Lo repito tanto (como un mantra) porque, supongo, me cuesta llevarlo a buen puerto en mi día a día: no hay nada más importante que alegría. Ni la felicidad, ni el placer ni desde luego el éxito. Estos días nos lo recordó Inés Martín (Las formas del querer), con aquella frase de Spinoza: “Hacer las cosas bien y perseverar en la alegría”. Tan fácil y tan difícil. Hacer las cosas bien (paso a paso, cosa a cosa, no hay prisa) y perseverar (sin descanso) en la alegría. Estos días florece el alazor. No conozco otra receta contra el desencanto.
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