Guía de manipulación sentimental · Capítulo 7º: La distancia
09.02.2008 | Psicología | 20 Comentarios

The girls are weird.
“Las chicas son raras, muy, muy raras.
Porque se visten de maneras extrañas, porque imaginan mundos que no existen,
porque juegan a atormentar a sus muñecas, porque toman el té en tazas de plástico,
porque escriben sus sueños en una libreta,
porque hacen pastelitos de extraños colores, porque lloran, porque tienen muñecos de trapo…
Las chicas son raras porque no son chicos.”
Adhuc tempus. Otra historia de princesas y ego.
Sé que en tu interior yace un Indiana Jones.
Un rudo vaquero inhóspito pero sensible dispuesto a conocerla tan profundamente como nadie ha hecho jamás.
Dispuesto a llegar donde nadie ha llegado.
A plantar tu bandera y fajar su récord de polvos.
Hasta el infinito y más alla.
No por ella, no nos engañemos.
Es tu puto ego de machito. Ese que presumes no tener.
Sí. El mismo.
Es tu arrogancia. Esa que brilla cuando aprietas el acelerador o destrozas su conjunto de Women Secret.
Bien.
La arrogancia es una compañera de viaje bastante molesta.
Deshazte de ella.
Manda a tu ego a cagar y tu entrepierna lo agradecerá.
¿Tu arrogancia paga las facturas?
No
¿Te puedes follar a tu arrogancia?
No que yo recuerde.
Si lo que pretendes es satisfacer tu ego mejor cómprate una Harley o depílate las pelotas.
Distancia, bisoñé y luces apagadas.
Entiendo que la imagines como el Everest y a tí como a Sir Edmund Percival Hillary.
Pero cojones. Ni ella te lo está pidiendo ni tampoco es necesario.
Distancia.
A veces la mejor arma es el desconocimiento.
Lo más probable es que esté hasta la polla de listillos borrachos interesados en su horóscopo, sus películas favoritas y la obra de Benedetti.
Buitres de la peor calaña.
A veces la mejor manera de decir algo es cerrar la puta boca.
Guía de manipulación sentimental · Capítulo 6º: el hombro amigo
12.01.2008 | Psicología | 54 Comentarios

Tarde o temprano ella tendrá una crisis.
Y vamos a partir de la base de que tú, pequeño cabroncete internauta, has hecho lo correcto hasta ahora.
Has estado en tu sitio, paciente como un buda pero retorcido como una zorra.
Eso se traduce en lo siguiente:
· No has sido un plasta ni le has dado la brasa por el messenger ni se lo has dejado excesivamente claro.
Lo de que te la quieres cepillar, I mean.
· Has sido atento.
Regalo en cumple. Felicitación en santo. Maldita sea, hasta un regalo sin avisar. Porque sí, porque tú eres así y no necesitas que sea ningún día especial para acordarte de ella.
Diantres, hasta te has preocupado por la salud de su familia si ha sido necesario.
Tú. Que ves a tu madre en navidad. Manda cojones.
Bien hecho.
· Le has aconsejado algún libro del estilo “creo que te va a gustar”.
Porque ey, tú la conoces.
Odias a Alonso y a Messi.
Paciencia, WarGames y carne a la piedra.
Aun con la crisis, no tienes nada.
Un paso en falso y lo joderás todo.
Ab unguibus leo.
Ha perdido una torre.
Nada más.
1- Tienes que escuchar como un cabrón.
No importa que el taladre en cuestión sea más aburrido que una peli de Godard.
Que lo será.
Tú atento y cara de interés.
La que pondrías viendo a Messi.
2- Debes de intentar ayudarla.
Me refiero a solucionar los problemas con el manso.
Ya habrá tiempo para él y para las banderillas.
Esto la desconcertará y eso queremos.
Desconcierto.
3- Enroque.
Alguno de esos días de café Mocca y horas escuchándola debes de enrocar vilmente.
De repente, estás jodido.
Hundido.
¿Por qué?
No importa.
Ella activará su modo “Instinto maternal™” del palo “qué egoísta soy, yo preocupándome por gilipolleces y él estaba jodido“.
Ja.
4- Cargad, jinetes de Rohan.
Sin prisas.
Clos Martinet. Carne a la piedra. Humo. Errores. Grey Goose. Secretos.
Y que el amor nos cosa a hostias.
Guía de manipulación sentimental · Capítulo 5º: Blitzkrieg o la técnica antiamiga
13.11.2007 | Psicología | 53 Comentarios

