José Tomás y el trilero de Dylan
29 junio 2007 | Razones | 23 Comentarios
* (Este post también aparece publicado en Elpais.com. En la sección de bloggers invitados)

Escribe Ray Loriga que de Bob Dylan todo el mundo sabe algo y de Bob Dylan nadie sabe nada.
“Dentro de cada ignorante hay un fan de Bob Dylan por salir”.
Supongo que Dylan es, para muchos, qué coño, para todos los que coleccionaban vinilos y soñaban con Bowie algo trascendente. Mágico. Y no sólo el fulano que escribía las letras.
Supongo que en el fondo todos necesitamos creer en algo y Dylan es tan buen ejemplo como cualquier otro. Qué carajo, es mucho mejor ejemplo.
Necesitamos mitos como necesitamos espejos o calcetines o princesas.
Necesitamos preguntas porque no tenemos respuestas. Ninguna. Sólo dudas. Y bien sabe Dios (o Dylan o José Tomás o Mizoguchi o Alan Moore o quien les apetezca) que ya es bastante con tener dudas.
Es mucho más cómodo tener certezas. La duda es incómoda y molesta como esa mesa del bar que no cojea lo suficiente como para cambiar de mesa pero sí lo bastante como para tocarte las pelotas.
Necesitamos preguntas y Dylan nos la regala en cada verso como José Tomás lo hace en cada faena.
El que ha vuelto es un misterio y misterio es lo que buscamos.
El otro día, en el ruedo, en los ojos de quien esperaba (esperábamos) respuestas me pareció ver lo mismo que ví en los ojos de C. hace algunos años, cuando perseguías a Dylan por las carreteras de esta España hipócrita y previsible.
Tú buscabas respuestas en Dylan como yo lo hago con José Tomás y eso quizás nos alejó un poco. Lo suficiente como para que no leas esto.
A lo mejor no era tan diferente la línea que nos separaba.
¿Qué coño quería Danny Zuko?
24 junio 2007 | Cine, Psicología | 34 Comentarios

Grease es una puta mierda.
Por mucho que Lucía Etxebarría la vista de icono generacional.
Y a pesar de que Alaska también lo haga.
Porque las cosas son así, queridas lectoras.
Lucía Etxebarría no mola. Alaska mola.
Así de fácil.
Pero bajo esa capa de película ñoña estilo Antena 3 despuésdecomerundomingoporlatardebasadaenhechosreales late una pulsión sociosentimental la hostia de interesante.
¿Danny Zuko prefería en el fondo a una golfa?
¿Acaso es verdadera la leyenda Preysler putaenlacamayseñoraenelsalón?
Durante eones, Rizzo (¿quién no ha conocido a una Rizzo?) ha lamentado su rol en este juego. Ellos quieren a Rizzo para echar un polvo un jueves por la noche, pero para ir el domingo por la tarde a Kinépolis prefieren a Sandy.
Triste. I know. Pero también es triste comprar “fondo de armario” en Blanco y no por eso deja de ser cierto.
Grease plantea, en su absurdo clímax, una vía intermedia: Sandy convertida en Rizzo. Grace Kelly con látigo y cuero. La futura madre de tus hijos, antes casta y dulce como una balada de Álex Ubago transformada, por obra y gracia de la laca y lasganasdetenernovio, en Jenna Jameson.
Opción 1: Danny quiere a Sandy con coletas
Travolta es un hombre. Y como tal, siente la presión de sus colegas.
Y, queridas lectoras, esa presión es infinita e insoportable. Nunca subestiméis el poder de esa presión.
Danny quiere a Sandy como es. Pizpireta, inocente, feliz y estrecha.
Opción 1: Danny quiere a Sandy dominatrix
Vale. Mola rescatar a una princesa y sentir que eres un poco Russell Crowe.
Mola sentir que el destino te ha elegido a tí, querido lector, para proteger a esa pija frágil e indefensa.
Pero joder, acaba siendo un coñazo.
Una mentira más. Res non verba
19 junio 2007 | Razones | 22 Comentarios

