A salvo
Eran exactamente las 14:26 h de la tarde, lo sé porque he vuelto a aquella conversación de WhatsApp, fue un mensaje escueto, era Laura: nada más que la fotografía de un lienzo y tres palabras. “Se ha roto”. Acabábamos de sentarnos, mi acompañante (Toni, un amigo que escribe anuncios) y yo, en la mesa del fondo de Agreste, junto a la ventana que da a Funoses Llussà. No podía ser, pero fue; miré tan solo un segundo, amplié la imagen con el pulgar y el índice, ahí estaba: un tajo sobre el paño, un corte indisimulable, un puñetazo en el ojo. Imposible mirar a otro lugar —una cicatriz en una de sus obras, todavía no expuestas. ¿Qué hacemos ahora? Acabamos de llegar a Barcelona, mañana será la inauguración en el Hotel El Palace Barcelona, la vernissage que acogerá a amigos, prensa, personas sensibles que han venido (algunas, desde muy lejos) para estar con ella este día. Pero se ha roto un cuadro.
Termina la comida, subo al taxi, llamo a Laura. Está jodida. ¿Cómo ha podido pasar? Ha sido dur…

