Es más fácil el camino fácil. No devolver las llamadas (para qué) ni levantar la cabeza ni responder a ese saludo inoportuno, no tengo tiempo. No ceder tu asiento (¿cuándo dejamos de hacerlo?) a alguien de mayor edad que, quizá, puede necesitarlo más que tú, ni sostener la puerta un par de segundos (dos segundos: toda una vida) hasta que pase la persona que viene detrás... ¿para qué? Ya se apañará él, yo tengo prisa. A mí no me la ha abierto nadie.
Es más fácil mirar hacia otro lado cuando cae un marrón, refugiarse en el no es culpa mía y habitar indiferente bajo el calorcito de la mayoría. No dejar propina, sisar un puñado de euros al fisco (total, lo hace todo el mundo…) y no ser fiel a la palabra dada, cuando es lo único que de verdad tienes. Es más fácil no tener grabada a fuego aquella verdad inmensa de Winston Churchill: “Las palabras son las pocas cosas que duran siempre”.
Es más fácil aferrarse al discurso hueco del dinero; el discurso (tan triste, tan pobre en el fondo) del más es más, ese todo vale de a quien sólo le vale llegar primero y gritarlo al mundo, qué pereza me da tu ambición. Es más fácil medrar pisando, cargar las trampas y poner todas las fichas en la casilla del ego. ¿Te cuento un secreto? Tu ego no sabe lo que es el amor. Es mucho más fácil no hacerte más preguntas de las necesarias, pedir sin dar y escuchar tan ligero que cómo vas a ver más allá de mi piel; es más fácil cobijarse en el yo. Yo, yo, yo.
Es más fácil rendirse a lo fácil, no decirle (de verdad) lo que sientes, desatender aquel proverbio de antaño —el buen corazón quebranta la mala ventura— y no ser plenamente consciente de que cada día es un día perfecto para empezar. Todos los días nace el mundo. Ça commence aujourd'hui, como en aquella película de Bertrand Tavernier.
Es más fácil dejarlo estar, pero yo pienso seguir andando.



Dos segundos, solo eso para sostenerle la puerta a alguien, y si además le regalas una sonrisa con o sin mascarilla, ya le cambias hasta el día o quién sabe si la semana...
Bonita aventura leerte cada vez. Gran descubrimiento.