¿Qué diantres quiere Maximus?
29 noviembre 2007 | Cine, Psicología | 28 Comentarios

Me he dado cuenta de una cosa.
Los hombres tenemos un concepto de romanticismo ligeramente diferente al vuestro, queridas lectoras.
Para nosotros es romántico Conan el Bárbaro declamando “Crom, concédeme pues una petición, concédeme la venganza. Y si no me escuchas…!vete al infierno!” o Roy Batty muriendo bajo la lluvia o Rocky regalándole a Adrian dos tortugas. Gancho y Directo.
O mejor.
Rob grabando para Laura una cinta recopilatoria. Un recopilatorio para decirle lo que no hace falta decirle ni tiene cojones para decirle.
Porque eso sólo lo dicen los maricas y los estudiantes de derecho.
Sigamos con las grandes preguntas.
Gladiator es una comedia romántica en toda regla.
Vale. Comedia no. Pero es romántica hasta las cachas, no me jodan.
Campos de trigo y cadenas. Hans Zimmer. Venganza. Fuerza y honor. “A mi señal, ira y fuego!“.
Diosss. Pelos como escarpias.
Sin embargo, nunca tuve muy claro de que pie cojea Maximus.
Sopesemos las opciones:
Opción 1: Maximus quiere a su mujer
Aquella que vivía plácidamente en Hispania cuidando su ganado y su retoño.
Maximus está hasta las pelotas de apalear Vikingos y comer carne cruda.
Maximus también está hasta las pelotas de la zorra de su ex.
Que le quería mucho y todo ese rollo de sí pero no pero luego a quien le pongo el culo es a un senador forrado de pasta.
Pero ey, Maximus, te echo mucho de menos.
Opción 2: Maximus quiere a la hija de Marco Aurelio
Está claro.
Las circunstancias los separaron. Ella era joven y él orgulloso.
Así que acabaron como siempre acaba una princesa borde con un gladiador tozudo.
Jodidos ambos.
En el fondo se siguen queriendo.
En el fondo ella le esperará siempre.
Además, qué demonios, está buenísima.
Opción 3: Maximus es un hombre
Con mayúsculas, I mean.
Así que realmente se la suda.
Lo que realmente quiere es una cabaña, cerveza y un buen pedazo de buey poco hecho en la mesa.
A quien se cepille después le importa un carajo.
Morena. Bien. Rubia. Bien
Romana. Bien.
Esclava. Bien.
Reina. Bien.
Gorda. No.
Hagan juego.
Hombres™ · Catálogo de rutinas: Mujeres poco recomendables
26 noviembre 2007 | Psicología | 58 Comentarios

Existen varios tipos de mujeres ante las cuales una gran mayoría de hombres (informáticos y maricas no cuentan por razones obvias) huimos con presteza en cuanto asoman el gaznate:
· La histérica
Esa que cambia de humor entre las bravas y la sepia. Esa misma que no para de taladrarte con que “no la escuchas” y siempre consigue hincharte las pelotas sacarte de tus casillas. A tí, que eres un maestro Zen.
· La listilla
Habitualmente feminista, progre y prepotente. Y malfollada, claro. Siempre tiene la razón. El mundo es injusto y tú prácticamente eres un simio que sólo piensa con el rabo. Que es cierto, vale. Pero hay formas y formas, no jodamos.
· La pesada
Te manda 12 sms al día y cuando tienes el móvil apagado te monta un consejo de guerra. “¿Y si te ha pasado algo?” y todo ese lloriqueo para engañarse a sí misma y no darse cuenta de que está como una puta regadera. Habla con tus amigos, comenta en tu blog, te sigue en el Twitter, siempre está online en el jodido Messenger.
Pero hay una especialmente complicada.
Complicada por culpa de su delicada sutileza.
Lo digo porque es probable que te des cuenta demasiado tarde y ya te la hayas cepillado demasiadas veces como para escurrir el bulto tan alegremente.
Amor y esas cosas.
Hablo de esa chica que “cree” que ya ha vivido su gran amor.
Sí.
Aquel hijo de puta que la marcó para siempre.
Aquel que la hizo llorar, reirse, temblar, esconderse, gritar y follar como una loca.
Aquel que se largó demasiado pronto y la entendió demasiado bien.
Ya saben. El puto príncipe azul del portazo y el teléfono apagado. Aquel con el que la niña aprendió, por la vía brava, que no era tan especial.
Por culpa de aquel capullo probablemente esa princesa está ahora vomitando sus penas en la blogosfera y dando por culo con el pasado, Benedetti y los putos calcetines de colores.
Pobrecita.
· Secreto nº4: Queridos lectores, huyan de esta incomprendida como de Ramoncín.
Siempre. Siempre. Siempre quedará un resquicio de aquel capullo.
Capullo que, por cierto, ahora probablemente esté dándoselas de sensible con otra princesita.
Puto eterno retorno. The circle of life, you know.
Pasarás el resto de tu vida peleando con un fantasma lejano e inalcanzable y ella comparándote con él.
A otro perro con ese hueso.
Manual del hedonista™ · Octava parte: El arte de la conciencia frágil
23 noviembre 2007 | Psicología | 13 Comentarios

