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Un deseo que nacía de una idea profundamente arraigada en lo más íntimo de mi ser: la importancia del viaje debía medirse por el miedo que me causaba emprenderlo

Lo escupió el viejo Mailer unos años antes de clavarle un cortaplumas a su mujer por decirle, la muy puta, que era maricón. Eso no está bien.
Bueno, por eso y por las tres botellas de Bourbon que se enchufó el pequeño cabrón.

Viajar es un coñazo.
Y también es uno de los mejores placeres que nos quedan.
Supongo que depende de muchas cosas.
Supongo que en el fondo importa una mierda donde vayas. Sino quien vaya. Y si eres un coñazo el viaje será un coñazo.
Viajar es olvidar. Es volver a empezar. Es huir hacia el único sitio donde merece la pena huir. Hacia adelante.
Viajar es callejear. Perderte. Rescatar momentos que serán recuerdos. Que serán boyas a las que aferrarte cuando el resto sea gris y los silencios reproches.
Y al final, no quedan más que los besos que dimos.

Una ciudad un día.
O todo o nada.
Ni agencias ni monedas ni fuentes ni fotos.
Hacer una foto no es guardar un momento. Es perderlo.
Un breviario para cada ciudad. 24 horas. Ni una más. Un día perfecto. Las tascas, copas, vinos, cafés, librerías, mesas y sombras que nos reconcilian con nosotros mismos.
Abrimos fuego a mitad de camino entre el infierno y el cielo…
Rompemos la baraja con Madrid:

madrid

· Desayuno en Café Gijón.
Café con leche, croissant, zumo de naranja, tostadas con tomate y negro sobre blanco. Del Pozo, Marías, Gistau. Importa un carajo.
Olor a tinta y a papel. Olor a madera a tradición y al sabor de las cosas que no cambian.
Ni maldita la falta que hace.

· Aperitivo en La Latina.
Cruzando por Montera, la calle de las lumis, los chulos y el puto McDonalds de Popy B.
Pisar Madrid y no hincarte un vermú viendo como pasan las horas y los problemas significa perder la mañana y el día y el resto de tu vida, si me apuran.
Por ejemplo en la Taberna Angosta (c/ Mancebos 6). Mesa en terraza, canapé de brandada de bacalao y tostadas con mousse de ave al vino blanco.

· Dry Martini en Café del Nuncio.
Subiendo por Segovia. Cafetería castiza de estampados en rojo muleta y manteles con encaje. Gatos de pañuelo en solapa y el mejor café que he probado en meses.
Ni Nespresso ni Lavazza ni pollas.
Café de grano y propina.

· Callejeo por chueca y Panta-Rhei.
No todo en la vida es hinchar el buche y castigar el hígado. Y si esperan que les lleve a hacer cola en el Prado mejor cambien de canal. A La Netro o a la guía del Trotamundos o a donde les rote.
Sólo tenemos un día.
Y hacer cola es una mierda insoportable para cualquier hedonista que se precie.
Ya puede esperar Sophie Marceau al final de la misma con un Cheval Blanc y los papeles del divorcio. Colas no. Nunca. Las colas son para cajeras de Carrefour y lunas de miel en crucero pagado a plazos. Por el mediterráneo.
Callejeo por chueca y libros en Panta-Rhei.
Cómics para dártelas de interesante y libros para modernos con ínfulas de Terry Richardson.

· Cañas en Malasaña.
Ya saben lo que opino. Y si no lo saben, agárrense los machos.
La cerveza es un mejunje para bárbaros y descerebrados. Que sí, que en el Club del Gourmet venden cerveza y tostadas y negras y demás cháchara.
No obstante, es posible que les acompañe alguien gustoso de joderse una caña (allá ustedes y sus compañías) y esta partida se juega mejor acompañado.
En La Ardosa (c/ Colón 4) tiran las mejores cervezas del reino.

· Cena en el Mercado de la Reina.
Nadie sabe hacer bien una jodida tortilla de patata.
Y mucho menos las madres. Las madres están terriblemente sobrevaloradas como cocineras.
En el Mercado de la Reina (C/ Gran Vía, 12) saben hacerla. Con cebolla caramelizada. Y también saben hacer revuelto de tortilla con chistorra y queso de cabra.
En la planta de abajo, Gin Club y Thelonious Monk de fondo. Cremita.

