Entregarse
Mi primera vez en Mugaritz fue un jueves de dos mil once, el impacto en ese ratito bajo el cobijo de su roble centenario es sobrecogedor. Te sientes pequeñito, una piedra en el fondo de un río viejo como el tiempo rodeados nada más que de piedra, madera y hierro. Mugaritz se puede traducir precisamente como roble o frontera, es que ese árbol bellísimo hunde sus raíces en la línea divisoria entre Errenteria y Astigarraga. Nos sientan en una mesa con mantel de algodón blanco que da a un cristalera desde la que nos observa estoico el roble mudo. Sencillamente está. Sobre la mesa, en el centro, un plato roto y dos sobres. En uno pone rebelarse. En otro entregarse. El silencio es atronador en el caserío Otzazulueta.
Un verano más tarde Pablo d’Ors publica en Siruela su Biografía del silencio, subrayo algunas frases en mi pequeño ejemplar de 150 por 105 milímetros, pesa apenas 86 gramos. Estos días, diez años después, vuelvo a párrafos subrayados en libros de entonces (¿me reconoceré en aque…

