Cosas caras y cosas baratas
Cosas tan baratas como valiosísimas: sin ir más lejos la cantidad de mensajes bonitos que me habéis hecho llegar en torno a aquel Calderilla. Qué poco cuesta un mensaje y qué de felicidad es capaz de generar, ¿verdad? Como una enredadera de cosas bonitas, como una turbina emocional. Por eso, ante la duda, hay que mandar ese mensaje (¡mándalo!). La cuestión, que estos días (andaba en Oviedo, me volvió a tocar ser jurado de los World Cheese Awards: la vida es extrañísima y maravillosa a veces) he estado pensado en cosas caras y cosas baratas. Así a lo bestia. Y es que qué confundidos estamos a veces con lo barato y con lo caro.
Cosas caras, indecentemente caras pa lo que son: volar en Ryanair, poliéster en marcas fetén, el cava barato, tanto tiempo perdido hablando de dinero (qué peñazo la gente con el dinero en la boca). Cada minuto que pasas en compromisos que en realidad no te apetecen (cada segundo perdido ahí cuesta un trillón), las colas en el bufé del desayuno, esos patanes incapa…

