Cosas que no sabía y ahora sí sé
A Laura la regla le afecta muchísimo —especialmente sus dos primeros días, es una de las consecuencias de su trastorno hemorrágico. Pierde mucha sangre en cada periodo, no puede estar dos horas sentada sin manchar la silla (una vez nos pasó en el restaurante de Maca de Castro) me es difícil (imposible) imaginar en qué se traduce ese baile de hormonas, el mundo patas arriba, el abatimiento, la melancolía. Pero esta mañana ha sonreído, es que le he enseñado un vídeo de Scrat, aquella ardilla obsesionada con una bellota en las pelis de Ice Age. Me fascinaba su determinación, no existía nada más en el mundo que su objeto de deseo, pero (casi) nunca la alcanza. Es una buena metáfora de que a veces nos perdemos en nuestras obsesiones. Una de las secuelas arranca con una escena muy El Guateque de Blake Edwards (una de las películas favoritas de mi padre): comienza con Scrat tratando de esconder su bellota (tanto que la deseabas… ¿y ahora la quieres esconder?) en el corazón de una montaña, bajo un bloque de hielo, pero enterrándola abre una grieta. Esa fisura horada el suelo hasta el núcleo de la Tierra, causando la separación de los continentes.
Todo lo que hacemos; cada pequeña elección, cada camino elegido, tiene su eco en el futuro. Es abrumador pero también una enseñanza poderosa.
Creo que esa es una buena forma de definir la ceguera emocional: pensar que tus actos no tienen consecuencias. Es una lección que he aprendido hace no tanto. Nada es inocuo.
La vulnerabilidad es la llave de muchísimas puertas. Pero hay que atreverse.
Hablo con Bea, nos vimos en la comida de las Cardoners: “También me cuesta mucho decir que no, estoy aprendiendo cada vez más a no ponerme en situaciones en las que no deseo estar”, me recomienda una columna de Belén Gopegui en torno a Carmen Martín Gaite, es para enmarcar: “El no puede ser pequeño como un anillo o grande como la copa de un árbol. Puede ser muy difícil o sólo un poco difícil. Pero siempre os hace desaparecer, igual que las novelas, igual que las noticias”.
No siempre es el camino difícil el que esconde la ruta hasta la isla del tesoro.
Ayer leí esto, es de Yunus Emre: “I am the drop that contains the ocean”. No eres una cosa, eres muchas cosas, no sufras por cambiar de opinión, por contradecirte, por equivocarte.
Es mejor bailar que no hacerlo.
Vi un par de conciertos de Los Planetas en mi adolescencia, pero he conectado con ellos ahora, treinta años después. En No es lo mismo, Jota canta con La Bien Querida: “No es lo mismo estar vivo que vivir”.
Uno de los símbolos de la editorial Destino (donde se han publicado tanto Buscaba la belleza como Vivir sin miedo) es una áncora junto a un delfín. El origen es una locución del emperador Augusto, el oxímoron Festina lente: Apresúrate lentamente. El áncora es la permanencia, la tierra, la reflexión. El delfín es el movimiento, la incandescencia, el corazón.
Apresúrate lentamente. Eso también lo he aprendido hoy.
“No es bello porque sea estético, es bello porque es verdadero. Y eso lo hace estético”, Cañada tiene razón.
Mi mamá ha empezado a escribir una carta, cada día, con setenta y ocho años. Es una de las cosas que le ha recomendado Irene, su neuróloga, para tratar el principio de demencia senil. Un texto manuscrito, cada día, tras el segundo café. Primera lección: somos hijos de nuestros padres. Segunda lección: no es tarde.
Escribe tan solo de las cosas que hace: cuando limpia la chimenea, cuando hace frío, cuando barre la hojarasca del porche, riega las plantas, ha parido una perra, ayer cocinó una tortilla con guisantes. Le digo que me interesa más lo que escribe que la mayoría de textos que se publican. Se ríe, piensa que estoy broma porque nunca estudió, sé que se siente menos por eso. La cuestión es que lo digo en serio.
Es bello porque es verdadero.
Últimamente pienso mucho en esta frase de Ava: “Nothing will change your life more than saying what you actually want to say”.
No cuesta tanto decir buenos días, ni dar un abrazo, ni pedir perdón.
Lo único que cura la herida es el hierro que la ocasionó.
Cada día se abre una grieta.



Me has hecho llorar!
Mi papi (cada día te pienso) era la persona más auténtica que he conocido nunca. Su forma de vivir y mirar la vida nos enseñó que ser de verdad, es lo único que te permite sostenerte y nunca caer. El camino ya está marcado por esa esencia de valores y actos basados en una línea de vida que fue su grieta, la que heredamos, la misma que arreglamos y volvemos a abrir. 🤍
A mi también me has hecho llorar Jesús.
Que bello tu madre escribiendo una carta cada día describiendo lo que hace.
Me quedo con muchas frases pero esta me parece brutal: "Creo que esa es una buena forma de definir la ceguera emocional: pensar que tus actos no tienen consecuencias."
Y esta carta Jesús, me transmite una vez más, la importancia de expresar lo que se siente y que nunca es tarde para absolutamente nada :)
Un abrazo Laura, espero que estés mejor y otro grande para ti Jesús!