Cada día es un milagro
Cada día, este vértigo frente al abismo. La semana pasada escribí que todos los días, cada día de nuestra vida, rozamos la tragedia. No lo decía exactamente por mí, era tras el impacto emocional del incendio que costó la vida de diez personas y de al menos un centenar de mascotas. Nos encogió el alma a todos. Yo entonces no lo sabía, pero la sombra ya acechaba en la familia, llegó el frío como un alud. El lunes se nos cayó el mundo encima. Llevamos a Tractor a su veterinario tras unos días apático, de tanto en tanto vómitos de color mostaza, algo pasa. Vuelvo al trabajo. Hasta que sucede la llamada. “Venid a por él” —cada palabra es un tajo. Tiene una crisis renal aguda, la creatinina a 14,9 (el máximo es 1,6) y sus riñoncitos prácticamente inservibles. Tiene ocho años. Se cuela en la conversación el eufemismo más terrible del mundo: “dormirlo”. No puede ser.
Vuelvo a casa. Laura se rompe tan adentro que cruje el suelo, su llanto nace desde un lugar donde no llega la luz, ya nunca más …

