Ella no es fácil
26 diciembre 2007 | Enología | 37 Comentarios

Me gusta porque es única.
Porque tiene pasado. Porque espera el futuro como espera las canciones o los títulos de crédito.
Sin espera.
Porque vive cada día una vida.
Me gusta porque es sucia, porque sabe a cuero y a sudor y a promesas que dices sabiendo que no necesita escuchar.
Porque huele mas a tí que tú mismo.
Porque la imitan y porque, aún cuando tratan de hacerlo ocultando sus defectos, ella sigue siendo mejor.
Me gusta porque es honesta. Porque es seda y hierro. Me gusta porque vive en la tierra sin miedo a mirar a nadie.
Ni siquiera a sí misma.
Se llama Syrah.
El arte de la cata. 3ª parte: Las sensaciones en boca
20 noviembre 2007 | Enología | 31 Comentarios
En general, queridas lectoras, no sabéis usar la boca.
No se ofendan.
Hablo del paladar.
La verdad es que todos (ellas y ellos) somos un poco analfabetos sensoriales.

Las sensaciones en boca:
· Los sabores fundamentalmente son seis: dulces, salado, ácido, amargo, umami y metálico.
· Resumen rápido: dulce en la punta de la lengua, salado en los bordes laterales, amargo en la zona posterior (en el fondo), la acidez en los costados por debajo de los sabores salados.
· Cuando se cata un vino se debe tomar un pequeño sorbo (ya habrá tiempo para cogorzas) y mantenerlo en la boca el tiempo suficiente para que la lengua capte los distintos sabores.
· Importante: se debe aspirar un poco de aire. Esto oxigenará el vino en la boca y hará que se difundan nuevos elementos aromáticos vía retronasal.
· Las sensaciones gustativas están repartidas en la sinhueso y son las responsables de la percepción del vino.
Placer y matices. Credo quia absurdum.
Parece evidente. Pero la lengua se puede entrenar (obviemos los chistes, son demasiado fáciles).
Me explico. El placer casi siempre está relacionado con la capacidad de percibir los matices. Tanto en una persona como en una película como en un recuerdo como, por supuesto, en un vino.
Por eso es importante aprender a buscarlos:
Bebiendo. Oliendo. Equivocándote. Apuntando. Escuchando. Saboreando un brownie. Mordiendo una manzana ácida. Recordando.
En pocas palabras.
Viviendo.
El concepto de equilibrio. Paseíllo, oreja y rabo.
La belleza es equilibrio.
Y no.
No ve vengan con el rollo de los gustos y demás pamplinas progres.
Monica Bellucci está buena y Bimba Bosé no.
Si no podemos partir de esa sencilla base ya pueden ir pensando en picar espuelas y buscar otro sitio donde dar por culo.
Ha sido un placer.
En un vino el equilibrio lo es todo.
Y es en boca donde “redondeas” las percepciones previas (color y aroma).
El sabor, junto con el tacto, representa el final del camino.
Y a veces. Muy pocas veces. Todo encaja.
Cuando todo funciona. No sobra nada. Y nada destaca de manera agresiva. Todo es perfecto. Flow al máximo. Finca Dofí. Ocarina of time. Al Pacino. Píldoras Azules. Jane Birkin. Miles. Kind of Blue.
Estoy hablando de amor, cojones.
El equilibro es armonía y elegancia.
Y no debemos confundir elegancia con austeridad.
Un vino elegante y equilibrado puede esconder tras él miles de matices.
Miles de historias, sabores, secretos, pasado y, sobre todo, futuro.
El arte de la cata. 2ª parte: Aromas. Recuerdos y moléculas
29 mayo 2007 | Enología | 20 Comentarios
Recapitulemos:
- Preliminares: El olfato y el sexo.
- 1ª parte: La vista. Pantones y matices.

