Nada Importa en: TwitterFriendFeedFacebook

vanityfair
Al grano.
A partir de ya Nada importa pasa a formar parte del nuevo portal de Condé Net dedicado al “hombre de hoy“.
El “hombre de hoy“, manda pelotas. Un día tenemos que sentarnos a hablar ustedes y yo, avispadas alumnas, sobre qué mierdas significa eso de “hombre de hoy“. Pero hoy no es ese día.
Resumiendo:
El portal es Menstyle.es.
La dirección del blog, http://blogs.menstyle.es/nadaimporta/.
La suscripción vía RSS, http://blogs.menstyle.es/nadaimporta/?feed=rss2.
En breve se redireccionará el dominio principal, cuando estén solucionados los temas de estilos, hemeroteca y demás minucias técnicas responsabilidad de informáticos.

El resto seguirá igual.
Vino. Cocktails. Tendencias. Hedonismo. Savoir faire. Mesa, puro y mantel. Platos rotos, portazos y reproches.

Razones.
Tengo precio, así que no gasten tecla por esa senda.
No obstante, existían muchas otras amables propuestas en las que me había cagado con mayor o menor énfasis.
¿Por qué ahora es diferente?
Condé Nast mola. Así de sencillo. Mola Vanity Fair y Rania de Jordania y Mr. Jonathan Newhouse y Lapo Elkman y Anne Wintour y Nico y el crujido de los hielos y la luz de Michael Mann. Demonios, ya me entienden.

¿Más razones?
1· No me jodan. Tiene su gracia que esas cenas que tanto irritan a lectoras de cuello alto y mente estrecha las paguen, al final del camino, mis adorables enemigas íntimas. El mundo es un lugar deliciosamente cruel.

2· Fiestas de GQ. Vogue. Glamour. Supongo que no tengo que explicar este punto.

Si vis pacem, para bellum. Arrieros somos, queridas lectoras.
Dios es una furcia de mucho cuidado.
Lo imagino borracho hasta las trancas aporreando tambores en Calanda o haciéndose rayas con Caronte mientras disfrutan de la Tomatina en sus sillones de cuero. De la Tomatina, de una quedada de bloggers o de un crucero de singles, pongan el ejemplo más vergonzoso que gusten.

Lo digo porque lo más probable es que algún día acabe tragándome cada palabra que escupo. Cada punto y cada coma.
Lo más probable es que el arriba firmante acabe bajando la basura y preparando el desayuno de cualquier periodistucha con ínfulas de Carine Roitfeld. Así de rebuscado y cabrón debe ser el de la barba blanca y cartas marcadas.
Hasta entonces, cuchillo en los dientes.

Imagino que vendrán nuevos invitados.
Imagino, incluso, que algunos seguiréis frecuentando esta casa de golfos y Gin tonics.
Imagino que otros no.
Sin problemas, amigos, me encantan las despedidas.
Y aquí paz y después gloria y “ha sido un placer” y toda esa cháchara hipócrita que nadie cree pero todos largamos.

cena
Parejitas y olor a Napalm.
Algunos sábados por la noche, hinchado de paz espiritual y cubitera sin hielos, me gusta recorrer el camino que lleva mis pasos hasta el Opencor y paladear todos esos pequeños matices que esconden las relaciones sociales. En serio, Bioparc es infinitamente más aburrido.
Verán, en dicha ronda paso por delante de cuatro restaurantes de la misma calaña: Sorsi e Morsi, Babilonia 6, Sushi Club, 43.
Ya saben, decoración minimalista, platos escogidos y personal del rollo.
Traducción para despistadas: sillas de mierda de Ikea, manteles de plástico, carta ridícula, un chef rapado con ínfulas de Quique Dacosta y niñatos ineptos hasta los cojones de servir platos porque, lo que ellos en realidad sueñan es, no sé, cotizar en bolsa o montar un locutorio familiar y cuco. Ya me entienden.
La cuestión es que estos restaurantes tienen ventanales enormes (sí, además de sacarte la pasta enseñan las tetas de tu novia a todo el barrio) con lo cual el arriba citado paseo se convierte en un episodio barato de Discovery Channel.
Y sin duda, una de las escenas mas geniales son las cenas entre dos o tres parejitas.
Analicemos a los contenientes.

