Es algo que hablo mucho con Alberto estos días, ya no tenemos tiempo que dedicar a cosas por las que no merece la pena perder el tiempo; a tomar por culo los libros a medias que sabes que no terminarás y ni te cuento con las personas (a estas alturas, intuyes más pronto que tarde quién sí y quién no) que no están aquí para sumar. Yo solo quiero cerca seres incandescentes, como los locos de Kerouak: “esa gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas”.
Escribo a Manuel (Vicent) para mandarle recuerdos y no guardarme nada: sus artículos son una -una más- tabla de salvación estos días, y precisamente estos días recuerdo aquella maravillosa oda suya a la vida titulada Resucitar, “creer que mientras vives no estás muerto es solo una bella suposición, puesto que mucha gente muere antes de morir y no se da cuenta. Si de madrugada, despierto en la cama, estiras una pierna hacia el lado fresco de la sábana y no sientes placer, es que estás muerto”.
Es un miedo terrible que ha atravesado mi vida demasiadas veces: el pánico a los lugares comunes, el stand by, la muerte en vida —y es que pienso y siento exactamente lo mismo que el autor de Son de Mar en torno a este vértigo que no periclita; si cada día es más importante la ruina del telediario que la piel de la persona amada, es que estás muerto. Si no estás conmovido, ni sufres ante el dolor ajeno ni le gritas al mundo lo que sientes y eres por el miedo al qué dirán, es que estás muerto; si en un atardecer frente al mar no llenas tu cuerpo, tu ropa y tu pelo de arena y agua salada, es que estás muerto. Si no has conducido un sábado cualquiera cuatrocientos quilómetros para comer con un amigo, es que estás muerto. Si no has bebido y amado bajo la luz -bellísima- de la luna llena una noche de verano, es que estás muerto. Vivir antes de morir. Arder como arañas entre las estrellas.



Cierto, tan cierro como respirar! Bonito a rabiar!
que bonito, joder.