El aroma. Ad astra per aspera.
Tranquilas. El arriba firmante no es Robert Parker ni ustedes se presentan a la “Nariz de Oro”.
Así que obviaremos churras y merinas. Al grano. Besitos luego.
Nos saltamos el “pues a mí sólo me huele a vino”, si nos les importa.
Es mejor cerrar los ojos cuando “entras” en una copa. Así es más fácil aislarse y recordar.
Porque se trata de eso.
De recordar. De rebuscar en tu memoria recuerdos de olores, de situaciones, de momentos y de personas.
Consejos útiles:
· La copa ya está en la mesa. No la muevas. Agárrala por la base (no me malinterpreten), porque si no calentarán el caldo con la mano y la temperatura subirá unos grados. Y qué cojones, mola más.
· Aromas primarios. La primera impresión. Son los aromas procedentes de la uva. Fruta, flores y plantas. Los habituales pueden ser: mora, cereza, frambuesa, violetas, tomillo…
· Aromas secundarios. Es el momento de agitar la copa. Momento crucial. Y no lo digo por la cata.
Es el momento cool de la velada. Mejor imagínate que eres Sophie Marceau agitando grácilmente una copa de Don Perignon que Luz Casal a punto de engullir una pinta de cerveza. Ya me entienden.
Al agitarlo, el caldo se “rompe” y se desprenden aromas con más intensidad.
Los aromas secundarios son los producidos por la fermentación maloláctica (ni caso a esto): piña, plátano, yogur, leche… (a esto sí).
· Aromas terciarios. El bouquet. Mira que os gusta la palabra bouquet.
Son los aromas producidos por el envejecimiento del vino. Eso es, por la barrica. Los habituales (podíamos entrar en tipos de madera de barrica pero sería gastar tecla) son: regaliz, madera nueva, piel, chocolate…
En el vino se aprende como en la vida, mordiendo.
Saltando al ruedo, masticando, oliendo, tocando, ensuciándote las manos, escuchando y gritando hasta el silencio.
Los olores están en todas partes.
No se gasten los cuartos en Le Nez du Vin. No merece la pena. Quedan de puta madre en la estantería de vengué, vale.
Pero esa mierda franchute es química. Un puto frasquito con una etiqueta. Esos mismos olores los tienes en la frutería, en el campo y, sobre todo, en tu memoria.
Sólo hay que buscarlos.
Los 5 mejores vinos tintos de menos de 10 €
25 abril 2007 | Enología | 24 Comentarios
Esta erudita clasificación no servirá de nada en el caso de que quieran calzarse a una Princesa de Solmanía o a una Chica Cosmo que sólo conozca el vino a través del suplemento “tendencias gastronómicas” del Vogue.
En tal caso tendrán que aflojar la cartera y adornar la mesa con algo de más enjundia y boato. Caldos de nombres pomposos, de esos que vuestra amiguita mañana recordará (como el que no quiere la cosa) en la oficina a la zorra de la mesa de al lado. De esos que aflojan ligueros y joden el fresh banking.
Pero qué diantres, París bien vale una misa.
· Rívola, de Abadía Retuerta. (Ribera del Duero, 7€)

Una debilidad, lo admito. El monasterio que da nombre a la bodega es, además, un prodigio de sobriedad y desnudez arquitectónica. Merece la pena perderse en la milla de oro.
Angel Anocíbar está haciendo un trabajo cojonudo.
No os perdáis este vino, pardiez.
· Mestizaje, de Bodegas Mustiguillo (Finca Terrerazo, Valencia, 9€)

El proyecto de Toni Sarrión y Pablo Calatayud sigue haciendo alquimia con la Bobal y cerrando bocas sin piedad.
Quincha Corral es el Miles Davis de esta bodega. Su tourbillon. Su Watchmen.
Mestizaje es su hermana pequeña.
· El Molino, de Bodegas Puelles. (La Rioja Alavesa, 10€)

Viticultura ecológica. No se asusten, eso no quiere decir este vino sea cosa de un grupo de hippies comeflores con una Volkswagen amarilla y vinilos de Jimi Hendrix. Nada más lejos de la realidad. Es más, me ofenden, si lo han pensado.
Este proceso menos agresivo con la vid permite (entre otras cosas) que los hollejos sean más gruesos y por lo tanto aporten más estructura y taninos al caldo.
¿Recordáis esa sensación cuando a veces el vino es espeso y casi se puede “masticar”?
Este tinto es la hostia.
¿Dos más?
· Beryna, de Bernabé Navarro (Alicante, 8€)
La niña bonita de los “entendidos”. Que son aburridos, vale. Pero no imbéciles.
· Hécula, de Bodegas Castaño. (Yecla, 5€)
La sosa del grupo. Y ya saben lo que pasa con las sosas, amigos.
Valencia BohoGuide 3#abr
12 abril 2007 | Enología, Valencia | 17 Comentarios