· Novio graciosete™.
Siempre hay un puto listillo en todas partes.
El graciosete ocupa su trono central desde el minuto uno. De hecho lo más probable es que haya elegido el restaurante y reservado la mesa.
El graciosete está atento a todas las conversaciones, ríe, cuenta chistes, bebe cerveza, habla condenadamente alto, te abraza y abraza a toda la humanidad, si se tercia.
Este capullo es un especialista versado en todas las materias que puedan imaginar: Fórmula 1, enología, cocina, viajes, política, cine, música. Realmente no importa si ha estado o no en La India o en Badajoz, siempre tiene un puto primo que sí ha estado y que le ayuda a hacerse su composición de lugar.
Él, todo un letrado.
Pero hay veces, queridas lectoras, en que Dios tiene un extraño sentido de la justicia. Me refiero a esas veces en que la vida y el vodka traen a tu lecho una señorita con novio y tú, que eres un caballero, preguntas por él por aquello de la educación y conversar y tal. Y resulta que el protagonista es casi siempre el graciosete.
Me gustaría ver entonces tu cara de listillo.

· Novio en las nubes™.
El novio apartado tiene esa torcida expresión de “¿qué cojones hago aquí?“.
Ríe como puede algunos chistes del graciosete y soporta con el temple de un encastado de El Pilar los vanos intentos de su novia por integrarlo.
Esto es genial.
· ¿Qué te pasa, Raúl?
· Nada, Natalia.
· Estás muy serio. Si preferías no venir podrías haberlo dicho.
· ¿Qué parte de la frase “no me apetece” no entendiste?
· Contigo siempre es igual. Eres un egoísta. Con las veces que yo me sacrifico por tí, ¿tanto te cuesta hacer algo por mí?
· Ah. Entonces la cara de asco que tenías en la tienda de cómics no eran migrañas, ¿no?
· añslkdpmasdfsa!!!

· Novia amazona™ (a.k.a tocapelotas).
La amazona no lleva coraza y hacha. Pero casi.
La amazona siempre. Siempre. Siempre opina lo contrario que tú. Fuerza los debates hasta retorcerte los cojones y tú, que eres un puto maestro zen, miras el tenedor como quien otea una peligrosa arma mortal.
En este punto siempre aparece el jodido novio calzonazos a defender a su princesa.
Como para no hacerlo, ¿verdad?
Cuando la novia amazona se enreda con otra novia de la mesa… Dios.
Aquí es donde realmente empieza la diversión.

· Posible amiga de novia™.
La mente de un hombre es un mecanismo sencillo con un péndulo.
Por ejemplo.
Vemos una mujer de caderas anchas y tobillos finos: imaginamos inviernos cálidos y a nuestros futuros hijos espigados como elfos.
Vemos una cena de parejas y una acoplada: imaginamos una treintañera casadera, insoportable, lectora del Cuore y fan de Luis Miguel.
La imaginamos sudando en la clase de spinning, empezando un nuevo régimen cada mes impar y vagando por Zara como alma en pena.
Y un corazón enorme, eso sí.

· El “nota”™.
El “nota está de paso. Realmente se la suda la cena, se la sudas tú y especialmente se la suda la posible bronca de la parienta camino a casa.
El nota se recuesta en la silla, se rasca la barriga y piensa “qué demonios, ya que estoy aquí…“.
Así que pide otra ronda, analiza con cierto disimulo las tetas ajenas y saluda con resignación a través del cristal al fulano que vuelve con una bolsa de Opencor.

dean_martin
Para qué engañarnos.
Estaba deseando que llegara este mail. He esperado paciente como una puta, he leído a Osho, he comido hummus y me he cagado en los muertos de U2.
Y hoy, al fin, ha llegado a mi bandeja de entrada.

· “Hola, g.
Hasta ahora no me había atrevido a mandarte este mail, pero al fin y al cabo, de perdidos al río.
Llevo cuatro años con mi chico, y desde hace seis meses las cosas van de mal en peor por culpa de las “cenitas” con sus amigos. No lo entiendo, ¿qué les dais en esas cenas?
He actuado demasiado tiempo como la paciente novia que entiende que él tiene su espacio y yo el mío, pero me empiezo a plantear si realmente nuestra relación se ha convertido en un segundo plato.
No seas muy duro,
Un beso, C.