Un hedonista con conciencia es como una furcia con remilgos.
Decididamente no.
Simplemente no funcionaría.
Apariencias, Walküre & prejuicios.
Y sin embargo, se equivocan si imaginan a un hedonista como un ser despreciable y metálico como el bisturí de Christrian Troy.
Se equivocan si piensan en Le Samuraï. Ya saben, Alain Delon y su arrebatadora amoralidad.
Un hijo de puta, vamos.
Se equivocan.
Esto no tiene nada que ver con la sensibilidad.
Un hedonista puede llorar como una magdalena viendo cómo Richard Gere baja otra vez la puta escalerita de incendios o despidiéndose de Campeón.
Lagrimones como puños, oigan.
Que tenga una conciencia laxa no significa que sea una planta.
No jodamos.
8º paso:
· El hedonista es práctico.
Has cometido un error.
Vale.
Lo sientes y te disculpas y ohhhhhhh no lo volveré a hacer y todo ese rollo que no te crees tú y mucho menos ella.
Ya está. Pasa página.
¿De qué mierdas sirve estar lamentándose todo el puto día?
No hay nada más lejos de un hedonista que un ombliguista™.
Colega, no eres mejor persona por castigarte y joder a todo el mundo con tu puto error.
Lo eres, en todo caso, si no lo cometes.
Así de fácil.
¿Pero qué sería de la vida o de Luis Buñuel, de Hemingway, de Sinatra, de tu ex, de las noches sin dormir, de la calle melancolía, del pasado y de la autobiografía que nunca escribirás sin esos maravillosos errores?
El arte de la cata. 3ª parte: Las sensaciones en boca
20 noviembre 2007 | Enología | 31 Comentarios
En general, queridas lectoras, no sabéis usar la boca.
No se ofendan.
Hablo del paladar.
La verdad es que todos (ellas y ellos) somos un poco analfabetos sensoriales.

Las sensaciones en boca:
· Los sabores fundamentalmente son seis: dulces, salado, ácido, amargo, umami y metálico.
· Resumen rápido: dulce en la punta de la lengua, salado en los bordes laterales, amargo en la zona posterior (en el fondo), la acidez en los costados por debajo de los sabores salados.
· Cuando se cata un vino se debe tomar un pequeño sorbo (ya habrá tiempo para cogorzas) y mantenerlo en la boca el tiempo suficiente para que la lengua capte los distintos sabores.
· Importante: se debe aspirar un poco de aire. Esto oxigenará el vino en la boca y hará que se difundan nuevos elementos aromáticos vía retronasal.
· Las sensaciones gustativas están repartidas en la sinhueso y son las responsables de la percepción del vino.
Placer y matices. Credo quia absurdum.
Parece evidente. Pero la lengua se puede entrenar (obviemos los chistes, son demasiado fáciles).
Me explico. El placer casi siempre está relacionado con la capacidad de percibir los matices. Tanto en una persona como en una película como en un recuerdo como, por supuesto, en un vino.
Por eso es importante aprender a buscarlos:
Bebiendo. Oliendo. Equivocándote. Apuntando. Escuchando. Saboreando un brownie. Mordiendo una manzana ácida. Recordando.
En pocas palabras.
Viviendo.
El concepto de equilibrio. Paseíllo, oreja y rabo.
La belleza es equilibrio.
Y no.
No ve vengan con el rollo de los gustos y demás pamplinas progres.
Monica Bellucci está buena y Bimba Bosé no.
Si no podemos partir de esa sencilla base ya pueden ir pensando en picar espuelas y buscar otro sitio donde dar por culo.
Ha sido un placer.
En un vino el equilibrio lo es todo.
Y es en boca donde “redondeas” las percepciones previas (color y aroma).
El sabor, junto con el tacto, representa el final del camino.
Y a veces. Muy pocas veces. Todo encaja.
Cuando todo funciona. No sobra nada. Y nada destaca de manera agresiva. Todo es perfecto. Flow al máximo. Finca Dofí. Ocarina of time. Al Pacino. Píldoras Azules. Jane Birkin. Miles. Kind of Blue.
Estoy hablando de amor, cojones.
El equilibro es armonía y elegancia.
Y no debemos confundir elegancia con austeridad.
Un vino elegante y equilibrado puede esconder tras él miles de matices.
Miles de historias, sabores, secretos, pasado y, sobre todo, futuro.
Jack Nicholson. Hombres, cojones y ternura
17 noviembre 2007 | Psicología | 35 Comentarios

