Una ciudad un día · Madrid y el pasado
07 July 2008 | Gastronomía, Viajes | 44 Comentarios
“Un deseo que nacía de una idea profundamente arraigada en lo más íntimo de mi ser: la importancia del viaje debía medirse por el miedo que me causaba emprenderlo”
Lo escupió el viejo Mailer unos años antes de clavarle un cortaplumas a su mujer por decirle, la muy puta, que era maricón. Eso no está bien.
Bueno, por eso y por las tres botellas de Bourbon que se enchufó el pequeño cabrón.
Viajar es un coñazo.
Y también es uno de los mejores placeres que nos quedan.
Supongo que depende de muchas cosas.
Supongo que en el fondo importa una mierda donde vayas. Sino quien vaya. Y si eres un coñazo el viaje será un coñazo.
Viajar es olvidar. Es volver a empezar. Es huir hacia el único sitio donde merece la pena huir. Hacia adelante.
Viajar es callejear. Perderte. Rescatar momentos que serán recuerdos. Que serán boyas a las que aferrarte cuando el resto sea gris y los silencios reproches.
Y al final, no quedan más que los besos que dimos.
Una ciudad un día.
O todo o nada.
Ni agencias ni monedas ni fuentes ni fotos.
Hacer una foto no es guardar un momento. Es perderlo.
Un breviario para cada ciudad. 24 horas. Ni una más. Un día perfecto. Las tascas, copas, vinos, cafés, librerías, mesas y sombras que nos reconcilian con nosotros mismos.
Abrimos fuego a mitad de camino entre el infierno y el cielo…
Rompemos la baraja con Madrid:

· Desayuno en Café Gijón.
Café con leche, croissant, zumo de naranja, tostadas con tomate y negro sobre blanco. Del Pozo, Marías, Gistau. Importa un carajo.
Olor a tinta y a papel. Olor a madera a tradición y al sabor de las cosas que no cambian.
Ni maldita la falta que hace.
· Aperitivo en La Latina.
Cruzando por Montera, la calle de las lumis, los chulos y el puto McDonalds de Popy B.
Pisar Madrid y no hincarte un vermú viendo como pasan las horas y los problemas significa perder la mañana y el día y el resto de tu vida, si me apuran.
Por ejemplo en la Taberna Angosta (c/ Mancebos 6). Mesa en terraza, canapé de brandada de bacalao y tostadas con mousse de ave al vino blanco.
· Dry Martini en Café del Nuncio.
Subiendo por Segovia. Cafetería castiza de estampados en rojo muleta y manteles con encaje. Gatos de pañuelo en solapa y el mejor café que he probado en meses.
Ni Nespresso ni Lavazza ni pollas.
Café de grano y propina.
· Callejeo por chueca y Panta-Rhei.
No todo en la vida es hinchar el buche y castigar el hígado. Y si esperan que les lleve a hacer cola en el Prado mejor cambien de canal. A La Netro o a la guía del Trotamundos o a donde les rote.
Sólo tenemos un día.
Y hacer cola es una mierda insoportable para cualquier hedonista que se precie.
Ya puede esperar Sophie Marceau al final de la misma con un Cheval Blanc y los papeles del divorcio. Colas no. Nunca. Las colas son para cajeras de Carrefour y lunas de miel en crucero pagado a plazos. Por el mediterráneo.
Callejeo por chueca y libros en Panta-Rhei.
Cómics para dártelas de interesante y libros para modernos con ínfulas de Terry Richardson.
· Cañas en Malasaña.
Ya saben lo que opino. Y si no lo saben, agárrense los machos.
La cerveza es un mejunje para bárbaros y descerebrados. Que sí, que en el Club del Gourmet venden cerveza y tostadas y negras y demás cháchara.
No obstante, es posible que les acompañe alguien gustoso de joderse una caña (allá ustedes y sus compañías) y esta partida se juega mejor acompañado.
En La Ardosa (c/ Colón 4) tiran las mejores cervezas del reino.
· Cena en el Mercado de la Reina.
Nadie sabe hacer bien una jodida tortilla de patata.
Y mucho menos las madres. Las madres están terriblemente sobrevaloradas como cocineras.
