro García Cuartango: “Si miro honestamente a mi interior, tengo que admitir que no sólo he perdido memoria e inteligen…