Escucha atentamente, querida C.
Y voy a explicártelo sinceramente, sin tratar de lacrar tu ego ni engolar el mío. Ambos, me temo, no necesitamos más ni de lo uno ni lo otro.

No prefiere a sus amigos.
Espera.
No abras todavía la botella de cava de mierda de la cesta de navidad.
El problema no son sus amigos. El problema, querida, eres tú.

Me estoy imaginando la conversación.
Y no, no lo conozco, pero es que, querida C, todas las conversaciones son la misma conversación.

· Otra vez sales este viernes, A?
· Sí, C, es que el sábado Nacho se va a Londres y vamos a despedirlo.
· Me prometiste que este viernes haríamos algo juntos.
· Tenemos muchos viernes, C.
· Eso dices todos los viernes.
· No empecemos otra vez, joder. Hemos hablado esto un millón de veces.
· Un millón de veces sin que cambie nada.
· Yo necesito mi espacio, C. A mis amigos y tener otras cosas además de tí. No tiene nada que ver con que yo te quiera más o menos.
· ¿Y lo que yo necesito?

La puta necesidad.
Se supone que necesitamos comer. Necesitamos respirar y necesitamos dormir.
¿Qué cojones tienen que ver los planes de un puto viernes con lo que necesitamos?

Querida C, me preguntas si realmente prefiere estar con sus amigos. Me preguntas si es cierto que necesitamos un espacio y si haces bien dándoselo a costa de tus sueños.
Me preguntas si merece la pena sacrificar lo que tú esperabas que iba a ser. Si has de poner el culo porque, total, todas lo hacen. Las cosas no son como tú soñabas, así que mejor somos prácticos y dejamos los sueños atrás, junto con las cintas de Mecano y Flashdance.

No. No prefiere a sus amigos.
Somos hombres, recuerda. No busques retorcidas tramas escondidas en nuestro hemisferio izquierdo.
Dos opciones.
A · Cenar con sus amigos, emborracharse, reírse, olvidarse de que, a veces, el mundo es una mierda y recordar que también, a veces, merece la pena levantarse por la mañana.
B · Cenar contigo, escuchar lo jodida que estás en tu trabajo y lo mal que te cae la zorra chica que se está cepillando tu mejor amigo. Esa de la que tu mejor amigo habla con brillo en los ojos. Esa que viste, según tus palabras, como una cualquiera.
Esa que, al menos, hace sentir vivo a quien tiene delante.

Dos opciones.
Una es mejor.
Así de sencillo, C.
Ahora puedes hablarme de los cuatro años que lleváis juntos, de que las cosas no siempre fueron así, de que estás cansada y de que no puedes, todos los viernes, estrenar una sonrisa y un conjunto de Women Secret .
Pero es que yo, querida C. en el fondo pienso como tú.

Sólo importa este viernes, ¿recuerdas?

geminis
Las géminis son raras de cojones, por Nada importa.
Un apunte, para despistadas.
Hoy es un buen día.
Hace un sol de mil demonios y en la cubitera reposa Chenin Blanc del Loira.
Así que no tengo ninguna maldita intención de abrir ese mail de asunto poco elegante. “Te mereces lo que escribes, jodidlkñasñdl“.
Ni ese ni los demás.
Buscaros un novio o un hobby* o algo.

Raras de cojones, decía.
Raras porque no son sólo géminis, además son mujeres.
Raras porque cuando crees que conoces las cartas que tiene y doblas apuesta con tu full de mierda te planta un repóker en la mesa. A tí. Que gritabas farruco aquello de “pájaro viejo no entra en jaula“.
Dos tazas.