En el Mercado de la Reina (C/ Gran Vía, 12) sí saben hacerla. Con cebolla caramelizada. Y también saben hacer revuelto de tortilla con chistorra y queso de cabra.
En la planta de abajo, Gin Club y Thelonious Monk de fondo. Cremita.
· Gin Tonics en ME by Melia.
Tanqueray Ten. G-Vine. Martin Millers Westbourne. Hendrick´s. Fever tree.
Un Gin Tonic casi perfecto.
Las mejores vistas de Madrid y la luz de una película de Michael Mann.
Y aquí paz y después gloria.
Comentarios
44 Respuestas to “Una ciudad un día · Madrid y el pasado”
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* Próximas paradas: San Sebastián, Valencia, Barcelona, Logroño.
te gustó el gin club? no es muy poser?
Nunca te he dejado un comentario, pero me encanta leerte. Con este post me tengo que quitar el sombrero. Me has tocado la fibra sensible con mi Madrid… y con el artículo de Loriga.
Un saludo.
Pàsate por bilbo, ni madrid, ni valencia, ni…bueno, sanse es casi tan bueno como bilbo, casi…
Viajar por viajar es una horterada.
Bola se me ha adelantado, el Gin Club me parece un lugar infecto, y del restaurante mejor no hablamos.
Malasaña al margen de un par de agujeros inmundos como el Estocolmo o el Matherfacker a los que tengo un cariño personal (y patológico. Todo el mundo tiene su garito de mierda en Malasaña al que rinde devoción. Conozco gente que vive en el Palentino) no es buen sitio para salir en general…¿pero de cañas? ¿Cañas en Malasaña?
Para cañas, la parte más ilustrada de La Latina, que además es el sitio más bonito de Madrid, y luego virar hacia las primeras copas en la terraza del Korgui (una perla) y del Marula.
Ah coño que La Latina la has puesto en el aperitivo. Pero de todos modos insisto en que Malasaña es una mierda de barrio.
Si vienes en OTOÑO tienes que ir al Cisne Azul a conocer el bar más honesto de Madrid y a conocer a la persona que más y mejor sabe de setas de España.
Viajar es olvidar… viajar es huir, como viajar es reencontrar, o buscar lo perdido, que quizás no se tuvo jamás.
El olor a pasado, el olor de felicidad.
No puede haber algo más lindo que disfrutar y saborear, incluso cuando haya más… porque esos momentos, son incalculables y vale la pena las fotografías que se toman, esas, las que quedan en la memoria, en las que se aferran y es cuando se quiere regresar.
Besos Sr. Nihil.
Suplico recomendaciones para barcelona, oh gran nadaimporta.
Viajar es experimentar que se vive sólo dos veces: en la realidad, y en los sueños. Estás, planificas, llamas, fijas fechas, llenas un espacio en tu futuro, lo haces concreto. Lo esperas, lo deseas. Ocurre, y te vas. Desde allí no miras al pasado con despecho . Sólo intentas vivir.
El pasado está demasiado cerca para odiarlo. Mejor olvidarlo por un rato, total, va a seguir a hí cuando vuelvas. O eso queremos creer.
Lo demás es volver y y saborear recuerdos para cuando la cosa se pone fea.
Gracias por el paseo castizo.
Las setas de El Cisne Azul recomendadas ya por tres personas con criterio.
En dos semanas vuelvo y las añado al brevario, si procede.
Finés, tengo pendiente la ruta definitiva de vermouth de grifo. Hablamos.
El café Gijón está sobrevalorado. Mucho mito, y leyenda pero ahí ni chicha ni limoná.
Los desayunos dejan bastante que desear y el trato de camareros a veces no es ni siquiera correcto.
Desayunar en la chocolatería san Ginés es más placentero que hacerlo en el Gijón.
Las colas son de pobres.
Te ha quedado redondo pero un previsible, Cafe Gijon, Chueca, La Latina, Malasaña… ese es el madrid de la tele.
menudo pedal te agarraste,no? todo el día comiendo y bebiendo, si señor!
“ruta alcohólico-gastronómica de 24h”
Lo del Cafe Gijon cierto es que tiene mas fama de la que debiera. Y un desayuno asi sale por un ojo de la cara. Para lo que me van a dar alli prefiero un cafe del Starbucks.
