Elogio de lo fácil
Me llama Alberto. Estos días nos vemos menos pero sé que está. Siempre está. Me pregunta por mi mamá, le cuento, le sale del alma: “Debe ser duro para ti”. No me escondo, hace mucho que decidí no esconderme con la gente que quiero: “Mucho”. Cuando estamos en Alcossebre me gusta observarlo trabajar —no me refiero a escribir, debe ser aburridísima la escena: sencillamente dos amigos escribiendo— sino a cómo gestiona todo el infinito de cosas que trae su quehacer en la revista; gestionar entrevistas, compañeros (cada uno con sus movidas), entregas, egos (él no tiene de eso), expectativas, números. Pero especialmente personas. Su sector (que es el mío) vive en un constante filo de navaja, pero su aplomo carga el aire de calma, arrulla la incertidumbre. Voy a resumirlo en tres palabras: lo hace fácil.
Ayer por la tarde (fue un día de mierda, que acabó con la grúa y un taller a las afueras) me dijo Laura que en realidad el año —según el calendario chino: más fiel al latido de la naturaleza— …