Hay pocas cosas más ridículas que la masculinidad malinterpretada.
No importa una mierda sobre qué hables.
No importa si debates sobre el cine de Mizoguchi o la Syrah del Ródano.
Tarde o temprano toda conversación entre hombres termina convirtiéndose en una competición por ver quién la tiene más larga.
No tiene nada que ver con la edad ni con los galones ni con lo machista, rojo, marica o nerd que seas.
Maldita sea, seguro que hasta los EMOs se vacilan para comprobar quién es el más llorón.
Debe ser algo genético o quizás sea culpa de Pavlov y su puta madre o vete tú a saber.
Es agotador.
Además de aburrido, digo.
Subnormalidad latente, vanidad & Dry Martinis
Ni hombreras, ni All Star ni medios tradicionales ni leches.
No hay nada mas demodé que esa actitud competitiva y rastrera.
“Un mundo ideal sería aquel en el que los tipos duros sí bailan”.
Es verdad.
Quizás sea el momento de reivindicar la ternura. La pochez. El cine de Daniel Day Lewis. La mirada de Gallo.
Reivindicar el foro de Vogue y a Nacho Vegas. A Ros a Dinah Washington a Jack Nicholson a Mr. John Steed a la Princesa Prometida y a todo aquel que tenga pelotas de escuchar.
Porque hay que tenerlas.
“Solo me queda trazar un ambicioso plan… consiste en sobrevivir”.*
¿Quién necesita otro?
Guía de manipulación sentimental · Capítulo 5º: Blitzkrieg o la técnica antiamiga
13 noviembre 2007 | Psicología | 53 Comentarios

Existen varios momentos extremadamente delicados en la vida de un hombre.
El primer gatillazo.
La primera hostia.
La primera gorda.
Pero hay uno especialmente despiadado y sutil que, me temo, reconocerán con singular crudeza.
Me refiero a ese preciso instante en el que una pseudoamiga cruza la línea que la convierte en amiga y la aleja para siempre del polvo que estabas esperando.
Es una línea fina e incomprensible que se cruza sin más, de repente. Chas.
Ni Rubicón ni hostias.
Un día, porque sí, sabes que es tu amiga.
Estás jodido.
Blitzkrieg · Una fábula de cojones y excusas.
Es prácticamente imposible calibrar cuál es el momento exacto en el que tiras por el retrete semanas de capuccinos, mentiras y palique tras el cual no sólo no te la vas a follar sino que además como premio extra te comerás todos sus futuros marrones sentimentales.
¿Solución?
La Blitzkrieg (en alemán, literalmente guerra relámpago) es un nombre popular para una doctrina militar de ataque que implica un bombardeo inicial, seguido del uso de fuerzas móviles atacando con velocidad y sorpresa para impedir que un enemigo pueda llevar a cabo una defensa coherente.
Ante el menos atisbo de cariño*, All in.
Ataque inminente, los cañones de Navarone, cuchillo en los dientes, trapío, casta, estoque y capote.
Sé que jode.
Pero piensa en la alternativa.