Tampoco se me ocurre un lugar donde desayunar decentemente en Madrid…
Muy bien aprovechado el viaje.
Me contarías tus adquisiciones en pantha rei?
El desayuno, en una terraza de la calle Argumosa.
El vermouth, en la Vinícola Mentridana (San Eugenio 9, barrio Antón Martín).
Para tapear, y comer, La Montería (c/ Lope de Rueda, 35).
Para cenar, Casa Fidel (c/Escorial 6).
Los cócteles, en Jose Alfredo (C/Silva 22).
Y la noche, en Kathmandu (c/Señores de Luzon, 3).
Y no pasaste por el Cock? o en su defecto por el De Diego?
Ahí es donde están los mejores cocktails, querido. además de las cajas de cerillas del Cock, que son una maravilla.
A comer te vas a La Bola, al lado del Senado, donde ponen los mejores cocidos de Madrid. Que si, que es julio. Pero merece la pena.
Las mejores vistas de Madrid, desde la terraza de The Midnight Rose en Plaza de Santa Ana, o si se prefiere un ambiente más boho-chic, la terraza del Gaudeamus por Lavapies.
Y de cena, si uno se pone, se pone bien y se va al Zalacaín a comer steak tartare.
G, para ser un día, una ciudad, te veo comedido y titubeante. No sé, para cenar en Madrid ¿qué mejor que Coque? http://www.restaurantecoque.com/
[...] Nada importa – Una ciudad un día · Madrid y el pasado [...]
La Ardosa sí. El Cisne Azul, el único lugar de Madrid donde sirven las mejores setas del mundo ( los gurumelos-amanita ponderosa, también.
El resto, en fin..te lo perdono por ser quien eres y porque igual estabas cegado con buena compañía.
Besos
No he comido en Coque.
A este paso tendré que abrir una delegación en Madrid o algo.
La coctelería de José Alfredo está más o menos al nivel de la del TGI Friday’s o el Hard Rock Café: subterránea. Que el sitio tenga su gracia freak (que la tiene) es otra cosa.
Sobre el Del Diego no me pronuncio por respeto a su historia.
El Privée con dinero que gastar, obviando el ambiente (parte del gracioso cuarteto del eurotrashus maximus Ramsés – Le Marquis – Le Garage – Privée) y si te gusta los espumosos(que a mí personalmente me la sudan bastante) es un sitio bastante recomendable.
Cuando vengas avisa.
que bonito, inspirador para cuando vaya a madrid, me guardo el post
mi ultima visita a Madrid fue bastante parecida a la tuya, no desayuné en café gijón, pero pasé horas paseando por chueca y hicé poco más, también disponia de un solo día.
un saludo!sigue así.
Lamento coincidir tanto contigo en este post.
¡Echo de menos Madrid!.
caballero, aún le espero en el local.
H + FT…
(sin m**********)
q
ah!
y no sé si alguien lo ha puesto, pero no dejes de ir al sacha (bernabeu). la mejor ventresca de mi vida.
q
Los restaurantes de los caminos me llenan de tanta fascinación. Cada día es una expectativa de jamás ver las mismas caras. Sin embargo, los rostros y figuras se repiten a lo largo del camino.
Las cervezas siguen siendo las mismas, y los ritos de la barra se repiten.
Un bistec distinto para cada noche, y una velada que nos recuerda que el compañero de al lado se irá más allá al norte que nuestro destino.
El bistec, la cerveza, la anonimidad de firmar la cuenta y dejar un rastro pequeño de nuestro camino son aquellos sabores que se esfuman cuando encendemos el motor, y nos adentramos nuevamente a la carretera.
bleuge mira la pantalla con los ojos entornados, con la mano izquierda se frota la barbilla y con la derecha señala el tft: “este cabrón es bueno, sí, es bueno joder”
Deja los cascos encima de la mesa (Thelonious a todo trapo) y se va a la cocina a meterse un longshot de algo bien frío.
Me quedo con todo el párrafo viajar (menos con que es un coñazo, el coñazo te lo da un compañero de viaje pesado, no el viaje).
