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syrah
Me gusta porque es única.

Porque tiene pasado. Porque espera el futuro como espera las canciones o los títulos de crédito.
Sin espera.
Porque vive cada día una vida.

Me gusta porque es sucia, porque sabe a cuero y a sudor y a promesas que dices sabiendo que no necesita escuchar.
Porque huele mas a tí que tú mismo.

Porque la imitan y porque, aún cuando tratan de hacerlo ocultando sus defectos, ella sigue siendo mejor.

Me gusta porque es honesta. Porque es seda y hierro. Me gusta porque vive en la tierra sin miedo a mirar a nadie.
Ni siquiera a sí misma.

Se llama Syrah.

pornstar
Admítanlo.
Tienen el gusto en el culo haciendo regalos.
Por eso visitan esta página y por eso gustan de mis servicios.
No pasa nada.
Conduzco como el culo y lo admito sin tacha.
· Conduzco peor que una redactora de Vogue.
¿Lo ven?
Ya me siento mucho mejor.
Dios fue un pedazo de cabrón cachondo repartiendo talentos mientras se ponía de Hidromiel hasta los ojos.
¿O ese era Odín?
No importa.
Ustedes me piden consejo y yo les respondo, si me apetece o si están buenas. Una de dos.

Querían sugerencias navideñas.
En general todo lo que esté acompañado de navideño, salvando Love Actually y Frank Sinatra, es garrulo hasta la médula.
No se crean más especiales que una cajera de Carrefour por regalar la edición Absoluta de Watchmen o Neon Bible en lugar de unos calcetines blancos con rayas negras y rojas.

No obstante, lo han pedido.
Y albricias, es navidad.
Jodida navidad.
Es curioso.
La nochevieja es, según las estadísticas, la noche del año en que más parejas nacen.
Quizás sea porque los corazones laten fuerte y estamos rodeados de ternura.
Pues no.
Están más borrachas.
Jode, ¿eh?
Fuiste por una simple cuestión de casualidad aleatoria, 2 minutos más tarde y ahora estaría comiendo palomitas en Kinépolis con el borracho que estaba a tu lado en la sala de fiestas.
El del gorrito de Papa Noel.

· Sugerencias para alternativos y bohemias de distinto pelaje.

Recuerda, es una mujer y le gustan los regalos por muy rojilla que sea.
¿Mi sugerencia?
- Un viaje en el Orient Express recorriendo Al Andalus.
En los vagones que utilizaba la Monarquía Británica para sus desplazamientos vacacionales desde Caláis hasta la Costa Azul.
Decoración Belle Epoque, piano bar, humo, tablaos flamencos, silencios, madera gastada, libro, cuero y el sonido de los raíles dejándolo todo atrás.

· Sugerencias para listillos y zorras ejecutivas de cuentas.
El vino y la nouvelle cuisiene están de moda.
Cualquier capullo se las da de entendido por haberse bebido 3 reservas y leerse “Mi Vino” en el Club del Gourmet.
Pardiez. No los soporto.
Seamos originales.
¿Mi sugerencia?
- Aceite IO.
El mejor aceite de oliva que he probado en mi vida.
Además la botella es molona de la hostia.
Quedará de puta madre al lado de la lámina de Audrey Hepburn.

De nada.

argentinas

Las españolas, por Bestiaria.

La abuela de mi marido vino de Asturias a los veinte años casada con un soldado que huía de sus enemigos. Hasta el último día de su vida suspiró por España, comió galletas María, fue fanática del Sporting de Gijón, y escondió su dinero celosamente en una valija. La mía, en cambio, vino de Italia y, junto a mi abuelo, despilfarró hasta el último peso en el casino de Mar del Plata. Fue una de las primeras mujeres en agregarse busto y hacerse liposucción. Jamás la vi sin maquillaje, ni siquiera cuando estuvo enferma, y cuando murió de Alzheimer lo único que hizo fue llorar y pedir que alguien le depilara las piernas.

Hace sesenta años la española y la argentina eran la misma mujer. Pero hoy, aquí, me temo que de esas abuelas no queda nada. Los genes italianos han hecho mejores su tarea, porque a nosotras, sus nietas, sólo nos interesa despilfarrar dinero en ropitas, hablar mucho, y engatusar a los hombres mostrando el escote, exagerando, y sacudiendo las pestañas.

