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chanante
Cada cierto tiempo se oyen campanas del “fin del periodismo”.
El fin del viejo periodismo de la Olivetti y el olor a tinta.
Ese de la mochila, los cafés y la camorra antes de la hora del cierre.
Ese de Umbral, Enrique Meneses y J.J. Jameson.
Y los culpables, lo han adivinado, son los blogs.

Ya saben, redes sociales, periodismo ciudadano y demás hype postmicrosiervos.
¿Cada blog un medio?
No me jodas.
Querido bloguer, tienes 3 lectores y lo que escribes no le importa una puta mierda a nadie.
Ese es el resumen.

Tutto debe cambiare per a che tutto rimanga iguale.
No me malinterpreten.
Yo también soy tecnócrata y también me cago en el aburrido panorama editorial patrio Pais-Mundo-rojosvagos-fachasladrones-cacaculopedopis.
También creo en un mundo mejor, donde la información no está pervertida y donde todas las mujeres son misteriosas pero fáciles y donde sufren por amores los dictadores.
Pero seamos sinceros, ese mundo no lo disfrutaremos ni ustedes ni yo.

¿Quién cojones manda en la blogosfera?
No hace falta ser un sesudo experto finlandés en estudios de mercado para saber que en nuestra sufrida piel de toro hay un grupo de blogs que, por razones que no vienen al caso, destacan sobre los demás:
Nacho Vigalondo, Álvaro Pons, Mondo Pixel, Escolar, La Petite Claudine, Elástico, Juan Varela.
Es curioso ver cómo estos juntaletras han acabado escribiendo en los medios de siempre.
Esos que iban a sustituir.
John Tones dirige la necesaria Superjuegos Xtreme, Vigalondo y Álvaro en El País, Escolar en La Voz de Almería, La Petite y Varela en ADN.
La misma película. Distintos actores.
Siempre la misma película.
Y tú, querido bloguer tocapelotas, no saldrás en los títulos de crédito.
Ni maldita la falta que hace.

Yo no sé si dentro de 20 años las mujeres serán más fáciles.
Lo que sí espero es que vuestras hijas desayunen leyendo medios (en el formato que les de la gana) llenos de amor, pochez y mala uva.

Han llovido muchos Gin Tonics desde aquel “Hombres: tipología del acompañante en una tarde de compras”.
No los suficientes, me temo, para que cambie un ápice el escenario donde, queridos lectores, se juegan cada día la cartera, el orgullo y las pelotas.
En ese orden.

mujeres_compras

Sin más dilación (una vez cubierto el cupo de cháchara marca de la casa) aquí están los roles más comunes en una tarde de compras cualquiera:

1. La profesional.
No te engañes, probablemente nunca habéis visto a una profesional.
Una profesional no va de tiendas un sábado por la tarde ni acude a apestosos centros comerciales.
Nuestra chica es “la mejor en su trabajo”, y rastrea, cual Samurai Chic, las tiendas en horarios intempestivos: horas de comer o lunes por la mañana.
La profesional conoce cada tienda, cada dependienta, cada marca, cada desfile y cada pixel de cada foro donde huela “esa” prenda que le falta.
Porque claro, siempre falta “esa” prenda.
Esa prenda mágica. Ese Santo Grial. Ese unicornio en seda que transformará su culo celulítico en las posaderas de Jessica Biel.
Hay que joderse.
Una profesional va de compras de un modo frío y calculador (recuerden, está trabajando) por eso jamás irá con su novio.
Al fin y al cabo no es mas que un estorbo.
Tampoco es común verla acompañada de una amiga.
La profesional trabaja sola.

2. La aficionada.
A la aficionada le falta tesón y mala leche para ser una profesional.
Por lo demás, guardan muchos puntos en común: conocimientos, causas e intenciones: la búsqueda del Santo Grial.
La diferencia más evidente es que la aficionada siempre va acompañada de otra aficionada.
La compra se convierte, ergo sum, en un acto social posiblemente acompañado de un frapuccino (o Coca Cola light) y de una larga conversación sobre lo cabrón que es Nico.
Al fin y al cabo son dos amigas disfrutando de una amigable tarde de compras…
Existe, sin embargo, un código de honor implícito entre 2 amigas que van de compras.
Este código no es necesario hablarlo y va impreso en el código genético de toda aficionada (lo más similar sería el mucho más conocido “no te puedes tirar a mi exnovia aunque hayan pasado mil años” con el que todos los hombres somos marcados cuando nacemos):
· Nunca. En ningún caso. Jamás pueden comprarse la misma prenda.
Existen excepciones puntuales (bodas de última hora y primeras citas) que quizás abordemos en otro momento.

3. La tocapelotas.
Supongo que no es necesario diseccionar a la más odiada de las mujeres.
¿Quién no ha sufrido alguna vez a una tocapelotas?
Existe un matiz, sin embargo, que convierte nuestro desprecio en odio y en katanas y en Bill Duke arrasando el puto Zara con todas las tocapelotas dentro.
La tocapelotas es una jodida indecisa.
La tocapelotas, esta vez sí, arrastra al imbécil de su novio a pasar “una agradable tarde compras” y al final de la tarde, tras muchos probadores y muchos mosqueos (“no te implicas, Luis”) y muchas gotas de sudor después… No se compra nada!!!!