Las géminis son inmaduras. Jaraneras. Ingenuas.
De alguna manera parece que nada va con ellas. Que ellas sólo pasaban por allí.
Son un signo de aire y eso es exactamente lo que parecen.
Aire.
Follan desde la inconsciencia y la inmadurez. Y en serio, no se me ocurre un lugar mejor desde el que hacerlo.
La madurez, como tantas otras cosas, está terriblemente sobrevalorada.
Un día son capaces de follarte como nunca lo han hecho en tu vida y otro de aburrirte más que en una sesión continua de Godard.
Cepillarte una géminis es como esperar a Curro Romero cada tarde.
· Vale, seguramente no… pero.. ¿y si hoy es ese día?

El puto centro de atención. Atenea. Son vitales y comunicativas y siempre tienes la extraña sensación de que va dos pasos por delante de tí.
Pero no es así.
Simplemente no está jugando tu partida, egocéntrico de mierda.
Sino la suya.

Recomendaciones vinícolas para una Géminis, por Juan Ferrer Espinosa · Enópata.
Las géminis son saltarinas, joviales, divertidas, parlanchinas, rebeldes (en la post-pubertad), desenfadadas, irresponsables (siempre), casi alocadas, mentirosas, mimosas e infantiles, su síndrome de Peter Pan crece día a día; todo esto para un rato puede tener su encanto, no lo niego, pero compartir una vida con ellas, se hace cansino, pues suelen padecer fuertes depresiones y son indudablemente esquizo-afectivas.

Pero ¡ojo!, hay algunas que son putas locas adorables.

Lo que más me gusta de ellas es esa marcada tendencia a llevar ropa interior naif, de colores primarios (parchís dirían ellas con cierto desdén) es decir de Custo, Pluto o Mickey. Algo candoroso e infantil, que suele ocultar pezones pequeños y pubis sabrosos.
Este perfil tan concreto de niña (a las géminis no se les puede llamar con propiedad mujeres), les hace proclives a un tipo de vinos muy determinado, que se parece en parte a su marcada personalidad.

Petrus sin duda (y aunque no lo hayan probado nunca) es su vino favorito, no en vano dos celebérrimos géminis (John Fitzgerald Kennedy y Marilyn Monroe) lo bebieron sin descanso, casi con desesperación y le contagiaron irremediablemente su fama.
Petrus es un mito, y como tal, casi inalcanzable, además de obscenamente caro, por otra parte, la actual “desaceleración acelerada” aconseja prudencia con la leña, así que trataremos de sugerir otros vinos más terrenales, que nuestros queridos lectores puedan comprar sin recurrir a una imposible rehipoteca, ya que los bancos están en plan cabrón.

Como decía, los vinos aconsejables para “empujar” a una géminis son muy concretos, son de esos que una persona madura y prudente llamaría “fáciles de beber”, pero que a una géminis le parecen el súmmum de la complejidad; quiero decir, deben ser vinos alegres y joviales ¿cómo ellas?:

Bava Moscato d´Asti
es una buena elección, es un vino naif y jovial, de apenas 5 grados, elaborado en el Piamonte por una de las bodegas más respetables. Es como beber fruta, pero con un poquito de burbujitas. Apropiado para géminis pubescentes.

Si por el contrario nos encontramos ante una géminis talludita, se impone un Champagne blanc de blancs (su candidez natural les impediría poder apreciar un blanc de noirs), un Frank Bonville 2002 haría sus delicias y nos las prepararía irremediablemente.

Las géminis más serias, ¿existen?, sin duda se inclinarían por tomar un Tinto, en ese caso, deberá ser poco ácido, amable, de baja graduación y muy frutal, estos parámetros nos abocan a escoger un Pomerol joven, elaborado con Merlot (igual que Petrus), un Chateau Samion sería adecuado, sobre todo si lo tomamos algo fresquito y acompañado de chicha.

Por último, si nos encontramos con una géminis especialmente romántica y soñadora, y estamos fuera de las horas de comida o cena, debemos sorprenderlas con un vino dulce, un dulce blanco, afectado por la mágica podredumbre noble, que prolifera en las riberas del Layon en el Valle del Loira, sin duda escogería un Domaine Ogereau Clos des Bonnes Blanches, a sabiendas que la géminis no va a captar su soberbia elegancia ni su insondable profundidad olfativa, pero ante un vino así, ¿Qué más da? nada importa…

Me gustan las historias de perdedores.
Esas que saben a Bourbon. A piel ajada y madera.
Esas que imaginamos cargadas de humo y remordimientos. A otra muesca en el revólver. La última.
Me gustan porque una vez jugaron a ganar. Pero perdieron.