Las españolas -o al menos las cosmopolitas- son la policía del feminismo. Viven supervisando la conducta de otras mujeres y los mensajes machistas cifrados en el comportamiento de todos los hombres que conocen. Malinterpretan y deforman todos sus gestos. Cualquier cosa que hagan, son siempre unos cerdos que quieren esclavizarlas para que cocinen y frieguen para sus doce mocosos. A las argentinas que un hombre les pague la cena las hace sentir bonitas. A las españolas, en cambio, las hace sentir un trapo de piso.

Tan obsesionadas están, que cada cinco minutos arrojan una estadística sobre el porcentaje de ejecutivas en las empresas de España, Noruega y Etiopía y proyectan cuantos habrá en 2056 en el marco de un festival sobre la mujer. Y si sugieres que es demasiado, que ya están obsesionadas, te tildan de machista también y te largan un sermón sobre las mujeres en Medio Oriente.

Este feminismo extrème trae además una consecuencia inesperada, porque la mayoría de las españolas apoya su teoría con el cuerpo. Comparadas con las argentinas, las españolas apenas si se acicalan. Acá hay una peluquería cada dos cuadras, allá no es necesario, porque la mayoría se lo deja crecer como si fuesen yuyos en un terreno baldío. Además, consideran que el soutien es una forma de castración medieval y desfilan por la calle con sus pechos caídos debajo de una camiseta. En Argentina es un milagro encontrar un corpiño que no tenga un push up de acetato para agrandar el busto. El escote es lo más importante que una mujer puede tener.

Por otro lado, aunque ya lo he comentado, muchas españolas consideran que la depilación es un castigo de sociedades tercermundistas. Y no es porque tengan unos vellos discretos y no lo necesiten. Sino porque consideran que lo correcto es pasearse por la vida con una peluca en las axilas. Por algún motivo que desconozco, no pueden conciliar la belleza con la inteligencia. Para ellas, son dos carreras y hay que decidirse por una. O eres cirujana o Miss Mundo. Y si eres la primera, no podés ser bonita.

Otra característica de la mujer española que no comprendo es su fascinación por la realeza. ¡Por amor de Dios! ¡Los reyes de España son un invento del presidente para entretener a las amas de casa! ¿Cómo alguien puede soñar con ser ellos? ¡Si son horrendos! ¡La revista Hola! es como el álbum de fotos de una familia muy fea! ¡Y no son sólo las revistas! ¡En España se transmiten bodas reales por televisión! ¡Aunque se esté casando una infanta con cara de hombre con su primo homosexual! En Argentina, nadie en su sano juicio miraría una boda por televisión. La gente fea aquí no sale en la tele, así sean reyes de Kamchatka.

Y por último, las fantasías sexuales de las argentinas son las noches de sábado de una madrileña. Mientras que para nosotras las experiencias homosexuales, el sexo grupal, o ser swinger son proezas de una amiga anónima que todo el mundo invoca pero nadie conoce, para las españolas son actividades de lo más comunes. En ningún país se dice tanto la palabra “vibrador” como en la península ibérica. Ya que les gustan las estadísticas, deben tener, como mínimo, cuatro vibradores per cápita. En Argentina, salvo en algunos círculos, todavía creemos que son sólo para mujeres feas y necesitadas.

Las argentinas, por Nada importa.

· Sensualidad, tango y coquetería.
La argentina nace con la palabra seducción impresa en las entrañas.
Maldita sea, el término “coqueta” lo inventaron ellas.
Las argentinas viven obsesionadas con estar “lindas”. ¿A que nunca han visto a una argentina bajar en chándal a comprar el pan?.
Se maquillaban cuando tú solo te dedicabas a ver “Dragon Ball” y quizás por eso ahora juegan contigo como un gato con un peluche.
Esto no siempre es positivo, no crean.
Pasa como con el dulce o el vodka barato. El exceso cansa.
A veces tanto flirteo empalaga.

· Intensidad y piel.
Las porteñas son todo piel. Emoción y alegría, tristeza y bronca o miedo.
Gritan, declaman, versan y teatralizan cada minuto de su vida.
Eso se traduce en 2 cosas.
Follan como nadie.
Tocan las pelotas como nadie.
En pocas palabras, unas histéricas.