Existen varios momentos extremadamente delicados en la vida de un hombre.
El primer gatillazo.
La primera hostia.
La primera gorda.
Pero hay uno especialmente despiadado y sutil que, me temo, reconocerán con singular crudeza.
Me refiero a ese preciso instante en el que una pseudoamiga cruza la línea que la convierte en amiga y la aleja para siempre del polvo que estabas esperando.
Es una línea fina e incomprensible que se cruza sin más, de repente. Chas.
Ni Rubicón ni hostias.
Un día, porque sí, sabes que es tu amiga.
Estás jodido.
Blitzkrieg · Una fábula de cojones y excusas.
Es prácticamente imposible calibrar cuál es el momento exacto en el que tiras por el retrete semanas de capuccinos, mentiras y palique tras el cual no sólo no te la vas a follar sino que además como premio extra te comerás todos sus futuros marrones sentimentales.
¿Solución?
La Blitzkrieg (en alemán, literalmente guerra relámpago) es un nombre popular para una doctrina militar de ataque que implica un bombardeo inicial, seguido del uso de fuerzas móviles atacando con velocidad y sorpresa para impedir que un enemigo pueda llevar a cabo una defensa coherente.
Ante el menos atisbo de cariño*, All in.
Ataque inminente, los cañones de Navarone, cuchillo en los dientes, trapío, casta, estoque y capote.
Sé que jode.
Pero piensa en la alternativa.
Guía de manipulación sentimental · Capítulo 4º: El principio brinkmanship o el arte del farol
02.10.2007 | Psicología | 22 Comentarios

El principio Brinkmanship nace en plena guerra fría.
Años 60. Administración Kennedy. Nikita Kruschev. Un huevo de misiles nucleares y el resto del mundo acojonado por si uno de los dos bandos apretaba el botón rojo.
No todo el mundo, claro.
La otra mitad llevaba barba, fumaba hierba y pensaba que el mundo que iba a dejar a sus hijos, pequeños cabrones ignorantes, iba a ser de color de rosa gracias a sus pancartas y a Lluis Llach.
Y mírate ahora. Haciendo cola en Ikea y preocupado por si tu hijita se la chupa a ese gótico con el pierde el tiempo.
Que os jodan.
El principio Brinkmanship consiste en hacer creer al enemigo por medios diversos (por ejemplo diplomacia) que se está dispuesto a medidas extremas antes que a ceder, con el objetivo de hacerle retroceder y obtener de éste concesiones ventajosas.
Eso es.
Un farol.
En todo conflicto sentimental late una contienda mayor por leve que sea la bronca.
A medida que el conflicto se encrudece se despliega la artillería y, tarde o temprano, uno de los dos desenfunda el puto botón rojo.
Bajo la inocente superficie de cada pequeña bronca yace el miedo a la ruptura. Al fin.
Casus belli. Es la hora de las tortas.
Uno de los dos tiene más miedo a perder.
Ese está jodido.
Así de sencillo.
No se trata de quién tiene más o menos que perder.
Qué cojones, allá cada cual con sus valoraciones y su conciencia.
Como en el póker. Importa un carajo qué cartas tienes. Sólo importa las que parece que tienes.
Qué mierdas importa si me desplumaste con una escalera de color o con un puto farol.
Me desplumaste. Eso importa.
Colega, si no sabes echar un buen farol te quedan muchas broncas que perder, mucha mierda que tragar y muchas horas esperando a que salga del puto probador.
Guía de manipulación sentimental · Capítulo 3º: “La conexión”
02.09.2007 | Psicología | 24 Comentarios
No se pueden imaginar la candela que he recibido por culpa de vuestra añorada “Guía de manipulación sentimental”.
Me han crucificado en los foros de Vogue.
Jodidas Chicas Cosmo.
Pues bien, dos tazas.
Recapitulemos:
- Capítulo 1º: El enroque.
- Capítulo 2º: “Lo siento”.