· Gin Tonics en ME by Melia.
Tanqueray Ten. G-Vine. Martin Millers Westbourne. Hendrick´s. Fever tree.
Un Gin Tonic casi perfecto.
Las mejores vistas de Madrid y la luz de una película de Michael Mann.

Y aquí paz y después gloria.

festival_jazz_palau
La Fórmula 1 es un coñazo.
No entiendo qué demonios es tan apasionante mas allá de la prometida de Briatore.
Menuda jamelga.

Valencia no es sólo flores, laca y humo.
No obstante, si esperan que me calce una palestina y una pancarta se equivocan de sitio, amigos.
Segunda puerta a la izquierda, y aquí paz y después gloria.
Además, no sé de qué se quejan. Lean un poco, coño.
Historia y tal.
Valencia, históricamente, no ha sido otra cosa que un puerto comercial donde se bregaban los asuntos mercantiles y marítimos de media europa.
Líneas de navegación con puertos de Italia, Europa Occidental y el Norte de África. El puto puerto más importante de Ejpaña.
Imaginen las juergas que se corrían en el Cabanyal, con lo peor de cada casa de medio mundo.
Ya ven, ni reyes ni marquesas ni música de cámara.
Queridas lectoras valencianas, a vuestras tatarabuelas se las cepilló algún marinero genovés hasta las trancas de Ron barato.

Nuestros antepasados son piratas, putas, comerciantes, fariseos, alcahuetas, brecheros y morralla de ese palo. Pueblo de jarana y “tráigame otra ronda, señora“. Pueblo de pase usted y faca por la espalda.
Pero de buen rollo, no jodamos.
Lo tenemos impreso en nuestro código genético como una vallisoletana tiene esparto y honra.
Que sí, que son de fiar pero son un coñazo y unas estrechas.

Jazz, Herbie Hancock y Citadelle.
El Festival del Jazz se celebra en El Palau de la Música del 7 al 19 de julio y siempre merece la pena.
Herbie Hancock, Cassandra Wilson, Chick Corea, Gilberto Gil, Johnny Winter o Madeleine Peyroux.
· Supongo que Herbie tocará versiones de River: The Joni Letters, el álbum con el que el negrata ha ganado este año el Grammy al disco del año.
· Madeleine viena a ser algo así como la musa de las Chicas Cosmo que van de bohemias. Ya saben, “g, que me gaste cuatrocientos euros en un bolso y tenga esteticien personal no quiere decir que no sepa quienes son Alan Moore y Keith Jarret“. Jodidas listillas.

Restaurantes recomendados cerca del Palau.
El objetivo es sencillo: que tú salgas doblado del restaurante y ella con cara de “¿Ahora un puto concierto de una sosa lánguida? Vamos a tu casa, anda…” y tú, que eres muy digno y muy así, mantienes tu pies clavados en el coso que ni José Tomás. Aguanta. Ya habrá tiempo para obscenidades.

· A Fuego Lento.
Antiga Senda de Senent, 3.
T. 963 371 956.

A cuatro pasos del Palau.
Miguel, propietario también de La Montaraza (de las mejores carnes de valencia) es atento sin ser tocapelotas, la carta de vinos es aceptable (sin más) y la carne más que digna.
La terraza es bonita de la hostia.
Velas, mesas amplias donde los de al lado no escuchan las guarradas de turno y macetas gigantes.
Colega, si después de invitarla a cenar en esta terraza y escuchar en directo a Madeleine Peyroux no le pegas cuatro polvos antes del desayuno tienes que plantearte muchas cosas.
Dejarla en su casa y largarte a Venial a bailar como una loca, para empezar.

· Restaurante Envero.
C/ Eolo, 7.
T. 963 60 11 11.

En mi humilde opinión hoy por hoy una de las mejores opciones en cuanto a nouvelle cuisine en la capital del turia.
Amparo dirige la sala que ni Naty Abascal los Gin Tonics y el menú degustación es notable. Más que notable.
Quizás cargan un poco demasiado los vinos y quizás la carta es previsible.
En cualquier caso previsible no tiene por qué ser negativo.
Las tetas de Monica Bellucci son previsibles.
¿Algún problema?