· Egocentrismo y farándula.
No puede haber dos protagonistas en una relación. Sé que es una verdad absoluta que a veces cuesta tiempo y desengaños aprender.
Sin embargo con una argentina es fácil.
Ella es la protagonista.
Siempre.
El puto centro de atención.
Todas las conversaciones girarán en torno a ella y siempre tendrá la última palabra.
Si hay dos argentinas en la mesa, pide un Gin Fizz y disfruta. Habrá guerra.

· Superstición y hechizos de barrio.
Las argentinas creen en las reencarnaciones, las estrellas, los abalorios y las cartas astrales.
Lo primero que harán después de cenar contigo es escudriñar el horóscopo y comprobar si vuestros signos del zodiaco presagian un futuro de pasión, complicidad y amor eterno.
Se funden la plata en libros raros y, si es necesario, irán a que una vieja con el pelo blanco y mucho cuento les adivine el futuro en las líneas de la mano.

· Ella nunca es.
Es inútil tratar de hacer entender a una argentina de que ha sido culpable de algo.
Primero. Porque ella nunca es culpable de nada. Faltaría más. Probablemente es culpa tuya, “que no te enteras de nada“.
Segundo. No trates de comprenderla. Nunca. Nunca reconocerá que la entiendes así que mejor la boca cerradita.
Ambos serán más felices.

· Apunta y calla, querido.
La porteña es ministra, abogada, curandera, puta y novelista.
Ella puede dialogar sobre todos los temas habidos y por haber. Siempre lo ha leído en tal o cual sitio o se lo ha dicho no se quién que es amigo del primo de tal que entiende un huevo.
La cuestión es que ella lo sabe.
Y tú no tienes ni puta idea.
Eso se traduce en que meten la pata cada dos por tres pero claro, como nunca aceptan la cagada nunca pasa nada.
Ni debajo del agua, tienen la boca cerrada.

· Estirpe, verbena y compromisos.
Las argentinas viven pendientes de las reuniones sociales.
Tienen una extraña habilidad para estar en todos los saraos y siempre se están quejando porque claro, nunca tienen qué ponerse.
Adoran la familia.
Así que tu vida será una singular tourné de cumpleaños, bodas, bautizos, comidas familiares, bailes de disfraces, cenas de amigos, despedidas, bienvenidas, cafés en Starbucks y asados en el campo.
Colega, si eres introvertido, mejor búscate a una gallega.

hoteles
Viajar mola.
Todos de acuerdo y en fila de a uno.
Y una de las muchas razones por las que mola es imputable a los buenos hoteles.
Nunca entendí el desprecio rancio y paleto hacia los hoteles. Y mucho menos ese absurdo amor hacia la casa de mamá y la estúpida filosofía Ikea.
¿Hacerlo yo?
No me jodas.
Mola no hacer nada. Mola volver del aperitivo de las doce y ver la cama recién hecha. Impoluta. Sábanas blancas y esquinas dobladas.
Mola que gane el quiero la guerra del puedo.
Mola tocarte las pelotas y centrar tus energías en cosas mucho más interesantes que hacer la compra o descongelar la nevera. Putos Boy Scouts.

Libertad, vestíbulos & Easton Ellis.
Queridos lectores, ser libre significa algo más que leer a Camus y quemar fotos recortadas del “Hola”. Rebelde, que eres un rebelde.
Ser libre también significa no tener prisa ni rutinas a mano.
Porque eso es tu casa. Un bonito escondite con todas tus rutinas a mano.
Mola respirar otras vidas. Esas que vives a trozos.
Mola respirar el olor a moqueta y sentirte un poco Patrick Bateman o Carmina Ordóñez.
Vale. Más Patrick Bateman.

Guía de excelencia:

1 · El desayuno
Estoy con ellas.
Porque todas las mujeres, sin excepción, pierden la cabeza por un buen desayuno en un buen hotel.
De igual manera que todos nosotros adoramos, sin excepción, a Han Solo o a Monica Bellucci.
Informáticos y maricas, como siempre, no cuentan por razones obvias.
El desayuno es un momento jodidamente placentero si se cumplen una serie de requisitos mínimos: bollería del día, café servido en mesa.
Horario patrio. Que se jodan los ingleses. Y mon dieu, no queremos ver como os zampáis las putas habichuelas con la misa del gallo. Corta el rollo.
Prensa del día. Zumo natural.
Silencio.