· Vinos en Valencia o el por qué los gafapastas son predecibles.
Predecibles como el peluquero de Jennifer Aniston o una dependienta de Massimo Dutti {nena, te queda tan bien…}.
Maldita sea, beber vino se ha convertido en algo cool.
En snobismo de segunda.
Joder, el otro día un bakala pidió un Maduresa (refugio del snob valenciano de segunda).
¿Estaremos en el comienzo de un revival de corte castizo: copa, vino y puro?
¿Acaso las próximas conversaciones entre gafapastas será decidir entre un Cohiba siglo V o un Romeo & Julieta?
Pero no mezclemos churras con merinas. Aún no.
Este mes se celebran en Valencia varios acontecimientos interesantes relacionados con el vino:
· Feria Vinos élite. 18 · 20 abril 2007, la primera edición de una feria que, por lo que parece, será impresionante.
Estarán todas las grandes y pequeñas bodegas y Masters of wine.
Incluso estarán Primum Familiae Vini.
Cremita.
· Vino a toda vela. 20, 21 abril.
Un encuentro organizado tête à tête entre Verema y Emiliano Garcia, alma mater de la notable (notable justo) Casa Montaña (un imprescindible, por casta y pasado. Pardiez, aún sirven de algo los años).
Conferencias, ponencias, mesas redondas, presentaciones de bodegas y catas.
La lista de bodegas es alucinante.
Cremita.
· Miuccia Prada y el queso de Boffard.
No busquen segundas intenciones, redios.
Prada ha alquilado el mercado central. Así, como el que no quiere la cosa. Con dos.
Para una fiesta VIP con motivo de que el Luna Rossa iza velas y zarpa rumbo a estamparse contra los suizos.
Cuando digo VIP no digo Carmen Alborch y Mónica Cruz.
Digo Angelina Jolie, Brad Pitt, Demi Moore, Sienna Miller (ays), Lindsay Lohan, Chloë Sevigny…
Chloë Sevigny es la musa gafapasta por excelencia (Christina Ricci es una gorda, por mucho que adelgace) por las siguientes razones:
Es flacucha, fea, viste de amarillo y se la chupó a Vincent Gallo en su opera prima y a un niñato en Kids, de Larry Clark.
No sé a ustedes, a mi me parecen razones más que suficientes.
Mariquita´s day y Armando Buscarini
28 marzo 2007 | Enología, Viajes | 16 Comentarios

Asociaciones.
Empiezo a pensar que la inteligencia de una persona está directa e inversamente relacionada con el número de asociaciones que tiene en su cabeza.
Malditas etiquetas.
Enología. Derecha. Izquierda. Costumbres. Puro y copa. José Tomás. Chica Cosmo.
Todo está etiquetado.
Precintado, triturado y listo para servir.
Qué pena.
The Wine Love. Una bodega diferente.
Unos días {otros}, en La Rioja.
Días de conversaciones y vinos, muchos vinos con Jesús en su maravilloso Puelles.
Es cierto, vinum veritas est, amigo.
Días y noches de la mano de G, alma mater del proyecto the wine love.
He recorrido demasiadas viñas y bodegueros. Y no es habitual alguien así. Un enólogo cuyo universo se alimenta de Tim Burton y Massive Attack. De Siglo XXI, de Hitchcock, los poetas malditos y Armando Buscarini.
De matices, historias y viajes.
Gracias, G. Por todo.
Otro día hablaré de sus vinos. Orgullo y Lázarus wine. Un vino en cuya elaboración participan personas ciegas.
Elaboración sensorial. ¿No es genial?
Armando Buscarini era un poeta riojano. Loco y bohemio. Borracho y apasionado, se arrastraba por los bares vendiendo sus versos (30 céntimos sin dedicatoria, caballero). Algunos días se acercaba al Puente de Segovia (habitual de suicidas bohemios) y amenazaba sobre la cornisa del viaducto con lanzarse al vacío si alguien no le compraba algún libro.
Inspirador. No me digan que no.
Una entrega total a la vida.
Sin dobleces ni medidas.
Se acerca el Mariquita´s Day.
Uno de los {muchos} proyectos the wine love en su bodega de Fuenmayor, donde se llevará a cabo una loca competición que ganará quien más mariquitas recoja en el viñedo. Después habrá cata de aceites, chuletas al sarmiento, música de los DJ´s de la Habitación Sonora, disfraces y, vive Dios, mucho vino.
Es el 29 de Abril.
Y supongo que están todos invitados.