Ellos, al menos, jugaron.

Todo es ahora.
Perdieron. Y ya sólo queda el pasado.
Y vivir en el pasado no es una opción para quien vive aquí. Ahora.
Y pide otra carta y dobla la apuesta. Y paga otra ronda. Otra pregunta. Otra mentira, otra disculpa y otra cuenta pendiente porque, maldita sea, a la vida hay que follársela sin compasión“.

leaving_las_vegas
1 · Leaving las Vegas.
Olviden “Descalzos por el parque” o “Pretty Woman“.
Esta es LA historia de amor. De la pérdida y de no tener ningún motivo para seguir. Quizás sólo escucharte. De saber que estar enamorado no es abandonar tu casa sino volver a ella.
Me preguntan infinidad de veces por mujeres recomendables.
Aquí tienen una.
Sera.
Sera lo ha perdido todo. Y no quiere jugar. Ni encontrarse. Ni buscar respuestas ni inventar preguntas. No quiere llorar ni vivir otras vidas.
Sólo la suya.

atlantic_city
2 · Atlantic City.
La obra maestra de Louis Malle y el Principe di Salina.
No conozco una película que retrate mejor la soledad.
No sé cuantas veces he visto a Lou Pascal andar por la playa. Aguantando el tipo. Mirando de frente. Sin esperanzas ni ases en la manga ni vacaciones en París.
Sólo dignidad.

buscavidas
3 · El buscavidas.
Eddie Felson, ese virtuoso del billar que no sabe beber, ese genio arrogante que tendrá que sufrir el templado e implacable machaqueo del Gordo de Minnesota, el suicidio de esa borracha coja que intenta convencerle de que un artista jamás es un perdedor, la necesidad de la redención para sobrevivir en el infierno. Y a partir de ese momento sublime, entre humo, resaca, tormento, peligro, desolación, Newman encarna la dignidad.
“Dime Bert: ¿Cómo puedo perder? Ya sé lo que es tener carácter”
.
Para qué decir más, si Boyero ya lo dice todo.

deseo
4 · Un tranvía llamado deseo.
Esta lista sin Tenesse Williams no tendría una mierda de sentido.
Leer al marica sureño es enfrentarse con una parte de nosotros mismo que no es cómoda ni complaciente.
Tennessee Williams murió a los 71 años, solo, en una habitación de hotel, al atragantarse con la tapa de un bote de pastillas.
Pero antes dejó un legado de dolor, deseo, vida y alcohol.
Sin embargo, hoy no hablaremos de Stanley Kowalsky.
Hoy resuena la voz mustia de Blanche DuBois.
De los sueños que ya no serán.

una historia verdadera
5 · Una historia verdadera.
Richard Farnsworth se suicidó hace ocho años pegándose un tiro en su rancho de Nuevo México con una escopeta de caza.
Meses después ganó el Oscar.
Nadie mejor que Lynch ha retratado la belleza de lo imperfecto, las esquinas dobladas, la obsesión y esa hora maldita
en que los bares a punto están de cerrar
.
Sin embargo, aquí no hay casinos. No hay dry martinis ni anillos de compromiso en casas de apuestas.
Quizás sea buena idea acabar aquí.
Con Richard Farnsworth. Un perdedor que cruza en su tractor el país en un viaje para recuperar a su hermano y tal vez a sí mismo.
Un viaje de redención y verdad en el que descubre que, al final del camino, quizás ha ganado la partida.

Un deseo que nacía de una idea profundamente arraigada en lo más íntimo de mi ser: la importancia del viaje debía medirse por el miedo que me causaba emprenderlo

Lo escupió el viejo Mailer unos años antes de clavarle un cortaplumas a su mujer por decirle, la muy puta, que era maricón. Eso no está bien.
Bueno, por eso y por las tres botellas de Bourbon que se enchufó el pequeño cabrón.