A veces es necesario.
Recoger los bártulos y volver a la comarca.
Volver a tu agujero. Donde tú eras pequeño y tus sueños eran grandes. Enormes. Imposibles como un fotograma de Gondry.
A veces es necesario aprender a bajar la cabeza. Aprender a dejar de mirar sólo a través de ti mismo.
Aprender a quedarse tras la barrera y ver que estás muy lejos. Que eres muy grande y que lo que era enorme ahora es pequeño, fácil y asquerosamente posible.
Res non verba. Hechos, no palabras.
Las palabras no se las lleva el viento, maldita sea.
En el nº 6 de Nausicaä {esa jodida y rotunda obra maestra de Hayao Miyazaki} la dama del viento aprende una verdad dolorosa: vivir significa cambiar.
“Hechos, no palabras”. Suena homérico y verdadero. Suena como debían sonar los pasos de tus Ferragamo a través del suelo del bar donde le dejaste.
Pero no es cierto, joder.
La dictadura de los hechos es previsible, injusta y sobre todo, aburrida. Muy aburrida.
Hace demasiado tiempo que sólo importa lo que haces.
Debe ser una putada.
Acabar siendo lo que pareces.
Los combates cotidianos: la culpa
15 junio 2007 | Literatura, Psicología | 14 Comentarios

“Quiero a mis padres, naturalmente… Pero nuestra relación ha sido un completo fracaso.
Al psico le gustaba que le hablara de mi infancia. De mis padres… Para él, era como una compulsión…
Pero no había gran cosa que decir.
Sencillamente, nunca nos entendimos.
Durante mucho tiempo pensé que era grave, que era la “fuente” de mis angustias. Estuve muy resentido con mis padres.
Hasta que comprendí que mi infancia no habia sido sino un malentendido…
Y de ese malentendido no puede culparse a nadie…
Quizás el psicoanálisis me llevó a esa conclusión:
Dejar de buscar responsabilidades hace que los problemas se vuelvan apasionantes.”
La culpa. Excusas y otras historias.
El cómic de Lacernet, como todas las grandes pequeñas cosas, se presenta apasionante. Tiempo habrá para hablar de él.
Antes, en la página 13, ha aparecido un tema como aparecen las decepciones o los “amigos especiales”. Sin avisar. Por la espalda. Ante tempus.
La culpa. Es curioso ver cómo reaccionamos las personas ante los sentimientos de culpa:
Tipología 1. La culpa la tiene siempre otro.
Me apuesto mi primera edición del nº 1 de Spideman firmado por Stan Lee a que todo el mundo conoce a alguien así.
El típico fulano que se pasa el dia culpando a los demás por algo.
Siempre. Todo lo que ocurre a tu alrededor. Siempre es culpa de alguien.
De alguien que, curiosamente, nunca eres tú.
No me jodas.
Tipología 2. La culpa siempre es tuya.
El mundo gira a tu alrededor. Pobre niña.
No importa lo que pase. Todo es culpa tuya.
Esa frase que no dijiste. Ese gesto de más. Ese número que no marcaste.
Todo el universo forma parte de una complicada ecuación de proporciones fractales cuyo epicentro es, oh yeah, tú.
Galactus es un actor de segunda a tu lado.
Aquí tu eres la protagonista. El resto de pringados a veces tomamos decisiones, vale. Pero en el fondo lo hacemos por algo que tiene que ver contigo.
No me jodas.
Existen muchas más tipologías, claro que sí.
Pero coincidarán conmigo en que son infinitamente más aburridas.
Blanco y negro, amigos.
Que le den por culo a los matices.
Festivales de cine, Starlets y mojitos
11 junio 2007 | Cine | 10 Comentarios

