El hombre que debería ser
Siempre que tengo sesión de terapia Laura me pregunta antes: “¿Llevas algo preparado?” Sonrío. Pues claro que no, amor mío. Supongo que el hombre que debería ser se curra antes las sesiones, organiza los temas con tiempo, las aprovecha que es una práctica que siempre he sentido muy lejana: ¿Qué es aprovechar las cosas? ¿Cómo aprovecha uno la mañana? ¿Haciendo cosas o abrazando la pereza?
El hombre que debería ser desayuna un bowl con kéfir, un puñado de arándanos y a lo mejor un plátano. Es corresponsable, no baja nunca a dar un paseo sin protector solar (también en invierno), llama a sus amigos el día de su cumpleaños, recicla concienzudamente porque There is no planet B, no vive pendiente del pasado —ni del futuro —cuida su cuerpo porque, como escribió Will: “Nuestros cuerpos son nuestros jardines; nuestras decisiones, nuestros jardineros”. Pero yo no soy ese hombre.
En la sesión (a la que llegué sin guión, como he llegado a casi todas las islas en mi vida) Max me habla de los cinco …