Me gusta Madrid, he estado varias veces, pero excepto el café Gijón no conozco el resto de sitios que mencionas. Tomo nota para mi próxima visita.
Un saludo.
¿bistec?
Cursi que eres un cursi.
Espabila: los desconocidos son camioneros.
No entiendo como le puede gustar venir a la gente a Madrid de vacaciones. Yo vivo aquí y estoy deseando marcharme. Es una ciudad demasiado agobiante.
Me gusta lo de Loriga, pese a Loriga.
Pero si uno entra en La Latina de cañas o vinos difícilmente llegará a Panta-Rhei…
En cuanto al Me, acamparía allí.
Viajar por viajar es una perversión absurda. Las mentes más elevadas siempre han aborrecido del turismo.
El hombre decente, el hombre civilizado, viaja por un motivo concreto: pussy, un amigo, trabajo, un restaurante, un pianista etc.
Viajar por viajar, el turismo vamos, es trascendentalismo barato, como queda reflejado en los comentarios en este blog, una soberana pérdida de tiempo, un reflejo de aburrimiento vital y una horterada. El turismo es hortera.
Yo he viajado (confieso que he pecado) pero porque me aburro, lo que delata lo perverso del viajar.
Nadie jamás debería salir de su región sin un motivo poderoso para ello.
Cualquier otra cosa es sucumbir ante la contemporaneidad.
Además que hay lugares de peregrinación que la única manera de respetar es no acercándose a ellos nunca.
Unos autóctonos hedonistas me llevaron hace años a un sitio por La Latina, creo, aunque no estoy segura. Sólo sé que se llamaba El Almedro como la plaza o la calle en la que estaba…….y que comí por cuatro duros de entonces unos huevos impresionantes.
Finés, sin que sirva de precedente, suscribo cada punto y cada coma.
A ver cómo haces lo de Logroño, que aquí tienes un juliobrigense ojo al parche.
Estoy harto de que se encumbre el champi del Soriano
Relájate, Erriosa.
La Rioja es mi jodido paraíso y lo trataré como se merece.
Creo que este año he ido ya unas seis veces.
Creo que debería buscarme una riojana o algo.
Si no recuerdo mal, en la “Guía de las tapas y tascas: Logroño: La calle Laurel” no aparecía el puto champi por ningún lado.
VAMOS PA MADRID.
Como veo que entre sus próximos destinos Andalucía, tierra de algún que otro asiduo de usted, queda bastante lejos, le lanzo una invitación (in)formal a Granada, a Sevilla, o a Cádiz, aunque la que escribe actualmente resida temporalmente en Valencia…
Por cierto, gracias por el post tan emotivamente sugerente, que Madrid al fin y al cabo es otro de mis rinconcitos de evasión.
Saludos,
Eva
Joder Nada, tampoco hagas mucha publicidad de la tierra.
Que se nos llena de gente
totally agree con Marcelino, aqui arriba
otro motivo de viaje: huir
Shock catártico al entrar en Verema. Restaurante “Chez Leon”. Un tal Jesús (lo de “gsus” lo interpreto como una broma estrictamente privada) al que -según se aprecia- zampar no le provoca un desgaste en las meninges. Así es como he ido a aparecer por aquí. Y enseguida -recién aprieto en el cartoncito de blog- un nuevo sorpresón. El tipo acaba de fichar por Condé-Nast. ¡Enhorabuena!. Ahora que… su visión de la gastronomía en Madrid (ciudad que yo he terminado abandonando, entre otras cosas, por mi visión de su gastronomía) semeja un poquito a un cuento: el del patito escuchimizao que se convierte en cisne. Se nota, joven, que sólo estuvo usted allá 24 horas. Se nota. En todo caso, lo hace bien.
julian bluff
No sé si darle las gracias o mandarle al pairo.
Lo dejamos en tablas, por ahora.
Pasate por mi blog y me pones verde. Necesito que haya gente interesante (e importante) que me critique. En serio. La adrenalina. El ego. Todas esas cosas que nos ponen chochis a los hikikomoris de la tercera edad.
Y lo mismo les digo a toda la cuadrilla de moderniquis que te leen ¡A aprender chavalas/es!.
Al que se pase de listo pienso comermélo (tranquis, es retórica).
¡Con papas!.
Bss.