Días de El Festival de Cine de Comedia de Peñíscola.
Estilo Boyero, you know.
Con menos prosa y más prejuicios, tienen ustedes razón.
Días de angulares, Gin Fizz, langostas y Chardonnay de Saint Veran.
Peñíscola es ese pueblo con mar (y bares abiertos) donde hace 50 años Berlanga dibujó en la arena lo que más tememos en esta España camisa blanca de nuestra esperanza: que somos lo que parecemos.
Recuerdo una conversación (real, si mis neuronas y el Xoriguer no me engañaron) entre un director de cine y una azafata. Genial. Berlanga en estado puro:
· Hola, me encantan tus películas.
· Sí, ¿en serio? Ya me había fijado en tí hace un rato.
· ¿Ah si? No me diga usted eso…
· Si, de hecho creo que puedes servir para un papel que tengo pensado.
· ¿En serio? La verdad es que me encantaría ser actriz…
· Dame tu teléfono, guapa.
“Todo cambia, nada permanece”. No tienes ni puta idea, Heráclito.
Viviste poco y mal y mordiste mucha almohada, me temo.
Se “mantenía alejado de la multitud”, decían de tí. Como un jodido gafapasta o un tertuliano de Garci. De los que hablan mucho y follan poco.
Me temo que te hicieron falta más barras de bar.
Más errores, resacas y amaneceres.
Más portazos. Más traiciones y mentiras. De esas que nos creemos los que pagamos la cuenta al salir.
Entonces sabrías que te equivocas.
Sabrías que el mecanismo que mueve a las personas es siempre el mismo.
Que esta mala obra de teatro ya la hemos representado. Miles de veces.
Albricias, cada día lo hacemos.
Sabrías que los tiempos no están cambiando.
Que Dylan acabó cantando para el Papa.
Que nadie escuchó la llamada y que, maldita sea, el último nunca terminó el primero.
¿Qué cojones quiere Rick Blaine?
07 junio 2007 | Cine, Psicología | 28 Comentarios

Sigamos con las grandes preguntas.
Las conclusiones sobre “¿A quien cojones quiere Scarlett O´Hara?” han sido escalofriantes: la mayoría de lectoras de este humilde blog piensan que en el fondo Scarlett es sólo una zorra egoísta.
Quid pro quo.
Casablanca nunca me pareció romántica.
No me jodan, no acaban juntos.
Y ni él se ahoga ni ella muere abandonada en una cueva esperando a que él regrese, así que no me vengan con monsergas ni con “siempre nos quedará París”. Pájaro viejo no entra en jaula.
Romanticismo es “Un tranvía llamado deseo” o “Eternal sunshine”, no esa mierda sobrevalorada.
Vale.
No es una mierda. Pero está sobrevalorada, pardiez. Como Serrat o “Mujeres al borde de un ataque de nervios”.
La puta nostalgia malinterpretada.
¿Por qué mierdas no acaban juntos?
Está claro que quien aquí tiene la sartén por el mango es Rick. Y no me vengan ahora con el rollo de:
· “No, no, gsus, de verdad, lo dejamos a medias. Es lo que los dos queríamos…”.
JA.
A otro perro con ese hueso.
Una pareja. Dos personas. Uno está jodido y el otro va cómodamente sentado en el carro, disfrutando de las vistas y viendo como tu partenaire se estrella contra el burladero. Una y otra vez. A veces te sabe mal y todo. Pobrecito, cuánto me quiere.
Sopesemos las opciones:
Opción 1: Rick es un pedazo de cabrón
No cuela el rollo héroe a estas alturas, Boggie.
Rick ya tiene lo que quería. Se la cepilló bien en París. Bebieron Petrus y contaron gatos en los tejados.
Pero no es suficiente.
Quieres saber que, cuando se folle a Lazso los sábados por la tarde, se acuerda de tí y de por qué aúllan los gatos.
No quieres a Ilsa.
Quieres saber que, si quisieras, podrías tenerla.
Opcion 2: Rick la quiere
El amor es sacrificio.
Rick la deja ir porque la quiere y porque, maldita sea, es lo correcto.
Es un perdedor pero aún guarda ese pequeño rincón.
Como Andrés Faulques o Corto Maltesse o el viejo duque. Un hombre de otra época.
Un héroe solitario.
De los que creían en revoluciones y mujeres sinceras.
Acabado, viejo y aburrido pero con valores, cojones. Aquí lucho, aquí muero.
Ya saben, la vieja escuela:
De mi casilla, querida, no me va a mover ni mi puta madre.
Hagan juego.