Festival Cinema Jove 2008.
Este año la programación de Cinema Jove es una puta mierda.
Así que ustedes mismos.

He intentado acabar con esto.
Ya saben. Los prejuicios, el alma femenina y todo ese rollo.
Pero en el fondo ni ustedes ni yo queremos que esto termine.
Así que dejémonos de preámbulos divertidos innecesarios y volvamos a la trinchera:

femenina

Tipología 6. La alelada soñadora.
Es difícil definir a una soñadora.
Si algo caracteriza a una alelada soñadora, es que nunca acaba lo que empieza.
Es volátil así que es difícil definir qué gustos tiene.
Es probable que en su pared cuelgue una lámina de Amelie. Pero no os extrañe que le apasione el cine de Rohmer o Gustav Klimt.
Un día se baja toda la discografía de Devendra Banhart y otro día le da por los boleros.
En pocas palabras:
Está como una puta cabra.
En su retorcida mente eso se traduce en que no la entiendes.
Así que paciencia, colega.

Siempre, siempre, siempre tiene la cabeza en otro sitio.
Si algo la define, es ese aire de distracción y ensimismamiento.
En el fondo tiene suerte, la zorra.
Observándola detenidamente mientras toma un café en Starbucks puede parecer que está pensando en algo terriblemente misterioso e interesante.
Pero no.
Nada más lejos de la realidad.
Lo más probable es que esté pensando en la curiosa forma del terrón de azúcar o en qué calcetines comprarse.
O peor. Simplemente en nada.

Así que para una mente masculina (bonito eufemismo) poco entrenada la soñadora es una peligrosa adversaria.
Tú creerás que te estás cepillando a una femme fatale misteriosa y con secretos inconfesables.
Creerás que tiene un oscuro pasado de drogas, sexo y hombres peligrosos para finalmente acabar redimida en tus brazos.
No te jode.
Me gustan las mujeres con pasado” decía el marica de Wilde.
Él no tenía que aguantarlas.

Recomendación gastronómica:
Es fácil. Debes centrar tus energías (tu pasta, quiero decir) en el entorno.
No es necesario invertir en estrellas Michelin o en estúpidos regalos.

Busca un sitio extraño. Alejado. El tipo de restaurante donde Neil Gaiman le comería el tarro a Tori Amos.
Velas. Jardines estrafalarios. Platos originales. Máscaras. Circo. Enigmas.
Es rara. Pero no imbécil.
Así que no trates de impresionarla ni con tu dinero ni con tu talento.
Se la sudan las dos cosas.

Buscar restaurantes enclavados en la naturaleza.
Algo del estilo de Akelarre en San Sebastián o L´Escaleta, en Cocentaina.

Precio estimado del polvo:
2 cenas + 4 tokajis + 1 libro de Lechermeier y Dautremer + palique = 225 €

guia_michelin
Es necesario creer en algo.
Perdón.
No es necesario. Es útil.
Cuando no crees en nada terminas por relativizarlo todo y creyendo exclusivamente en tí mismo.
Todo es discutible.
La eterna duda y demás coñazo progre, ya saben.
Y un cuerno, querida.
Caótica Ana es una puta mierda te pongas como te pongas. Ni gustos ni cristal con el que se mire ni hostias.

Yo creo en la Guía Michelin.
Sé que tiene cuartos oscuros.
¿Y quien no los tiene?
No importa si crees en Miuccia o en el gato de Pynchon. En José Tomás o en Billy Wilder.
Creer significa poner el culo por algo y no hacer preguntas.
O al menos no hacer preguntas estúpidas.
Esas que casi siempre sobran.

Nouvelle cuisine, Song Of Faith & Devotion.
La guerra por las estrellas Michelin es encarnizada.
Sommeliers, chefs, cocinillas, putas y “artistas” reverencian la biblia gabacha esperando las notas de fin de curso con los dedos cruzados y el cepillo impaciente.
Todos. Desde los popes intocables a los que esperan su primera estrella como un gato en celo.
No creo que exista un sector en el que exista una unanimidad tan radical en cuanto a quién tiene en su posesión la “verdad”.
En breve hablará la presidencia y se hará pública la Guía Roja Michelin 2008.
¿Mi predicción?
Todo seguirá mas o menos igual y a Quique Dacosta le enchufarán la tercera.