4. La alternativa.
La línea que separa a una alternativa de una asquerosa rojilla es fina. Muy fina, amigos.
La alternativa no soporta los centros comerciales ni la insoportable música de Bershka.
La alternativa es feliz en mercadillos de segunda mano. Rebuscando entre montones de mierda ropa antigua.
Y su Santo Grial es esa prenda tan chic que podría haber llevado tu abuela y que tan bien le queda a la zorra de Sienna Miller.
Nothing to say.
Nuestra alternativa sueña con Portobello Market, con Édith Piaf y con Lost in translation.
Si además sabe quien es Mazzuchelli, le gusta Nintendo y tiene un buen culo no se a qué diantres esperas a pedir su mano.
Capullo

5. La masculina.
No se equivoquen.
La masculina puede tener las curvas de Kylie Minogue y la voz de Christian Castro.
No van por ahí los tiros.
A nuestra chica (broma fácil, vale) sencillamente, no le gusta ir de compras.
Para ella vestirse es una necesidad como para tí lavarte los dientes o ducharte por las mañanas (a no ser que seas un puto maricón, claro).
La masculina opina que la feminidad no se mide en el fondo de armario.
Un proceso deductivo similar al de ese mamón que dijo que la masculinidad no se mide por el número de películas de acción (Hostias como panes) que ha visto un hombre.

ferran_adria
Es divertido hablar de gastronomía.
¿Quieren bronca en el debate de la sobremesa?
Claro que la quieren.
Olvídense entonces de la autodeterminación de Navarra, de los toros, de si Keira Knightley es anoréxica, del aburrido cine de Kiarostami o de medir hasta donde pueden caer de bajo U2.

Nouvelle cuisine. Pura carnaza, oigan.
Esta historia comienza una mañana cualquiera, desayunando un capuccino cualquiera y leyendo la siguiente perla en labios Vivianne Loría, editora de la sesuda revista de arte Lápiz:
- “Adriá puede saber mucho de cocina, pero arte bien poco”

Cáspitas.
¿Será posible que hasta ahora haya estado cegado por mi amor a los fogones y me la hayan metido doblada? (artísticamente doblada, quiero decir)
Vale que quizás lo que ha hecho Ferrán Adriá en Documenta 12 de Kassel (como Arco pero en tierras bárbaras) no era lo que esperábamos.
Pero de ahí a que el «mejor cocinero del mundo» sea un mercachifles hay un largo camino, señora.

- “¿Existe un arte culinario ? Quizás
Quizás, escribe orgullosa la altiva señorita Loría.
Quizás tengas razón, maldita sea.
Quizás ni Adriá, ni David Bowie ni Hideo Kojima tengan derecho a una puta línea en tu influyente revista de arte.

O quizás te equivocas tú, porque quizás hace 45 años una estrecha señorita como tú llevaba corsé y gafas de pasta puntiguadas y se cagaba en esa cosa que le puso un puto gabacho en su sala de exposiciones:
- ¿Un water en mi exposición?. Ese Duchamp sabrá mucho de atizarse opio, pero de arte, poco. Putos hippies*.

¿Conclusión?:
- “Al buen sordo, pedo gordo”

Crueles intenciones es una puta mierda de versión Cosmo y descafeinada de esa obra maestra que es Las amistades peligrosas.
Pero no pretendía hablar de la gorda de Sarah Michelle Gellar.

crueles_intenciones

Propósitos para el nuevo curso.
La intención, el objeto y la dinámica del blog va a ser la misma:
Habitualmente me siento para hablar de algo muy concreto (p.e. la mierda de libro que es La sombra del viento) y a partir de ahí desvarío hacia sitios insospechados sin ningún control ni creo intención.
Ninguna intención que no sea, claro, divertirme, ciscarme en la puta madre de quien me apetezca y de paso mandar a tomar por culo a la malfollada de mi exloquera.
Solo un apunte, para despistadas:
Yo, como mi adorada Bestiaria, también maldigo a los que no diferencian a la persona y al personaje.

En cuanto a los propósitos:
· Esto se va a recrudecer.
Avisadas quedan.

· Quiero hacer algún cambio en cuanto al diseño.
Maldita sea, para algo se supone que es el mejor diseño de blog del 2007 (jódete Abuse*).
El problema es que no tengo tiempo ni ganas.
Supongo que terminará transmutando en algún tipo de magazine hedonista y decadente.

· Quiero escribir más de las cosas que ahora más me obsesionan:
vino, gastronomía y categorizar a la gente basándome en clichés absurdos e infantiles.
Ya que me gasto todos los cuartos en Baco al menos darme el gusto de ajustar cuentas con los restaurantes donde no te corres cuando pasan el cepillo.

· Publicidad. El debate de la publicidad en los blogs es ridículo.
A mi me parece estupendo lo que hicieron en Microsiervos.
Ni traición a un supuesto ideal de cultura libre ni principios ni hostias. Hay mucho nerd con ínfulas de Braveheart, me temo.
La verdad es que si no he puesto publicidad es por la sencilla razón de que los enlaces de Adsense son feos de cojones. Pero anda que no iba a ser yo feliz con un pedazo de banner de Alange-soehne o Goyard.
Los pelos como escarpias, sólo de pensarlo.
Así que publicidad por ahora no. Pero si buscan principios e ideales de libertad y cielos azules mejor háganlo en otra parte.

Por cierto.
Bienvenidos.