Hoy empieza todo
Es más fácil el camino fácil. No devolver las llamadas (para qué) ni levantar la cabeza ni responder a ese saludo inoportuno, no tengo tiempo. No ceder tu asiento (¿cuándo dejamos de hacerlo?) a alguien de mayor edad que, quizá, puede necesitarlo más que tú, ni sostener la puerta un par de segundos (dos segundos: toda una vida) hasta que pase la persona que viene detrás... ¿para qué? Ya se apañará él, yo tengo prisa. A mí no me la ha abierto nadie.
Es más fácil mirar hacia otro lado cuando cae un marrón, refugiarse en el no es culpa mía y habitar indiferente bajo el calorcito de la mayoría. No dejar propina, sisar un puñado de euros al fisco (total, lo hace todo el mundo…) y no ser fiel a la palabra dada, cuando es lo único que de verdad tienes. Es más fácil no tener grabada a fuego aquella verdad inmensa de Winston Churchill: “Las palabras son las pocas cosas que duran siempre”.
Es más fácil aferrarse al discurso hueco del dinero; el discurso (tan triste, tan pobre en el fondo) del más…