2 · El bar
Otro gran momento es la última copa.
A media noche. Después de la cena. Antes de Las Termópilas.
Por eso es imprescindible un salón agradable. Exterior, si es posible. Sillones de cuero. Coltrane.
Un error demasiado común en hostelería de alcurnia y cepillo es no cuidar lo suficiente la barra del bar.
Comprensible. Casi nadie sabe beber ya. Imperdonable. Lo cortés no quita lo valiente.
Un barman cómplice. Old School. Ni niñatos ni Princesas de Solmanía.

3 · El servicio
Que difícil es encontrar el punto justo.
Un buen servicio, como una buena mamada, is the Needle in a Haystack. Es un Petrus del 47. Un original del Eternauta.
Ni demasiado ni tan sólo.
Ni demasiado engolado. Ni demasiado distante. Ni demasiado falso. Ni demasiado familiar.
El jodido punto justo.
Flow.

pareja
O de cómo manejar con éxito la primera bronca.
Es desesperante hablar con un recién enchochado.
Ese momento en el que todavía ella es un ángel que ha bajado del cielo para liberarte del aburrimiento, del ocaso, de Greenshines y de las golfas que siguen bailando cuando amanece y sólo quedan buitres en la pista.
Ese momento en el que ella es perfecta.
Es dulce, guarra, comprensiva, distante, huérfana, cariñosa y casi no tiene celulitis.
Y nosotros, tus colegas, somos unos cerdos nihilistas envidiosos por insinuar que ella es como las demás. Ella!

Hasta que llega la primera bronca, claro.

Todas las crisis de pareja son la misma crisis.
Una bronca sentimental es siempre un cruce de egos.
No importa si el origen es un calcetín, un comentario a destiempo o una cena con tus amigas. “Esas golfas”.
A lo mejor es porque no te gusta ir de tiendas o porque tratas mal a su mejor amiga.
No importa.
Estás en el ajo.

Pequeños detalles a tener en cuenta:
· Ella te conoce como nadie.
Y no hay peor enemigo que el enemigo informado.
Y tú probablemente eres un bocazas que se ha pasado las tres primeras cenas largando y tratando de impresionarla con tus hazañas del pasado. Ja.

· Es una mujer. No olvida.
Este dato es clave para entender por qué demonios se ha puesto como una loca histérica y tú no te enteras de nada.
Popy B escupe que ha “leído un estudio que aseguraba que el ser humano, por regla general, dice una media de trescientas mentiras a lo largo de un día.
Entre pitos y flautas.
Mentiras piadosas, pequeñas tergiversaciones de la realidad cotidiana, pero mentiras al fin y al cabo. Y trescientas, así, una detrás de otra.

Tú no recuerdas ninguna.
Ella, .

¿Solución?
El principio de d’Alembert establece que la suma de las fuerzas externas que actúan sobre un cuerpo y las denominadas fuerzas de inercia forman un sistema de fuerzas en equilibrio. A este equilibrio se le denomina equilibrio dinámico.

Equilibrio dinámico, joven Padawan.
Si ella suma, tú restas.

Traducción:
Dale la razón.
Trágate tu puto orgullo (esa es la parte más jodidamente inhumana) y dale la razón.
Pero ey, cuidado. No es imbécil.
No puedes darle la razón a la primera de cambio así porque sí.
Pensará que eres un calzonazos, que no tienes sangre en la venas y que a partir de ese momento serás un corderito manso en sus manos.
De los que van a morir a las tablas.
Entonces se acordará de aquel argentino cabrón, el capullo de la barba de tres días e inquietudes artísticas.

Pelea.
Bronca, gancho y azogue. Platos rotos y una muesca más (otra) en la lista de reproches.
Pero al final gana ella. Muerdes la lona. Combate amañado.
Te tragas tu arrogancia pero cobras el cheque.
En pocas palabras.
Cal y arena.