Viajar es un coñazo.
Y también es uno de los mejores placeres que nos quedan.
Supongo que depende de muchas cosas.
Supongo que en el fondo importa una mierda donde vayas. Sino quien vaya. Y si eres un coñazo el viaje será un coñazo.
Viajar es olvidar. Es volver a empezar. Es huir hacia el único sitio donde merece la pena huir. Hacia adelante.
Viajar es callejear. Perderte. Rescatar momentos que serán recuerdos. Que serán boyas a las que aferrarte cuando el resto sea gris y los silencios reproches.
Y al final, no quedan más que los besos que dimos.

Una ciudad un día.
O todo o nada.
Ni agencias ni monedas ni fuentes ni fotos.
Hacer una foto no es guardar un momento. Es perderlo.
Un breviario para cada ciudad. 24 horas. Ni una más. Un día perfecto. Las tascas, copas, vinos, cafés, librerías, mesas y sombras que nos reconcilian con nosotros mismos.
Abrimos fuego a mitad de camino entre el infierno y el cielo…
Rompemos la baraja con Madrid:

madrid

· Desayuno en Café Gijón.
Café con leche, croissant, zumo de naranja, tostadas con tomate y negro sobre blanco. Del Pozo, Marías, Gistau. Importa un carajo.
Olor a tinta y a papel. Olor a madera a tradición y al sabor de las cosas que no cambian.
Ni maldita la falta que hace.

· Aperitivo en La Latina.
Cruzando por Montera, la calle de las lumis, los chulos y el puto McDonalds de Popy B.
Pisar Madrid y no hincarte un vermú viendo como pasan las horas y los problemas significa perder la mañana y el día y el resto de tu vida, si me apuran.
Por ejemplo en la Taberna Angosta (c/ Mancebos 6). Mesa en terraza, canapé de brandada de bacalao y tostadas con mousse de ave al vino blanco.

· Dry Martini en Café del Nuncio.
Subiendo por Segovia. Cafetería castiza de estampados en rojo muleta y manteles con encaje. Gatos de pañuelo en solapa y el mejor café que he probado en meses.
Ni Nespresso ni Lavazza ni pollas.
Café de grano y propina.

· Callejeo por chueca y Panta-Rhei.
No todo en la vida es hinchar el buche y castigar el hígado. Y si esperan que les lleve a hacer cola en el Prado mejor cambien de canal. A La Netro o a la guía del Trotamundos o a donde les rote.
Sólo tenemos un día.
Y hacer cola es una mierda insoportable para cualquier hedonista que se precie.
Ya puede esperar Sophie Marceau al final de la misma con un Cheval Blanc y los papeles del divorcio. Colas no. Nunca. Las colas son para cajeras de Carrefour y lunas de miel en crucero pagado a plazos. Por el mediterráneo.
Callejeo por chueca y libros en Panta-Rhei.
Cómics para dártelas de interesante y libros para modernos con ínfulas de Terry Richardson.

· Cañas en Malasaña.
Ya saben lo que opino. Y si no lo saben, agárrense los machos.
La cerveza es un mejunje para bárbaros y descerebrados. Que sí, que en el Club del Gourmet venden cerveza y tostadas y negras y demás cháchara.
No obstante, es posible que les acompañe alguien gustoso de joderse una caña (allá ustedes y sus compañías) y esta partida se juega mejor acompañado.
En La Ardosa (c/ Colón 4) tiran las mejores cervezas del reino.

· Cena en el Mercado de la Reina.
Nadie sabe hacer bien una jodida tortilla de patata.
Y mucho menos las madres. Las madres están terriblemente sobrevaloradas como cocineras.
En el Mercado de la Reina (C/ Gran Vía, 12) saben hacerla. Con cebolla caramelizada. Y también saben hacer revuelto de tortilla con chistorra y queso de cabra.
En la planta de abajo, Gin Club y Thelonious Monk de fondo. Cremita.

· Gin Tonics en ME by Melia.
Tanqueray Ten. G-Vine. Martin Millers Westbourne. Hendrick´s. Fever tree.
Un Gin Tonic casi perfecto.
Las mejores vistas de Madrid y la luz de una película de Michael Mann.

Y aquí paz y después gloria.

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