Alea Jacta est.

can_fabes
“Somos una pandilla de farsantes”
Madrid Fusión es la más importante Cumbre Internacional de Gastronomía.
Los mejores cocineros vacilando de vanguardia, esferificaciones y pollas en vinagre.
En enero 2007 la montó bien gorda Santi Santamaría, alma máter del Racó de Can Fabes y Sant Celoni:
“Somos una pandilla de farsantes que trabajamos para distraer a snobs y estamos vendidos a la puta pela”.
Vale.
Son sólo palabras.
Pero hay que decirlas.

“La buena cocina se defeca”
Santamaría, como Felson el rápido o William Munny, probablemente nunca abandonó la vieja escuela.
Esa del portazo y las cosas claras. Esa del todo o nada y la fidelidad a uno mismo.
Quedan pocas cosas que merezcan la pena.
Una es no ser predecible.
Este tío dice que “sin una buena defecación no hay una gran cocina” y luego te sorprende con el mejor cuidado por el detalle que yo he visto jamás.
Cada centímetro de Can Fabes respira elegancia, belleza y lirismo.

¿El menú?:
· Aperitivos
· Apio nabo relleno de buey de mar con té de crustáceos
· Ostras y espinacas
· Crema caliente de calabaza con migas y huevos poché de codorniz
· Bogavante salteado con menudillos de pollo
· Berenjenas con pescado de mercado y cefalópodos
· Buey gallego y tuétano
· Ris de veau con remolacha
· Quesos Fabes
· Higos de otoño
· Pan con vino y azúcar, con helado de miel y moras
· Petits fours

¿Bebidas?
· Bollinger Special Cuvée Brut
· Pintia 2003
· Tokay dulce
· Sour de Belvedere, Fever Tree, limón, almíbar y cereza.

Santamaría y Grupo Salvaje. Se acabó el baile.
Los minutos en Can Fabes saben como deben saber las despedidas.
Saben a Miles Davis a cuero a tierra al sonido de la aguja mordiendo el vinilo.
A su tacón crujiendo en la madera gastada.
A barrica. A recuerdos.
A un tiempo que se acabó.

O tempora o mores…
Sea.

¿Qué pasaría si todos los blogs del planeta se publicaran sobre un mismo tema el mismo día?
Este es el objetivo del Blog Acton Day, una iniciativa que pretende unir a los bloggers por una causa común: el cambio climático.
Un tema, un día, miles de voces.

blog_Action_day

Me declaro carnívoro hasta la médula.
No me malinterpreten.
El arroz con curry y salsa de soja tampoco está mal.
Pero maldita sea, un chuletón de carne poco hecha me reconcilia con mi herencia genética y mis antepasados.
Aquellos de monte, orujo y puñetazo en la mesa.
Es escuchar la sal gorda crepitando en la piedra y pienso en largos inviernos, morenas altivas de curvas bigardas y la necesidad imperiosa de perpetuar la especie.
Ante un pedazo de carne bien regada desaparecen el stress, Kate Moss y la zorra de mi loquera.

El ciclo de la vida. Hakuna Matata, my friend.
Chicas. Olvidaos de preguntarle qué piensa de Kristen Dunst.
Si no se le encienden los ojos y los colmillos ante un chuletón de carne porteña no es vuestro hombre.
Sudario y puerta, querido.
¿Esperar a que él de el portazo?
Por favor. Él nunca se irá. No es de esos.
Ancha es Castilla. Vale.
Pero no tanto.

Las mejores chuletas · El ranking:

1º · Asador Alameda. Fuenmayor (La Rioja)
Rafael García Santos, crítico gastronómico, lanza la piedra y aquí no escondemos la mano.
Así que carretera, manta y chuletas.
Si Alan Moore cocinara supongo que lo haría así.
Vive dios. Qué chuletas.

2º · Lucio. Madrid.
Ni huevos estrellados ni hostias.
Churrasco de ternera y platos calientes.
Cava Baja. Matarromera del 94 y ese Madrid del “vuelva usted mañana, sálvese quien pueda”.
¿Alguien da más?

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