Celofán en los pies
Volver allí; entrar de nuevo en aquella habitación que creías cerrada, o mejor: limpia, impoluta de pecado, desinfectada de tu propio pasado, de tus mierdas y de las mierdas de todos los que venían detrás; ¿estamos condenados a repetir los conflictos que arrastran nuestros padres y vuelcan sobre nosotros? Mi padre dedicó buena parte de su vida a huir, a construir una familia (su familia) desde el exilio emocional, demasiado tiempo viviendo preso del desafecto y de lo que se supone esperaban de él —supongo que era normal el desenlace: depositar cada hálito de la vida que le quedaba en sus hijos, dejarlo todo atrás porque no existe nada más que el futuro. Demasiada carga para dos niños que solo esperaban del mundo un juego.
Hasta hace no tanto yo funcionaba así, negando el ayer: no existe el pasado y la vida no es más que la incandescencia que está por venir; lo de atrás quedó atrás y aquella (entonces) certeza de que el pájaro no es del nido en el que nace, sino del cielo en el que vuel…