Conexión es el macguffin.
Existe una frase mágica en toda vil cacería.
Lo más probable es oírla en mitad de la noche. Hendrick´s en mano. Tras una estudiada cena y un par de conversaciones:
- “Jo, Nico, parece que nos conozcamos de toda la vida…”
Entonces está hecho, querido lector.
Ya te puedes relajar.
Probablemente dos horas después sólo vean su espalda, la cabecera de un futón Ikea y una pared color hueso con una estúpida lámina de Audrey Hepburn.
Ya me entienden.
At my signal, unleash hell.
Me he dado cuenta de un pequeño detalle.
No encajamos con alguien por las cosas que amamos, sino por las que detestamos.
Nos unen nuestros odios.
No me malinterpreten.
La técnica “Todos dicen I love you” de parecer un entendido en U2 y la obra de Isabel Allende* no es mala. Pero es hora de pasar al siguiente nivel.
La conexión real nace del odio.
Averigüen que odia.
Ódienlo ustedes también.
Ódienlo de la forma más apasionada, infantil y descarnada que sepan interpretar.
Redios, que parezca que James Dean y todos esos payasos del método Stalivnasky son Ben Affleck a vuestro lado.
Guía de manipulación sentimental · Capítulo 2º: “Lo siento”
03.07.2007 | Psicología | 24 Comentarios

Orgullo gay. Madrid Europride 07.
Música. Danza. Zerolo. Eufemismos. Derechos, banderas y “10 kilómetros de orgullo”.
10 kilómetros de orgullo. Ese es el problema, amigos.
Me importa un carajo el día del orgullo Gay.
El orgullo siempre es innecesario, sea cual sea la bandera del orgullo: soplar nuca, ser extremeño o invadir Polonia, ¿qué importa?.
Siempre sobra.
No es una cuestión de espiritualizad ni chakras ni gaitas Zen. Les aseguro que el arriba firmante es el fulano menos Zen que conocen.
Es una cuestión de práctica.
¿Reivindicaciones y revoluciones? No me jodas.
La única revolución que nos queda, lejos ya de Serrat y los putos adoquines, es la revolución individual.
La de Tom Waits, Gaiman o Buster Keaton.
“El grupo es una entelequia. La persona, no.”
Y esa revolución, queridas lectoras, está perdida.
10 kilómetros de orgullo. Esa pesada carga.
La otra batalla, la de las sábanas y la indiferencia, nunca la ganarás si no prescindes del orgullo.
Ya lo sé. Debajo de ese gafapasta afectado y sensible hay un Benicio del Toro orgulloso y épico.
Sé que jode pedir perdón y sé que jode poner el culo.
Pero ey, piensa detenidamente. Mira a tu alrededor. Pocos hombres saben pedir perdón.
Vale, algunos sí. Pero a regañadientes y chantajeados por un mísero polvo.
Dí “lo siento” y joderás su pose de zorraindependiente Carrie Bradshow.
Toda mujer, por rubia y tonta que sea tiene dentro muchas mujeres.
Qué diantres muchas, tiene dentro todas las mujeres: una Paris Hilton, una Virginia Woolf, una Pilar Bardem (si, yo también lo siento), una Mónica Bellucci (está, amigos, en algún lejano y recóndito lugar pero está), una princesita…
Y este es el momento de apelar a la madre que todas llevan dentro.
Un “lo siento” en el momento adecuado apela a su “yo” más íntimo.
Apela a la genética, a los recuerdos, a los vestiditos de Barbie y a miles de años de injusta, vale socialización machista.
No importa lo roja y alternativa que sea.
Queridos lectores, alguna vez fue niña y soñó con príncipes azules y pequeños cabrones revoloteando alrededor del perro de Scottex en un chalet en Altea con vistas a las rocas. Apartadito, eso sí. La playa es para garrulos y cajeras de Carrefour, you know, darling.
Alea iacta est. Tú mueves, colega.







