Hay una manera de predecir el futuro
Pequeñas cosas que dan placer: ordenar los libros, la presión del agua en la ducha, unos zapatos cómodos, la voz de cama a medio hacer de Nacho Vegas, volver a una película donde fuiste feliz, cuando observas que ya ha florecido el almendro y no puedes hacer otra cosa más que acercarte para fotografiar el milagro: a mí me sucedió el otro día frente a Retiro, en el Huerto del Francés, a la vera del Ángel Caído. Madrid me mata pero también nos regala esos momentos de gracia: tu veneno será tu cura. Tras el paseo tomamos un café con Rocío, está comenzado una vida nueva tras un divorcio que se está complicando más de lo que imaginaba. Ya he visto esto tantas veces que es imposible no preguntarse: ¿Cómo no pudimos ver cómo era en realidad esa persona?
La cafetería da justo a O’Donnell, nos sentamos en una mesa junto a la ventana, desde la que puedo observar la Casa Árabe y el minué de transeúntes, el cielo estalla en su azul acacia, desnudo y tan frágil, la vida fluye incesable y uniforme. …

