Cansado
Los días se alargan y la liturgia del atardecer se deja caer sobre esta vida nueva, pero yo estoy cansado. Se acerca mi época favorita del año (la primavera tardía y el comienzo del otoño; el fin del renacimiento y las primeras hojas secas, ¿que sacaría mi terapeuta de todo esto?) y dentro de no tanto la noche de San Juan levantará la falda del desaliento, miles de hogueras alumbrarán la noche más breve del año y dejaremos un matojo de hierbabuena en la ventana, como las viejas y los santeros.
Todas las tardes paseamos sobre la arena (lo contrario a la enfermedad no es la salud, es el mar) y yo me siento pequeño, minúsculo en esta realidad que cada día parece más ajena: hacemos lo que tenemos que hacer, pero cómo cansa este vivir dócil. Cae la noche en casa, miro al cielo y busco las constelaciones: Perseo, el Cisne, Andrómeda y Casiopea; nuestro planeta no es más que una mota de polvo en la inmensidad de la oscuridad cósmica pero qué grandes parecen nuestras mierdas —se supone que deb…

